• INICIO
  • REVISTA
    • DIRECTORIO
    • NORMAS EDITORIALES
    • NÚMEROS ANTERIORES
  • RELATOS
  • MIRADAS
  • VOCES
  • RESEÑAS
  • N. Especiales

CONVOCATORIAS

Índice

  • Relatos

  • El bädi otomí y su relación con el Presidente, el Patrón o ?el Diablo?, entre los ñühü

    Jorgelina Reinoso Niche


  • Afectividad de jóvenes universitarias frente a la pandemia

    José Luis Ramos Ramírez


  • Marcos organizacionales e interacciones en la clínica: la dinámica de la Unidad de Fisioterapia en un hospital neuropsiquiátrico

    Liz Hamui-Sutton, María Alejandra Sánchez Guzmán, Alfredo Paulo


  • La Guadalupita Ácrata en el Ojo de Agua: anarquismos invisibles de la vida cotidiana en territorio

    Juan Manuel Vizcaíno Martínez


  • Relatos sobre la vida en tiempos de pandemia y confinamiento: las experiencias de un grupo de jóvenes estudiantes en San Luis Po

    José Guadalupe Rivera González


  • Miradas

  • Las me´bankilaletik y las me??bankilal j-ilmexaetik en el lavado de ropas de los santos de las mayordomías de Tenejapa, Chiapas

    Kimberlyn Jazmín Maradiaga Aguilar


  • La fiesta patronal a Santiago Apóstol en Santiago de Anaya, Hidalgo

    Anna Rosa Herrera Gómez


  • Culto, devoción y ofrendas en el cerro de La Verónica, ubicado en la sierra de las Cruces en el valle de Toluca

    Florencio Barrera Gutiérrez


  • Peregrinaciones antiguas de los pueblos de la Ciudad de México a la Basílica de Guadalupe

    Abraham García Mejía


  • Entre nubes y cañas

    Martha Maya Tapia


  • Voces

  • Viacrucis migrante 2022: experiencias narradas desde la frontera sur

    Héctor Manuel Lázaro Hernández


  • Maternidades y cuidados: narrativas de la periferia

    Rosa Sara Jiménez Jiménez


  • Reseñas

  • Reseña del libro: Memoria a través de la imagen, de Keith Dannemiller y Verónica Ruiz (Morelia: Laboratorio Nacional de Material

    Antonio Zirión Pérez


  1. Numeros anteriores
  2. Publicación No. 10
  3. Afectividad de jóvenes universitarias frente a la pandemia

Afectividad de jóvenes universitarias frente a la pandemia

Affectivity of young university facing the pandemic

 

José Luis Ramos Ramírez
Escuela Nacional de Antropología e Historia
xozeluizr@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-2261-5095

 

RESUMEN

En el presente texto expondré resultados parciales de un estudio sobre los cambios generados en la vida familiar de mujeres jóvenes universitarias, derivados del confinamiento requerido por el gobierno salvadoreño ante la pandemia por covid-19. La estrategia metodológica derivó de emplear como eje analítico la teoría de las representaciones sociales (rs), en su versión estructuralista, para acercarse a los pensamientos de mujeres universitarias a propósito de esa situación novedosa. Son cinco relatos analizados aplicando un esquema estructural semiótico, para descubrir el énfasis afectivo en sus rs; destacan la ubicación subjetiva de las universitarias con relación a su casa, familia y Dios, frente a la pandemia.

Palabras clave: Representaciones sociales, afectividad, jóvenes, mujeres, educación superior.

 

ABSTRACT

In this text I am going to present partial results of a study on the changes generated in the family life of young university women, derived from the confinement required by the Salvadorian government before the C-19 pandemic. The methodological strategy derived from using theory as an analytical axis of social representations (srs), in its structuralist version, to approach the thoughts of university women about this new situation. There are five analyzed stories applying a semiotic structural scheme, to discover the affective emphasis in their SRs, highlighting the subjective location of the university students in relation to their home, family and God facing the pandemic.

