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    Jorgelina Reinoso Niche


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  3. El bädi otomí y su relación con el Presidente, el Patrón o ?el Diablo?, entre los ñühü

El bädi otomí y su relación con el Presidente, el Patrón o “el Diablo”, entre los ñühü
 
The Otomi bädi and his relationship with the President, the Boss, or ‘the Devil,’ among the ñühü

 

Jorgelina Reinoso Niche
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla BUAP

jorgelinareinoso2017@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-6822-7218

 

RESUMEN
Aquí se aborda la relación entre el curandero bädi y el Presidente, “El Diablo” —una mala traducción del otomí—, deidad también conocida como el Patrón, uno de los pilares de la medicina tradicional. El Presidente es la Antigua más importante dentro del panteón religioso otomí y es gran maestro de los curanderos. Esa relación sagrada se presenta durante el estado onírico y en las dos festividades más importantes tanto para los otomíes como para El Patrón: la primera es el Carnaval, ëni, una de las fiestas más esperadas del año, cuyo significado es juego. Para entender la relevancia de esa celebración es necesario remitirse al mito de origen del Carnaval a fin de conocer cómo y por qué nace el Carnaval ñühü. La segunda fiesta que se aborda en este trabajo es un Costumbre organizado en honor al Patrón del Carnaval en la casa de un bädi que recibió el poder de curar.

Palabras clave: Sierra Norte de Puebla, medicina tradicional, chamanismo, Carnaval, Costumbre.

 

ABSTRACT
This article deals with the relationship of the bädi healer with “El Presidente: El Diablo" (“The President: The Devil”, this is a bad translation from Otomí), a deity also known as El Patrón (“The Master”), one of the pillars of traditional medicine. The Antigua El Presidente is the most important one in the Otomí religious pantheon and is the great teacher of healers. This sacred relationship occurs during the dream state and in the two important festivals for both the Otomí people and El Patrón: The Carnival, ëni, one of the most anticipated festivals of the year, whose meaning is “game”. To understand the importance of this festivity, it is necessary to refer to the myth of the Carnival origin, in order to know how and why the ñühü Carnival was born. The second party that is addressed in this work is a Costumbre performed in honor of El Patron of the Carnival in the house of a bädi who received the power to heal.

Keywords: Sierra Norte de Puebla, traditional medicine, shamanism, Carnival, Costumbre.

 

Fecha de recepción: 22 de junio de 2023
Fecha de aprobación: 19 de octubre 2023

 

Introducción

El presente artículo versa sobre la relación entre el curandero bädi, el que sabe, con su maestro, el ancestro más poderoso e importante: la Antigua el Presidente, o llamado también el Patrón, T’zut’abi o Zithu en otomí. Esta relación es sagrada, ya que dicha Antigua le entrega el don de curar por medio de los sueños al especialista. Desde allí se entabla una relación de aprendizaje y reciprocidad que dura toda la vida y se manifiesta en los sueños y en el ritual.

La etnografía de esta investigación se realizó en la Sierra Norte de Puebla, en el municipio de Pantepec, particularmente en las comunidades de Tenexco, Ixtololoya, El Pozo y Acalmancillo; sin embargo, aunque las propuestas teóricas y las interpretaciones se restringen a esa zona, son pertinentes para el resto del universo otomí, de tal manera que uno de los testimonios recuperados es de un colaborador de Tenango de Doria, en el estado de Hidalgo, de la Sierra Otomí Tepehua.

Para desarrollar la discusión en torno a la relación entre el bädi y la Antigua el Presidente recurro a la siguiente metodología distribuida en tres apartados: en el primero caracterizo al Presidente a través de los sueños iniciáticos del bädi y las narraciones de las personas otomíes que lo han visto. Con base en autores como Lerín Piñon[1] y Paredes[2] propongo la relación del bädi con la Antigua el Presidente, como uno de los pilares de la medicina tradicional otomí que construye un sistema intercultural de salud; después se discute por qué ese ser sagrado, llamado el Presidente, fue traducido como el Diablo, si se trata de dos seres diferentes, para ello se retoman los planteamientos de Alfredo López Austin[3] y Félix Báez-Jorge.[4]

En el segundo apartado abordo la relación del bädi con el Presidente durante la festividad del Carnaval. Con la finalidad de tener un acercamiento a esta relación sagrada, se consideró el mito de origen del Carnaval y la importancia de hacer ofrenda; esa temática se profundiza a través de autores como Milanezi,[5] Romero Huerta[6] y Turok.[7] También se mencionan las tareas más importantes que el bädi está obligado a hacer para agasajar al Presidente durante su fiesta. Por último, se narra el estudio de caso de un bädi de Tenango de Doria para enfatizar la importancia de esta relación.

En el tercer apartado se aborda el Costumbre llevado a cabo para el Patrón durante el Carnaval. Para señalar y enfatizar la importancia de la relación del bädi con el Presidente, se reúnen las características del Costumbre según Galinier,[8] Trejo et al.,[9] Báez y Fierro,[10] además, se propone, a través de Broda,[11] el Costumbre como parte central de la cosmovisión otomí. A su vez, en este apartado, se retoma el fragmento del discurso del Presidente, emitido durante el ritual, con el objeto de resaltar la relación del bädi con la Antigua el Presidente, hilo conductor que atraviesa los tres apartados.

 

El bädi y su relación con el Presidente

Dentro de la cosmovisión otomí se encuentran dos grandes planos o mundos: el de los vivos y el de los muertos, ambos conectados entre sí. El mundo de los muertos, o el otro mundo, está habitado por los ancestros muertos llamados Antiguas, como ya lo han advertido, López Austin[12] y Galinier[13], entre otros. Dentro del mundo de las Antiguas hay jerarquías, el más poderoso, de más autoridad y prestigio, es el que los otomíes llaman el Presidente o el Patrón y ha sido mal traducido como el Diablo.