Keywords: Social representations, affectivity, youth, women, higher education.

Fecha de recepción: 30 de noviembre de 2022
Fecha de aprobación: 14 de diciembre de 2023

 

Introducción

A inicios de 2020 la pandemia del covid-19 tuvo una expansión mundial, lo que provocó trastocamientos en la existencia social de las personas y a partir de ello fue necesaria la decisión política de los gobiernos de establecer el confinamiento en los hogares, lo que obligó a que las actividades de los espacios públicos migraran al ámbito privado, familiar. Una de ellas es la educación escolar, que debía operar a distancia mientras los sujetos sociopedagógicos estarían ubicados físicamente en sus hogares. Esa circunstancia generó un boom de recursos didácticos digitales, cursos virtuales, clases por televisión, entre otros recursos para mantener la educación escolar de forma remota. Las alteraciones y problemas señalados por padres de familia, profesores y estudiantes posibilitaron respuestas pedagógicas tentativas e inmediatas. A la par, surgió una literatura en un tono reflexivo, pero era necesario referir a información empírica, dando pie a narrativas y descripciones de experiencias personales, en cuanto a la manera de enfrentar esta situación novedosa.

La pandemia generó una reacción inmediata de las ciencias: las médicas, para encontrar y producir vacunas útiles ante la emergencia sanitaria; hubo necesidad de brindar atención psicológica a cientos de personas con desajustes emocionales; en el campo educativo aparecieron diversos métodos didácticos;[1] mientras tanto, las ciencias sociales informaban y trataban de explicar los problemas sociales que estaban aconteciendo.

A partir del primer semestre de 2020 empezaron a organizarse coloquios, conferencias, mesas de trabajo y publicaciones colectivas. Unas concentraban ensayos reflexivos y multidisciplinarios; otras reportaban productos inmediatos de investigación que emplearon diferentes recursos como encuestas, entrevistas, registros etnográficos, autorrelatos y análisis del discurso. Las comunicaciones incluyen un panorama crítico, como experiencias positivamente interesantes.

Dentro de ese horizonte editorial, en el presente texto informo y analizo algunas transformaciones que sobrevinieron cuando la escolaridad migró a los hogares, principalmente de carácter afectivo y desde una perspectiva femenina. Convenía indagar acerca de la experiencia vivida por estudiantes universitarios en el contexto del confinamiento y la pandemia para conocer su punto de vista desde una perspectiva antropológica a través de relatos de la vida cotidiana que vehicularan su pensamiento sociocultural mediante las representaciones sociales. Son cinco testimonios de mujeres universitarias salvadoreñas analizados expuestos en el presente escrito.

 

Irrupción escolar y pandémica

La obligación de quedarse en casa para realizar las actividades que eran efectuadas en espacios exteriores, públicos e institucionales, provocó una metamorfosis relevante en la vida familiar. Si bien ya existía la presencia de lo escolar en el ámbito doméstico no requería una reorganización interna, como lo exigía la irrupción escolar. En esta nueva atmósfera surgió la interrogante de cómo era percibida por los sujetos, qué explicaciones ofrecían, cuáles eran sus expectativas. Para encontrar una respuesta convino armar una pesquisa acerca de la nueva experiencia socioeducativa. El primer paso consistió en formular un esquema analítico para apreciar la situación socioeducativa y las transformaciones que sucedían. Esbozo trazado a partir de entender antropológicamente a la educación como un proceso organizado y sociohistórico de transmisión, adquisición y apropiación cultural.[2] Proceso que permite comparar dos situaciones socioeducativas tempoespaciales distintas para entender el viraje ocurrido.

La primera disposición alude al instante previo a la pandemia, donde están claramente establecidos dos espacios diferentes. Uno institucional, de carácter público, donde funciona la educación formal. La cultura escolar está conformada por conocimientos de carácter nacional y universal, prescripciones ciudadanas y valores del mismo orden, materializados en los contenidos curriculares, pedagogías y normas institucionales. Otro doméstico, de orden privado, en que campea la educación informal, compuesta por elementos culturales pensados para el beneficio familiar, vecinal y complementario del ser ciudadano. El vínculo entre esos dos ámbitos transcurre a través de las tareas escolares, fuera de los salones de clase, ante las cuales las familias manejaban cierto orden cotidiano. En el aula la interacción didáctica es directa (docente-alumnos) con el empleo de ciertos objetos (libros, cuadernos, tabletas), mientras en las tareas escolares los estudiantes recurren al apoyo de sus computadoras.

Si bien ya existían sistemas de educación abierta y a distancia, los jóvenes inscritos en ellos pautaban el horario de la jornada escolar; en diversos espacios, incluido el familiar, existía una organización tempo-espacial de manera individual. Esa situación resulta muy diferente a lo que sucederá en el contexto de confinamiento, donde el impacto lo vive todo el grupo doméstico. Emergió así un segundo y nuevo proceso socioeducativo, escolarizado, en el espacio familiar. La relación entre profesor y estudiantes es mediada por elementos tecnológicos (conforme a una interacción indirecta), a distancia y en tiempos diferentes (inmediata y asincrónica). La relación sujeto/objeto (tecnológico)/sujeto prevalece en la experiencia educativa. El estudiante está ubicado físicamente en un ambiente privado, donde la educación formal transcurría junto con la dinámica doméstica cotidiana; además, otros miembros de la familia están escolarizándose o laborando en línea al mismo tiempo.

Ello resultó una mezcla complementaria, contradictoria, ambigua y confusa entre los elementos culturales de espacios de vida que estaban separados, pero que en la nueva circunstancia quedan fusionados. Cada sujeto social (individual y familiar) responderá de manera distinta ante el nuevo ambiente. Tratar de entender estas experiencias orientó el trabajo de investigación, trazando un eje analítico sobre el pensamiento social cotidiano de un grupo de mujeres salvadoreñas que estudiaban a nivel de educación superior. La intención fue acercarse a una narrativa donde describen y explican su vivencia, a través de las representaciones sociales generadas.

 

Problemática descrita en los estudios

Una respuesta académica ante la pandemia y el confinamiento fue la publicación de diferentes textos, algunos reflexivos, otros como reportes inmediatos de investigación, amparados en la aplicación de encuestas en línea,[3] entrevistas,[4] registros etnográficos,[5] relatos,[6] autorelatos[7] y análisis del discurso.[8] También aparecieron propuestas de modelos para indagar sobre las actitudes[9] o la percepción del riesgo.[10] En esas modalidades los resultados coinciden en remarcar que la pandemia vino a mostrar y generar una mayor desigualdad existente en las sociedades nacionales, acentuándose las desventajas por clase social, género y etnia. Dificultad en el acceso a la tecnología, aumento del desempleo y trabajo en el hogar, cuidados no remunerados y violencia intrafamiliar. Además, provocaron estados afectivos negativos: miedo, temor, ansiedad y depresión, entre otros. Pero, también emergieron respuestas positivas: resiliencia, solidaridad, resistencia política.

Al mirar de conjunto parte de la literatura producida sobre las variaciones ocurridas en lo socioeducativo se advierten cuatro tópicos: a) uno centrado en formular nuevas didácticas para atender la condición de enseñar y aprender de manera remota, no presencial, aplicando diversos implementos tecnológicos; b) considerar que los problemas (presentes y futuros) a enfrentar son más pedagógicos que didácticos o instrumentales; c) reconocer el contexto social de las familias, particularmente el estatus de la mujer, en que opera la escolarización, y d) el impacto emocional.