Una de las atribuciones principales de T’zut’abi es el poder que posee de entregar el don de curar a los curanderos bädi por medio del sueño; ese don transcurre desde los primeros sueños que el chamán otomí experimenta. Más adelante, el Patrón se manifiesta en los sueños durante toda la vida del chamán para enseñarle a hacer el trabajo de curar. Al respecto, Luisa, bädi de Ixtololoya, relata que en uno de los primeros sueños en donde el Presidente se le apareció, le entregó una cruz y un libro, objetos de poder con los que el Patrón hace su trabajo. Esa relación de aprendizaje sagrado se da desde los primeros sueños iniciáticos del bädi y hasta su muerte, etapa final en la que su existencia en el mundo se asume como Antigua. El diálogo entre el Patrón y el bädi se enriquece mediante una interacción de motivaciones y soluciones a los problemas que padece el ser terrenal. Zulma, bädi de Ixtololoya narra su sueño iniciático con el Presidente:

Estaba enfermo mi nieto cuando llegó ese señor que soné. Trae una biblia grandota y viene con su esposa. Él me enseñaba todo, a cortar y me dejaba las muestras y después se iba, se iba pa’ arriba. Son personas. Y nomás me dijo que vino porque escuchó que yo estaba llorando, porque yo no sabía cómo hacer con mi nieto, cómo hacer para limpiarlo, para curarlo, para que no le siga el dolor, pero como yo no sé curarlo, lloraba. Sí es cierto que yo estaba llorando, porque no sabía curarlo. Ya después de que estaba llorando, en la noche soné que llegó él y me dijo que me va a enseñar cómo le voy a hacer, que me va a enseñar a cortar papel, y yo le dije no, no voy a saber, y él me dijo, entonces no es cierto que estás extrañando y llorando por tu nieto. Si fuera cierto que extrañas a tu nieto, entonces ¿harías lo que yo te digo? No, no voy a saber, le digo, no voy a saber eso de cortar. Sí vas a saber, me dice; entonces me dio esas sus tijeras que trae y sí le corté. ¿Ya ves?, dice, ¿por qué me dijiste que no ibas a saber? Ahora sí, haz lo que te digo, me dice. Y me dijo cuáles son las hojas del monte que le voy a echar a mi nieto cuando lo limpie. Me dijo cómo voy a estirarlo y cómo voy a sobarlo. También me dijo cómo cortar, me dice mira aquí su cabeza, y después se va pa’ arriba su pie, así le vas a hacer para cortar y te vas a ir a dejarlo allá abajo, me dijo. Todo lo que me dijo es cómo le voy a hacer para tirar o para cortar, y así, ese señor me ensenó (Zulma Tolentino. Entrevista realizada en Ixtololoya, febrero 13, 2016).

Ahora bien, es importante aclarar que la Antigua no sólo se presenta en los sueños de los curanderos que elige, también se puede aparecer en los caminos, en las montañas, en los cerros, ríos o manantiales, bajo múltiples formas. Varios curanderos cuentan que lo han visto en el camino en forma de piedra y luego del encuentro dialogan en el sueño. Otros bädi lo han visto a caballo, vestido de charro, con una apariencia fenotípica que describen “como la de un gringo”. Sin importar el medio o el lugar en que se presente, cada vez que el Patrón aparece ante alguien, es para darle el poder a algún curandero que él eligió para que sea su trabajador o para pedir Costumbre.

En consecuencia, el bädi otomí que es el que sabe,[14] el brujo o el curandero, es el aprendiz de su gran maestro el Presidente, que enseña a curar y a hacer todas las actividades que constituyen la práctica chamánica, como recortar los “recortes de papel brujo”, es decir, los cuerpos de las Antiguas.[15] Por lo tanto, este tipo de relación entre el bädi y el Presidente, como el aprendiente y el maestro, respectivamente, es uno de los pilares de la medicina tradicional otomí, que constituye un sistema intercultural de salud. Como manifiesta Lerín Piñón:

Entendemos por interculturalidad en salud las distintas percepciones y prácticas del proceso salud-enfermedad-atención que operan, se ponen en juego, se articulan y se sintetizan, no sin contradicciones, en las estrategias de cuidado y las acciones de prevención y solución a la enfermedad, al accidente y a la muerte en contextos pluriétnicos.[16]

Al respecto, Paredes menciona:

Las nociones y prácticas sobre la salud y la enfermedad que manejan los diversos grupos humanos no se dan en un vacío cultural, tienen lugar dentro de un sistema lógico cargado de simbolismos, tradiciones y valores que modelan sus comportamientos e interpretaciones. Si bien en todas las sociedades está presente la necesidad de entender los padecimientos y buscar la curación, cada cultura tiene una forma particular de hacerlo, con base en la cual reconoce los síntomas que perturban el equilibrio físico-mental-emocional.[17]

Cuando le pregunté a Mario, bädi de Ixtololoya, por qué puede curar, principalmente explicó el don recibido por el Presidente, como un proceso en el que el curandero experimenta el dolor de la persona a la que cura:

Puedo hacer esto porque empecé a curar con el Presidente. El Presidente me permite sentir el dolor de la persona enferma en mi cuerpo y así es como aprendo en qué lugar del cuerpo tiene la enfermedad o el problema el paciente. En el momento en que voy a curar a la persona, puedo sentir el dolor de ella en mi propio cuerpo y esto es gracias al poder que me dio el Presidente (Mario Castro. Entrevista realizada en Ixtololoya, septiembre 16, 2019).

Si Mario no puede curar a la persona en un sólo día, soñará con el Presidente, quien le dirá cómo hacer la curación. La Antigua le transmitirá el mensaje y los conocimientos de la misma forma en que Mario siente su cuerpo durante la curación, es decir el Presidente, durante el sueño, le permitirá sentir a Mario en su cuerpo el dolor del paciente; sobará al bädi como debe sobar al paciente en la curación, de tal manera que, a través de la experiencia corporal onírica, el bädi sabrá qué puntos del cuerpo tiene que tocar y cómo tocarlos para curar al enfermo. En este sentido, la base de la medicina tradicional otomí se funda en la relación del bädi con el Presidente y en la relación del pueblo otomí con sus Antiguas, ya que existe un tipo de intercambio en el que el don de curar no es el único que reciben los bädi y la comunidad otomí de las Antiguas, sino también los padecimientos y las enfermedades como castigo ante los malos comportamientos.

Ahora bien, la figura de T’zut’abi para los otomíes es, en primer lugar, de diferentes formas físicas, ya que al igual que el resto de las Antiguas se le puede ver con múltiples rostros. Esta figura de poder se presenta como persona, piedra, aire, etcétera, y puede aparecerse como un charro montado en un caballo. Juana, bädi de Ixtololoya, lo describe como un señor güero, muy guapo, que mide alrededor de 10 metros y así se presenta en sus sueños. No obstante, cuenta que le ha soñado en dos ocasiones y lo ve con su propio rostro, es decir, con la cara de la misma Juana, pero con aspecto de hombre. Contrario a esas descripciones, también se ha llegado a presentar con una larga cola y cuernos. Justo así es como se retrata en los recortes de papel que realizan los bädi en los Costumbres.