Un ejemplo del primer tipo es la publicación que editaron Óscar Macías, Silvio Quiñonez y Joel Yucra,[11] donde compilaron varios textos que ofrecen recomendaciones y recursos didácticos para promover la educación digital y remota. Dentro del segundo enfoque está el conjunto de ensayos armado por Alberto Constante y José Alfredo Torres[12] que plantean un panorama preocupante, calificado de distópico, anunciando un fracaso de la educación digital y un horizonte gris con un profesor ausente. En otra edición colectiva de Jorge Cadena-Roa,[13] derivada de una serie de conferencias por YouTube, anotan aspectos negativos generados o profundizados por la contingencia sanitaria: aumentaron las desigualdades, el desempleo, abandono de la escuela[14] y estrés agudo,[15] sin dejar de señalar que también hubo personas con capacidad de afrontar la situación desventajosa. En cuanto al rubro específico de los efectos de la pandemia en lo educativo, son varios los apuntes en la edición orientada por Hugo Casanova,[16] sumando 34 artículos, en los que se insiste en la acentuación de las desigualdades, el riesgo de apuntalar una escuela autoritaria al ampliarse el espacio y tiempo escolar en el hogar, para vivir una total escolarización, señala Plá;[17] Mónica López y Santiago Rodríguez[18] documentan también el aumento del abandono por falta de acceso y aprovechamiento de la tecnología digital y ausencia de una mayor flexibilidad en el proceso de enseñanza; el acceso no sólo corresponde a un recurso didáctico sino como parte de una nueva pedagogía que incluye otros saberes, asienta Trejo-Quintana;[19] es notoria la mayor desventaja en las mujeres por la triple jornada y el mito de que están más preparadas para el cuidado, como apunta Zabalgoitia;[20] emerge el papel de la religión y los imaginarios, cuando las realidades están entremezcladas, la incertidumbre se generaliza y la difusión de rumores inunda el espacio cotidiano; Castañeda[21] observa que la gente acude a ciertos símbolos religiosos para encontrar esperanza en un ambiente social con pocas certezas; en una encuesta aplicada a estudiantes universitarios Zayas, Gonzáles y Barrón señalan los efectos negativos en el rendimiento escolar,[22] y además de las diferencias de género y edad, Martín Zepeda incluye lo relativo a la diversidad sexual.[23]

Alfredo Nateras[24] destaca el valor simbólico de la familia en las juventudes, a pesar de las tensiones, ya que en las situaciones complicadas y difíciles recurren a ella. Revaloran lo que tenían, hacían y habían dejado de hacer antes del covid-19, como cultivar los vínculos familiares. Surge así una discontinuidad y permanentes cambios marcados por altas y bajas en las emociones, afectos y sensaciones como: llanto, enojo, tristeza, aburrimiento, hartazgo, estrés, depresión, irritabilidad, tedio, pereza, frustración, desesperación, miedo, espanto, incertidumbre, ataques de pánico, ansiedad, dificultad para descansar y conciliar el sueño, en gran parte de las y los jóvenes entrevistados.

 

RS de la experiencia escolar y doméstica durante la pandemia

Existen varias opciones para trabajar sobre el pensamiento social. Elegí la teoría de las representaciones sociales (rs) por la clara conexión entre el nivel teórico y metodológico. Serge Moscovici[25] retomó la idea de representaciones colectivas de E. Durkheim para generar su teoría de las rs, a mediados del siglo xx, como una opción más amplia y compleja frente a los estudios sobre percepciones y opiniones que venían desarrollándose dentro de la psicología social, articulando lo cognitivo, social, cultural e histórico en un mismo concepto para estructurar un sistema sociocognitivo compuesto por información, prescripciones, actitudes y afectos. Más adelante, Jean-Claude Abric[26] logra atender una constante preocupación socioantropológica por identificar los elementos principales o centrales sobre otros de orden secundario, en un sistema cultural; desde una perspectiva estructuralista, Abric señala que las rs están compuestas por dos subsistemas, uno nuclear y otro periférico. Jerarquía mencionada por Moscovici, pero no atendida teórica ni metodológicamente como lo cubre Abric. Estructura en donde el núcleo remite a la cultura e historia colectiva de los sujetos, mientras la periferia corresponde a lo contingente, coyuntural e individual. En un primer acercamiento referiré a los principales componentes nucleares de las rs emitidas por cinco mujeres universitarias de El Salvador (Centroamérica).