Según aquellas narraciones, es válido afirmar la variedad de rostros y formas en que puede presentarse el Presidente. Las imágenes de esta Antigua son polisémicas y variadas, ya que no es posible conocer su verdadero rostro, pues según las creencias de los otomíes “nadie aguantaría ver su rostro porque nadie aguantaría ver el poder del mundo, no podríamos soportar tanto poder, por eso te pone pruebas y se te aparece diferente, como que, si fuera otro, pero es él, el que manda” (Juana Apolinar. Entrevista realizada en Ixtololoya, septiembre 16, 2022).

Por otra parte, para los otomíes el Patrón es el Dueño del Mundo, todo lo que conocemos es propiedad de él. Dicen que es como un Juez que toma decisiones según el comportamiento de sus hijos otomíes, es decir, si los otomíes tienen un buen comportamiento, el Presidente los premia con buenas cosechas, dinero, etcétera; pero si los otomíes se portan mal los castiga con enfermedades, malos tiempos, pobreza, malas cosechas, por mencionar algunos. Por lo tanto, para ellos el Patrón no es ni bueno ni tampoco malo, sus decisiones son el resultado del comportamiento de las personas.

Dentro de la narrativa otomí, la Antigua vive en los cerros. En Ixtololoya mora en el cerro Jugangú “la casa vieja de las Antiguas”, allí comparte morada con su esposa la Antigua Santa Rosa, con su madre la Antigua la Abuelita de la Tierra y con el resto de las Antiguas, por eso los otomíes suben allí a hacer Costumbre y dejar ofrenda.[18]


Figura 1 y 2: Ofrenda para el Presidente en el cerro Jugangú. Se puede apreciar la ropa que le dejan al gran maestro de los bädi para que se vista y se vaya contento. Fotografías: J. Reinoso, Ixtololoya, 25/08/2018.

En El Pozo vive en el cerro del Obispo, y en Acalmancillo también tiene su cerro; es decir, cada comunidad otomí de Pantepec tiene un cerro en donde se le va a ofrendar al Presidente. Al respecto, Rivera describe el vínculo del Diablo con la montaña sagrada, sus sentidos y simbolismos:

Ciertos significados de la montaña sagrada del México antiguo, centro del mundo en la geografía sagrada, se actualizan en la morada actual del Diablo. La montaña representó, y aún lo hace, el punto más importante del paisaje en la cosmovisión porque conjunta sentidos destacados para la cosmovisión […] morada de los ancestros; centro del mundo; punto de conexión de las regiones cósmicas; resguardo de los tesoros (corazones humanos y semillas de alimentos); punto de comunicación con las deidades, entre otros.[19]

El Presidente responde a otros nombres como el Patrón, el Dueño del Mundo, el Diablo, con quien se le relaciona frecuentemente; en Ixtololoya es llamado T’zut’abi, en otomí, “emerge como el más poderoso: el ‘Patrón de los Patrones’, el que preside a buenos y malos [...] siempre está en todas partes, por eso escucha todo lo que estamos hablando y sabe nuestro futuro. Su poder es muy fuerte [...] un bädi ya difunto lo llamaba mamü, ‘mi dueño’ o ‘mi patrón’”.[20]

Esa relación con el Diablo está presente en quienes ven desde afuera la cultura otomí, aunque las personas que creen en las Antiguas son acusadas de creer en el Diablo, por aquellos que profesan otras religiones; sin embargo, los otomíes aseguran que el Presidente es compadre de Dios, como señala Alba:

El Diablo es compadre de Dios. Ya ves que las otras religiones dicen que es su enemigo, pero eso no es cierto. Es su compadre, por eso ahí empezó el ejemplo que nosotros buscamos. —Ese es mi compadre— dice el Diablo. Cuando llega a los Costumbres dice —cuando digo que va a llover, pues nos ponemos de acuerdo y llueve, por eso Dios es mi compadre— nos dice el Diablo cuando viene. Sí, se ponen de acuerdo cuando quiere llover, para todo se ponen de acuerdo. El nos dice —Yo les dije, nunca se olviden de Dios, hablen con él, vayan a las misas, yo quiero que crean en mí y que crean en Dios, yo nunca les dije que no crean en Dios, Dios es mi compadre— eso dice cuando viene. Mucha gente dice, a esos no les vamos a hablar porque andan con el Diablo. Eso no es cierto, eso no es cierto. Ellos dicen eso porque ellos no saben (Alba Tolentino. Entrevista realizada en Ixtololoya, marzo 10, 2017).

Dicha creencia se relaciona con la narrativa del origen de las Antiguas, ya que para la comunidad otomí ellas eran personas pero fueron elegidas por Dios para hacer el trabajo de cuidar a sus hijos otomíes. Así que el Presidente fue elegido por Dios como el jefe de las Antiguas y ahí se convirtió en su compadre.[21]

En lo que respecta a la transición de personas a Antiguas, los ancestros perdieron el cuerpo humano y adquirieron otro tipo de cuerpo para existir en el mundo como otra cosa. Cuando esto sucedió, las Antiguas: “se formaron por sí mismos” (Fabiola Tolentino. Entrevista realizada en Ixtololoya, agosto 08, 2013). Es decir, autocrearon su cuerpo, gracias al trabajo y el poder que Dios les concedía. Esta acción autocreadora del cuerpo los faculta para dar la vida a sus descendientes otomíes y crear el cuerpo humano de cada persona que nace, ya que: “Cuando nace un bebé, ellos lo lavan, cuando el bebé está en la panza no tiene huesos, cuando nace las Antiguas lo lavan y le dan sus huesos (Fabiola Tolentino. Entrevista realizada en Ixtololoya, enero 02, 2014).

El encargado de que todo esto suceda de forma correcta es el Presidente, así da la vida y cuida la existencia de sus hijos otomíes. Por lo tanto, para los otomíes, el Dueño del Mundo no es sólo un ser con cola y cuernos, no es la figura del Diablo que desde Occidente se ha impuesto, es mucho más complejo: es un ser que cuida, da la vida, procura los buenos tiempos y las cosechas; a cambio de esto pide Costumbre, pero si su petición no es concedida también castiga. ¿Entonces por qué se traduce como Diablo? Sabemos que en el México antiguo no existía la imagen del Diablo como tal, pero hoy en día está muy presente en la cultura otomí. Ahora bien, la asociación del Dueño del Mundo con el Diablo se debió a la Conquista. Como bien menciona López Austin:

Para los españoles, la presencia del Demonio en el Nuevo Mundo fue indudable. No podían explicarse de otro modo los milagros que los indios relataban ni los acontecimientos que ellos presenciaban y cuyas causas naturales eran reacios a mostrar […] El Demonio había señoreado estas tierras desde la antigüedad más remota y ahora se hacía presente para oponerse a la nueva fe.[22]

Ésa fue la creencia que construyeron los conquistadores sobre los dioses de las culturas mexicanas; el ser más parecido que encontraron fue el Diablo europeo, que era el que ellos conocían, pero no es el mismo ser que posee la cultura otomí. Félix Báez- Jorge, para quien la noción del Diablo también viene de afuera, usó la palabra demonización para referirse a este proceso. Menciona que el Diablo fue visto por los conquistadores como el causante de la idolatría practicada por los indígenas; fue culpado de propiciar brujería, sortilegios y hechizos.[23] Es en tal sentido que podemos afirmar que, desde entonces, la imagen del Dueño del Mundo, el Presidente otomí, fue relacionada con el Diablo que conocían en Europa los conquistadores, pero la representación del Patrón es la de un dios mesoamericano, que no es totalmente bueno ni malo, López Austin lo describe como:

[…] el Dueño, dios que —como cualquier dios mesoamericano— era y es bondadoso o temible, según su voluble carácter; nunca absolutamente bueno; nunca absolutamente malo. El Dueño es, de origen, un personaje abrumadoramente complejo. Entre otras de sus facultades, es capaz de desdoblarse y aparecer ya como varón, ya como hembra, ya como pareja conyugal, o adquirir advocaciones especiales según su ámbito de dominio.[24]

Se coincide aquí con lo propuesto por López Austin, y así, se reconoce éste como el inicio de una diversidad demoniaca indígena, no solamente por las cualidades del Dueño, sino por la variedad de seres que trabajan para él: guardianes, ejecutores, enfermedades, dioses, etcétera.[25] Éste es el saber y la creencia que comparte Leopoldo, bädi de Ixtololoya, quien se niega a decirle Diablo al Presidente:

Los de las demás religiones dicen que el Presidente es el Diablo y que es malo. Pero ¿cómo yo voy a pensar eso?, ¿cómo yo voy a llamarle así? Si es mi Patrón, el que me cuida, el que le dio la vida a mis hijos, el que nos da las cosechas para que podamos comer, el que hace crecer el maíz y cuida todas las semillas para que tengamos que comer. El es el que me dio mi trabajo, el que me enseña a trabajar y el que me ayuda a curar a los de mi pueblo, pero la gente no sabe (Leopoldo Cruz. Entrevista realizada en Ixtololoya, septiembre 16, 2022).

Por tales razones Leopoldo niega rotundamente que su maestro sea el Diablo. Juana, su esposa, también comparte esa creencia. Ella cuenta que en sueños el Presidente le ha dicho lo siguiente:

La gente dice que soy malo, que tengo cola y cuernos. Pero en realidad los que tienen cola que les pisen son ellos. Las personas contaminan la tierra, no hacen ofrenda, no pagan por su vida y dicen qué el malo soy yo. Esa es la cara falsa que ellos me ven, pero tu sabes que yo no soy así. Ellos me ven así porque así es su pensamiento sobre mí, pero a mí nada más me da risa. Si creyeran en mí, sabrían lo que realmente soy, pero yo no puedo hacer nada por los que no creen. No puedo ayudar a personas que no pueden ver lo que realmente soy. Yo soy su padre, yo los ayudo, pero los que dicen que soy así, no se dan cuenta (Juana Apolinar. Entrevista realizada en Ixtololoya, septiembre 16, 2022).

Es preciso decir que este discurso sólo lo expresan los bädi, algunos otomíes le llaman Diablo, principalmente quienes no creen en las Antiguas.

Hasta ahora se ha abordado la relación del bädi con T’zut’abi desde la relación dialógica y ritual, durante el sueño en particular; el siguiente apartado se enfocará en el Carnaval, esa fiesta que se ofrenda al Presidente, con esfuerzos de los bädi y los otomíes.

 

El Carnaval, la fiesta para el Presidente

El Carnaval otomí, no tiene una fecha establecida como todos los carnavales del mundo, su realización coincide con el calendario judeo-cristiano. Se organiza con regularidad a finales de febrero o principios de marzo y dura de cuatro días a una semana en Ixtololoya; pero en el municipio de Pantepec tiene una duración de aproximadamente un mes, ya que mientras una comunidad finaliza la fiesta, la otra la comienza. Es común que inicie en Tenexco, luego en Ixtololoya, después en El Pozo y finalmente en Acalmancillo. Cabe mencionar que, aunque existen varias investigaciones sobre el Carnaval,[26] ninguna se centra en el punto de partida de este artículo, es decir la relación entre el bädi y el Presidente, tema que había sólo esbozado en un trabajo anterior.[27]

Para explicar lo mencionado, quisiera retomar el mito de origen del Carnaval. Al respecto, Mario Castro, bädi de Ixtololoya que durante el Carnaval de su comunidad se disfraza del Presidente, señala que el Carnaval se realiza como una ofrenda para el Diablo, gracias a que ofrece trabajo, cosechas, es dador de vida y otros beneficios para los otomíes. Según el bädi mencionado, el Carnaval inicia junto con la Cuaresma porque el Diablo buscaba a Dios; la narración continúa en palabras del propio chamán:

El Diablo estaba muy enojado buscando a Dios para matarlo. Para que no lo encuentre Dios hace esta fiesta en donde todos van enmascarados y se pone la máscara, como los que bailan. El Diablo llega a la fiesta y no puede saber cuál de los enmascarados es Dios. Dios manda a sus ayudantes a darle mucha comida y bebida al Diablo para entretenerlo y se olvide que estaba enojado buscando a Dios. Por eso todas las ofrendas del Carnaval son para el Diablo, para que no busque a Dios. Por eso el Diablo se adueña de todo en la fiesta del Carnaval y ya se quedó la tradición así, de darle ofrenda al Diablo, porque la gente se dio cuenta que quien le ofrenda al Diablo, le va bien en su cosecha, en su trabajo y hasta hoy le seguimos ofrendando porque nos va bien si lo hacemos (Mario Castro. Entrevista realizada en Ixtololoya, febrero 21, 2017).[28]

Por lo tanto, el Carnaval otomí es la gran ofrenda para el Presidente, el don o agradecimiento que sus hijos otomíes le ofrecen por todo lo que esa Antigua les brinda. El bädi durante el Carnaval está obligado a agradecer y agasajar a su gran maestro. Siempre es importante ofrendar al Patrón, sobre todo durante el Carnaval, ya que, con base en la narrativa de Alba:

Ellos, los brujos y los músicos que aprenden en los sueños tienen que llegar aquí a darle gracias al Presidente, porque es él el que gobierna la tierra y el que les da su poder para curar y saber tocar. A Dios lo mandaron arriba y a él lo mandaron aquí a cuidarnos. Él siempre nos cuida, por eso ahora llegó enojado porque nadie le da de comer, el Presidente también come como nosotros y estaba enojado porque nadie le da nada. Por eso cuando llegó también pidió su ropa porque venía desnudo (Alba Tolentino. Entrevista realizada en Ixtololoya, febrero 15, 2016).

 


Figura 3. Bädi de Ixtololoya agradeciendo frente del altar al Presidente durante el Carnaval. Fotografía: J. Reinoso, Ixtololoya, 08/03/2014.

Al igual que en el mito de origen, durante el Carnaval el Presidente llega enojado porque nadie se acuerda de él, casi nadie le da ofrenda ni le agradecen por todo lo que él les da a sus hijos otomíes; por tal razón, el objetivo primordial del Carnaval otomí es agasajar al Presidente porque durante esos días está presente en la comunidad. Come y bebe todo lo que le ponen en las ofrendas; baila y juega con los presentes, de ahí la importancia de ofrendarle al Presidente en su fiesta, como menciona Milanezi:

Hay una relación de dependencia entre los humanos y el Diablo en los antiguos términos mesoamericanos y andinos, esto es, una situación de reciprocidad: las divinidades necesitan ofrendas, de las cuales se alimentan, y los humanos liberan mediante ellas los dones naturales (fertilidad de los campos, poder de curar, riquezas en el mundo material, etc.). Por lo tanto, el Diablo participa en el sistema de intercambio de bienes entre el hombre y los dioses.[29]

El sistema de intercambio se refuerza durante el Carnaval. El Presidente llega hambriento y enojado al mundo de los vivos.

Carnaval en Ixtololoya, Tenexco, El Pozo y Acalmancillo se dice, en otomí, ëni y significa juego. Durante ese juego que se realiza cada año, los otomíes y sobre todo los bädi, esperan a su deidad más poderosa para darle de comer y beber y para bailar con ella; por medio de la comida, la bebida y el baile pretenden alegrar a su deidad o contentarle si está enojado. Así, año con año si el Presidente llega enojado, se va contento. Para que lo anterior suceda, el bädi tiene varias tareas y roles que debe de cumplir durante el juego. Las dos más importantes son la limpia de apertura del Carnaval y la limpia de clausura.


 Figura 4. Bädi de Ixtololoya disfrazado del Presidente, limpiando a la gente en la limpia de apertura de Carnaval. Foto: J. Reinoso, Ixtololoya, 08/03/2014. 

La primera se realiza un día antes de que la fiesta comience, es para toda la comunidad, con ella se le pide permiso al Presidente para hacer su fiesta y que no haya peleas ni problemas durante la celebración. Romero Huerta describe el comienzo del Carnaval entre los nahuas de Veracruz, donde un curandero realiza una limpia para “invocar al Diablo, al cual se le pide que en esa fiesta no pase nada, no haya enfermedad, que no haya golpes, que no haya sangre o accidente, y que todo se desarrolle con normalidad en la fiesta de Carnaval”.[30]

La segunda es para que se vayan los malos aires que vinieron a bailar durante el festejo. El bädi vuelve a limpiar a todos los asistentes y luego hace una limpia por todas las entradas y salidas de la comunidad, a fin de que los malos aires se vayan y en la comunidad todo se quede tranquilo. Después de la limpia del bädi, aquellos asistentes que acuden a la celebración con disfraces de Diablos se quitan la máscara escondidos en las milpas para que la gente no sepa quiénes son. Los bädi también se disfrazan y bailan durante este gran juego, pero siempre cuidando de que el resto de la gente no descubra sus identidades. La mayoría de ellos bailan generalmente durante 7 años consecutivos para agradecer y ofrendar al Presidente mediante su danza, ya que la danza de los otomíes en la celebración del Presidente es elemental para el crecimiento de las primeras plantas que nacieron en los campos, si esta práctica no se cumple, hay posibilidades de sufrir una catástrofe climatológica y, además: “Por ser un periodo de florecimiento, o relacionado con él, en Carnaval se abren las ‘puertas’ entre los mundos, subsuelo y superficie, para que puedan pasar las plantas”.[31]

En este sentido, es de suma importancia el trabajo de las dos limpias grandes y el baile del bädi durante el Carnaval. El bädi tiene un diálogo con el Presidente durante todo el año, pero mientras el Carnaval transcurre, esa relación dialógica se intensifica. El curandero deberá de poner toda la ofrenda que el Patrón le exige por medio de los sueños unos días antes,[32] para que venga, disfrute de la fiesta y se vaya contento.

Cabe agregar que durante el Carnaval, los bädi realizan muchas limpias, aparte de las mencionadas anteriormente, pero también hay muchas simulaciones de limpias, es decir, varios bailadores de Carnaval mientras están jugando o bailando hacen como si estuvieran limpiando a los asistentes. Lo mismo hacen los mecos en el Carnaval otomí de Hidalgo, como menciona Turok: “Simulan poseer la facultad para curar, levantando en una silla al enfermo”.[33]

 


Figura 5. Bailador de Carnaval simulando una limpia. Foto: J. Reinoso, Ixtololoya, 01/03/2019.

Esta simulación que encontramos tanto en las comunidades otomíes de Pantepec como en las comunidades otomíes de Hidalgo, dan cuenta de la importancia que tiene la relación del bädi con el Presidente. Es un recordatorio del trabajo sagrado del chamán y muestra, una vez más, de dónde viene su poder de curar. Además, coloca el trabajo de curar al centro de la fiesta de Carnaval, con ello se concreta que dentro de los placeres del Presidente también se considera ver al bädi trabajar, recordemos que es él quien le da el don de curar. De esta manera se expresa la relación sagrada durante el Carnaval por medio del juego. Pero, como menciona Lazcarro:

Claro está, siempre es posible prestar el propio cuerpo a una intencionalidad ajena, caso de los danzantes del Carnaval, sobre los cuales se dice “ni se sabe quién es, nomás es forma...”, no obstante que entraña siempre un riesgo: la máscara del Viejo suele afianzarse al rostro humano, y puede lograr su total acoplamiento a riesgo de matar a su huésped, igual a lo que sucede con un enfermo.[34]

Durante el trabajo de investigación que he realizado, desde tiempo atrás, ha sido posible estar presente en varios Carnavales en Pantepec, pero durante la pandemia, tuve la oportunidad de estar en Tenango de Doria, Hidalgo, en la Sierra Otomí-Tepehua. Allí conocí a varios jóvenes que hicieron la promesa de bailar durante el Carnaval, mismos que me concedieron la oportunidad de entrevistarlos. Uno de ellos, Ronald Sevilla, narró lo que le pasó a su abuelo en 2021 durante el Carnaval en Tenango de Doria:

Cuando llegaron los días de Carnaval, mi abuelo se puso la máscara se disfrazó de Diablo y salió a bailar. Mi mamá le dijo —¿Por qué haces eso? Si este año no va a haber Carnaval por el Coronavirus— y mi abuelo le contestó que era el Diablo que se lo pedía. Dijo que el Diablo le estaba pidiendo que baile porque era su fiesta. Entonces lo dejamos que baile. Y ahí andaba mi abuelo como loquito bailando solo en el pueblo. Pero cuando terminó el Carnaval mi abuelo seguía bailando. No se quitó la máscara ni el disfraz, así se quedó. La gente le preguntaba y el seguía diciendo lo mismo, pero no se daba cuenta que ya había pasado el Carnaval. Entonces un curandero dijo que había que hacer un Costumbre para quitarle la máscara a mi abuelo. Entonces le dieron su ofrenda al Diablo y le pidieron permiso para quitarle la máscara a mi abuelo, el Diablo aceptó su ofrenda y ya le quitaron la máscara a mi abuelo y se quedó ya tranquilo (Ronald Sevilla. Entrevista realizada en Tenango de Doria, marzo 04, 2022).

El testimonio anterior pone de manifiesto la relación entre los bädi y su gran maestro durante el Carnaval. Hace evidente la reciprocidad, el intercambio entre ambos, así como el agradecimiento de los chamanes y su compromiso con su Patrón.

 

Costumbre para el Patrón del Carnaval

El día 16 de septiembre de 2022 acudí a un Costumbre en casa de un bädi recién iniciado, en honor al Patrón del Carnaval, el cual es la Antigua el Presidente. Don Beto, bädi de El Pozo, realizó su Costumbre a su maestro a cambio del don para curar que había recibido recientemente. En ese ritual le pagó a la Antigua todo lo brindado hasta ahora. Como Galinier menciona:

[…] “el” “costumbre” hace referencia a una categoría muy precisa de actos rituales […] En otomí, “costumbre” se traduce por la palabra mate, en el sentido del ritual específicamente indígena, y no existe ningún término que designe la tradición o las creencias en general. […] Además, mate está compuesto por dos morfemas, uno de los cuales es el locativo ma “lugar” y el otro, te, significa “vida”. El lugar de la vida es pues por excelencia el del ritual […] tiene el significado especializado de agradecimiento, de acción de gracias […] se entiende siempre que en el mate hay una acción de gracias en reciprocidad por una intervención divina.[35]

Para Galinier, mate tiene varios significados, pero siempre es en agradecimiento por exigencia de las Antiguas. Al respecto, don Beto agradeció el favor que le brindaron. Sobre los Costumbres, mate, Trejo et al. mencionan:

Se trata de formas de relación definidas […] por la noción de deuda, por enojo que las potencias originales sienten cuando los humanos no reciprocan debidamente, y que puede desatarse bajo la forma de enfermedades, o de huracanes, inundaciones, incendios o deslaves. Sin embargo, aunque en uno y otro caso es el pago de ofrendas el común denominador, la distancia entre enfermedad y desastre la podemos pensar esquemáticamente en términos de rituales terapéuticos, por un lado, y de compensación o restablecimiento, por el otro.[36]

Cuando un bädi recibe el don de curar, está obligado a hacer Costumbre a quien le entregó el poder y a las Antiguas en general. En este caso el bädi soñó al Patrón del Carnaval, quien pidió Costumbre mediante el sueño. Cuando le pregunté para quién era este Costumbre respondió lo siguiente:

Es para el Patrón del Carnaval. Es el mismo que el Presidente, sólo que en el último sueño cuando me pidió el Costumbre se presentó así porque yo también bailo en el Carnaval con los locos. Cuando lo soñé venía vestido de charro, con sus botas, su traje y su sombrero, pero traía máscara de Carnaval. Y me dijo: —ya tienes tu poder, ya puedes curar a tu familia y a todos los enfermos, ahora hazme mi Costumbre para que me quede contento. Yo ya te di, ahora dame tú y así será siempre— (Roberto Tolentino. Entrevista realizada en El Pozo, septiembre 16, 2022).

Si el bädi no escucha las peticiones de las Antiguas y no le da Costumbre, las consecuencias son graves, ya que se enojan y causan desgracias y enfermedades en la comunidad. Por eso el Costumbre es un deber que los otomíes tienen con las Antiguas, los antepasados del otro tiempo y el otro espacio. Al respecto Lourdes Baez menciona:

Aunque esto sólo es posible si hay una relación contractual, es decir de intercambio recíproco. Cada parte debe proveer lo necesario para satisfacer a la otra. Los hombres participan a través de los “costumbres” ofrendando comida, bebida y sacrificio de animales; a su vez, estos entes proporcionan vida y sustento a los otomíes para garantizar el equilibrio comunitario. Los rituales que se celebran a lo largo del ciclo que dominan los ancestros, no hacen sino reafirmar los lazos indisolubles entre vivos y muertos.[37]

En este caso, el Costumbre fue efectuado por la relación contractual que se estableció entre el bädi don Beto y el Patrón del Carnaval o el Presidente a través del don sagrado otorgado por dicha Antigua. Como en el resto de los Costumbres el Presidente llegó enojado —recordemos que las Antiguas vienen enojadas a hacer peticiones y el que entiende tales peticiones es el bädi—. En esa ocasión el bädi, don Beto, llamó a dos bädi de Ixtololoya, Juana y Leopoldo, para que le ayuden a hacer el Costumbre, ya que era su primer Costumbre como bädi y aún tenía poca experiencia. Los bädi más experimentados en hacer Costumbre y con gran experiencia al respecto le ayudaron y lo orientaron a entablar el diálogo con el gran maestro de los bädi.

Llegamos caminando de Ixtololoya a El Pozo, con los bädi mencionados y otros más que también ayudarían a don Beto con su Costumbre de compensación. Primero entraron bailando y cantando hasta la cocina para pedirle permiso y agradecer a la Antigua de la Lumbre, después se pusieron a bailar enfrente del altar, mismo que en su lado inferior tenía las máscaras del Patrón del Carnaval o del Presidente.

 

 
Figura 6. Parte inferior del altar que le puso el bädi como ofrenda al Patrón del Carnaval. Foto: J. Reinoso, El Pozo, 16/09/2022.

 

Además, se acercaron muchas zidëni, las que comen la flor de Santa Rosa,[38] para acompañar y agradecer. A medida que la ofrenda se va llenando de cosas que le gustan al Presidente como cigarros, comida, bebidas, refrescos, veladoras, etcétera, las Antiguas llegan a la ofrenda para entablar el diálogo de reciprocidad con sus hijos vivos. Observar la importancia del ritual, me lleva a afirmar que el Costumbre es parte nuclear de la cosmovisión otomí: “Podemos definir la cosmovisión como la visión estructurada en la cual los miembros de una comunidad combinan de manera coherente sus nociones sobre el medio ambiente en que viven, y sobre el cosmos en que sitúan la vida del hombre”.[39]

El gran especialista de esa visión estructurada es el bädi. Él conoce oníricamente las razones de los Costumbres y los aspectos de la vida en general. El ritual, practicado el 16 de septiembre de 2022, confirma una vez más que hacer Costumbre le permite al bädi dialogar con su gran maestro el Presidente, en tal sentido, es posible afirmar que a través del Costumbre se puede ver la relación que tiene el bädi con las Antiguas. Hacer Costumbre permite continuar el diálogo que comienza en los sueños.

Durante los sueños, las Antiguas les brindan cosas importantes a los humanos, contrariamente en el Costumbre los humanos le brindan cosas importantes a las Antiguas. En este caso, primero la Antigua el Presidente o el Patrón del Carnaval le entregó el don de curar al bädi don Beto, posteriormente el chamán le hace Costumbre para agasajarlo con lo que le gusta y agradecerle el don recibido.

Al transcurrir el Costumbre, los bädi les prestan el cuerpo a las Antiguas, para que estas puedan hablar a través del corazón de los curanderos.[40] La función del préstamo de cuerpo es que, a través del cuerpo del bädi, las Antiguas hablan con sus hijos otomíes, en este sentido, el bädi es intermediario del diálogo que se establece entre las Antiguas y el resto de las personas otomíes que se encuentran presentes. La función del bädi es ser el traductor de las palabras de las Antiguas, a través del baile y el canto; así transcurre el Costumbre.

 


Figura 7. Asistente al Costumbre bailando frente al altar con la máscara, la ropa y el sombrero del Patrón del Carnaval, elementos que son parte de la ofrenda para la Antigua más poderosa, Foto: J. Reinoso, El Pozo, 16/09/2022.

Es preciso mencionar que el Costumbre no termina hasta que el Presidente dice que aceptó la ofrenda, hay que bailar hasta que las Antiguas digan que la ofrenda fue bien recibida. El Presidente, a través del cuerpo de la bädi Juana dice lo siguiente:

Muchas gracias hijos míos por entender que nosotros también queremos tener todo. Por eso les pedimos nuestra comida, nuestra ropa y ustedes escucharon porque aquí está todo lo que pedimos. Los trastes, el jabón, la ropa, la comida, todo. Yo soy el padre de todos ustedes, por eso los estoy cuidando aquí en la tierra, por eso les enseño a alejar lo malo. Por eso les agradezco cuando enseño a curar a la gente. Por eso todos ustedes están aquí, porque le enseñé a mi hijo a curar y por eso ahora acepto la ofrenda (Juana Apolinar. Traducción del discurso del Presidente El Pozo, septiembre 16, 2022).

Este discurso de T’zut’abi hacia los presentes, pero sobre todo hacia los bädi, da cuenta de la importancia que tiene la relación del bädi con su Antigua más importante el Presidente, el cual se expresa por medio de la voz de los curanderos.


Figura 8. Dos formas diferentes de ver a la Antigua más poderosa que encontramos en la ofrenda de este Costumbre, a la izquierda como Patrón de Carnaval, a la derecha como el Presidente. Foto: J. Reinoso, El Pozo, 16/09/2022.

 

Conclusiones

Para los otomíes el mundo tiene por lo menos dos planos de existencia, el de los vivos y el de los muertos. Hay momentos cruciales de la vida religiosa otomí donde estos se unen, como lo son los sueños, mediante los cuales el bädi recibe el don, y los rituales como el Carnaval y el Costumbre.

Existe una relación de espejos entre un mundo y otro; es decir, así como en el mundo de los vivos hay jerarquías, en el mundo de los muertos también, en éste se encuentra en la cima al Presidente. Dicha Antigua se les presenta en los sueños a los bädi para entregarles el don y enseñarles a hacer su trabajo sagrado de curar, esa relación onírica dura toda la vida del curandero, es uno de los ejes centrales de la medicina tradicional otomí y constituye un sistema intercultural de salud. El Presidente es el Dueño del Mundo, el señor de muchos rostros y nombres que provee a los otomíes de vida y víveres para que puedan vivir en este mundo, no es el mismo ente que se ha traducido como Diablo.

El Carnaval otomí es la fiesta para el Presidente, durante estos días el bädi está obligado a realizar una serie de trabajos enfocados en devolver el don obtenido; así es como la relación del chamán con T’zut’abi se intensifica y se manifiesta en las grandes ofrendas entregadas en su honor. Hay una relación de dependencia entre los bädi y el Presidente que se manifiesta en Carnaval. Una situación idéntica también ocurre con los Costumbres llevados a cabo por los bädi para agasajar al Presidente. El Costumbre, como parte nodal de la cosmovisión otomí, permite compensar a la Antigua por el don entregado.

 

[1] Sergio Lerín, “Antropología y salud intercultural: desafíos de una propuesta”, Desacatos, núm. 15-16 (2004), 111-125.
[2] Gustavo Paredes, “Antropología de la salud y la enfermedad. Principales enfoques teóricos,” Revista Academia, vol. XII, núm. 30 (2014), 87-99.
[3] Alfredo López Austin, Los mitos del Tlacuache (México: IIA-UNAM, 2006).
[4] Félix Báez-Jorge, “El Diablo en el imaginario colonial (el catolicismo barroco y la satanización de los dioses mesoamericanos)”, en Cuernos y colas. Reflexiones en torno al Demonio en los Andes y Mesoamérica, ed. por Luis Millones y Alfredo López Austin (México: IIA-UNAM, 2015) 31-64.
[5] Gabriela Milanezi, “Danzas y andanzas del Diablo. Fiestas y narrativas en los Andes y en Mesoamérica”, en Cuernos y colas. Reflexiones en torno al Demonio en los Andes y Mesoamérica, ed. por Luis Millones y Alfredo López Austin (México: IIA-UNAM, 2015), 127-156, 150.
[6] José Antonio Romero Huerta, “Los dones a los dioses: un acercamiento al intercambio con la divinidad en una comunidad nahua de la Huasteca veracruzana”, en Develando la tradición. Procesos rituales en las comunidades indígenas de México iii, coord. por Lourdes Baez Cubero (México: INAH, 2016), 43-70, 50.
[7] Marta Turok, “Delirio lúdico. Entre el juego y la muerte Carnaval de la Huasteca”, Artes de México, núm.77 (2005), 73-82, 80.
[8] Jacques Galinier, La mitad del mundo. Cuerpo y cosmos en los rituales otomíes (México: UNAM-INI, 1990), 40.
[9] Leopoldo Trejo et al., Sonata ritual. Cuerpo, cosmos y envidia en la Huasteca meridional (México: INAH, 2014), 281, 282.
[10] Lourdes Baez Cubero y Ulises Julio Fierro Alonso, “El horizonte de la ancestralidad otomí. Procesos rituales en el Oriente de Hidalgo”, en Develando la tradición. Procesos rituales en las comunidades indígenas de México iii, coord. por Lourdes Báez Cubero (México: INAH, 2016), 288-296, 294.
[11] Johanna Broda, introducción a Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas de México, coord. por Johanna Broda y Félix Báez-Jorge (México: Conaculta / FCE, 2001), 15-45.
[12] López Austin, Los mitos del Tlacuache, 74-75.
[13] Jacques Galinier, “Lo sagrado a flor de piel. Los indios otomíes frente al extranjero”, Revista Trimestral Diógenes, núm. 166 (1997), 69-74, 69.
[14] James Dow, Santos y supervivencias. Funciones de la religión en una comunidad otomí, México (México: INI / sep, 1974), 96.
[15] Véase: Jorgelina Reinoso Niche, “El Costumbre en el cuerpo del bädi. Las energías anímicas del especialista ritual otomí en Pantepec, Puebla”, Cuicuilco, vol. 27, núm. 78 (2020), 97-115.
[16] Lerín, “Antropología y salud intercultural...”, 118.
[17] Paredes, “Antropología de la salud...”, 88.
[18] Jorgelina Reinoso Niche, “La Santa Rosa es la que canta. Concepciones en torno a la planta sagrada entre los otomíes de la Sierra Nororiental de Puebla”, en Xünfö Dëni-Santa Rosa, Trance enteogénico y ritualidad otomí, coord. por Antonella Fagetti (México: BUAP / Conacyt, 2019), 179-222.
[19] Ligia Rivera Domínguez, “El Diablo en la tradición popular de la ciudad de Cholula”, en Cuernos y colas. Reflexiones en torno al Demonio en los Andes y Mesoamérica, ed. por Luis Millones y Alfredo López Austin (México: IIA-UNAM, 2015), 207-238, 215.
[20] Antonella Fagetti, “Xünfö Dëni o Santa Rosa: ‘La que nos abre la mente y el corazón’. Ágape enteogénico y ritualidad otomí”, en Xünfö Dëni-Santa Rosa. Trance enteogénico y ritualidad otomí, coord. por Antonella Fagetti (México: BUAP / Conacyt, 2019), 9-84, 27-28.
[21] Recordemos que, tanto Galinier, como Gallardo y Trejo et al. encuentran una visión dualista del cuerpo y del mundo dentro de la cultura otomí que se ve reflejada en el Carnaval, tanto en el mito de origen como en la fiesta en donde el dualismo (Diablo/Dios) está siempre presente. Como mencionan Trejo et al., las clasificaciones dualistas funcionan como coordenadas básicas para dicha cultura.
[22] Alfredo López Austin, prólogo a Cuernos y colas. Reflexiones en torno al Demonio en los Andes y Mesoamérica, ed. por Luis Millones y Alfredo López Austin (México: IIA-UNAM, 2015), 9-30, 12.
[23] Báez-Jorge, “El Diablo en el imaginario...”, 49.
[24] López Austin, prólogo a Cuernos y colas..., 19.
[25] López Austin, prólogo a Cuernos y colas..., 19.
[26] Véase: Roberto Williams García, Los tepehuas (México: Universidad Veracruzana, 1963); Jesús Mario Siqueiros García, “Aproximación etnográfica del Carnaval otomí de San Pablito, Puebla. Cuerpo, sociedad y cosmos” (tesis de licenciatura, enah, 1997); María Isabel Robledo Leal, “Cosmovisión lunar otomí y su trascendencia en el Carnaval Xhita, comunidad de ‘Las Huertas’, municipio de Jilotepec, Estado de México” (tesis de licenciatura, enah, 2005); Galinier, La mitad del mundo....
[27] Véase: Jorgelina Reinoso Niche, “Sueños de Carnaval otomí en la Sierra Norte de Puebla”, Revista Digital Universitaria, vol. 20, núm. 2, (marzo-abril, 2019), 01-15, acceso el 13 de mayo de 2023, http://doi.org/10.22201/codeic.16076079e.2019.v20n2.a4.
[28] Reinoso Niche, “Sueños de Carnaval otomí...”.
[29] Milanezi, “Danzas y andanzas del Diablo...”, 150.
[30] Romero Huerta, “Los dones a los dioses...”, 50.
[31] Milanezi, “Danzas y andanzas del Diablo...”, 135.
[32] Véase: Reinoso Niche, “Sueños de Carnaval otomí...”.
[33] Turok, “Delirio lúdico...”, 80.
[34] Israel Lazcarro Salgado, “El cuerpo soñado. La política del sueño en el quehacer otomí de la Huasteca”, La Jornada, 4 de mayo de 2014, 1.
[35] Jacques Galinier, La mitad del mundo..., 40.
[36] Leopoldo Trejo et al., Sonata ritual..., 281-282.
[37] Baez Cubero y Fierro Alonso, “El horizonte de la ancestralidad...”, 294.
[38] Véase: Reinoso Niche, “La Santa Rosa es la que canta...”, 179-222; Jorgelina Reinoso Niche, “The Santa Rosa and singing from the heart of the bädi”, Anthropology of Consciousness, vol. 33 (2022), 229-254.
[39] Johanna Broda, introducción a Cosmovisión, ritual e identidad...”, 15-45.
[40] Véase: Reinoso Niche, “The Santa Rosa and singing…”, 229-254.

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