En términos metodológicos existe una amplia literatura para identificar estadísticamente los componentes nucleares y periféricos. Mientras, en el intento de formular una ruta más “cualitativa” existen estudios que recurren a la narrativa de los sujetos, conforme a la línea general de Serge Moscovici, quien apuntó la jerarquía interna de las RS sin desglosarla como lo propone Abric.[27] Por ello, otro objetivo de la investigación es aplicar una estrategia analítica más sistemática para reconocer la estructura jerárquica representacional contenida en los relatos. El procedimiento consistió en adaptar el esquema semiótico de Juan A. Magariños[28] para identificar los componentes nucleares en los testimonios de las mujeres universitarias. La primera tarea que recomienda Magariños es normalizar un texto eliminando la puntuación (comas, puntos, punto y coma, etcétera) para identificar las frases básicas (sustantivo-verbo-sustantivo), intentando establecer el discurso emitido por el sujeto de estudio. Una siguiente labor es identificar los conceptos básicos del discurso emitido. La tercera actividad consiste en establecer el significado otorgado a cada concepto, ubicado conforme a los ejes de sentido pautados por los diferentes enunciados en que aparece el concepto establecido, conforme a la categorización del investigador.

A tono con Alfredo Nateras,[29] que propone pesquisas más libres y plásticas con el objetivo de indagar la realidad social inmediata, realicé un acercamiento consecutivo a la experiencia de estudiantes salvadoreños/as cuando estaban en confinamiento por la pandemia. En el contexto de pandemia cobró relevancia la etnografía digital,[30] que posibilita las pesquisas de lo que acontece on line y de manera remota, empleando diversos dispositivos tecnológicos. Horizonte que amplió la noción de “campo” en la etnografía, dejó de estar restringido a la vida social en off line. Al investigar en línea aumentó la aplicación de cuestionarios (se han hecho recurrentes los formularios de Google), en menor medida las entrevistas dirigidas y estructuradas[31] y hubo solicitud de autorrelatos pero sin ser analizados,[32] por ello era importante atender este adeudo.

Oscar Lewis,[33] cuando publicó su trabajo acerca de la cultura de la pobreza, decidió narrar lo que acontecía durante un día ordinario de la vida de cinco familias en la ciudad de México. Tal propuesta me permitió considerar la viabilidad de solicitar a estudiantes salvadoreños/as que describieran cómo transcurría de manera cotidiana su vida en confinamiento,[34] petición que derivó de haber ofrecido una conferencia sobre historia oral y patrimonio cultural en la que señalé la importancia de sus experiencias de vida personales como parte de la historia local; el contexto académico facilitó el interés en narrar parte de su vida cotidiana en confinamiento, rapport necesario para transitar hacia la mirada emic de los sujetos sociales.

La estrategia metodológica fue armada con estas referencias: documentar antropológicamente y de manera inmediata parte de la situación derivada por el encierro y la pandemia por covid-19, establecer una comunicación remota con jóvenes universitarios/as salvadoreños/as para producir autorrelatos donde describieran la cotidianidad del encierro, contenido narrativo que es analizado semióticamente para identificar su conocimiento acerca de la experiencia del cambio abrupto en su vida social y cultural.

Los resultados que expondré son producto de cinco relatos etnográficos (de un total de 16, 13 de mujeres y 3 de hombres) escritos por jóvenes universitarias de la carrera técnica en Gestión Tecnológica del Patrimonio Cultural, durante el primer semestre de 2020. El Instituto Tecnológico Centroamericano (itca) surgió en 1965 con diversas carreras tecnológicas, bajo la promoción de la Fundación Empresarial para el Desarrollo Educativo (Fepade). En 1999 inauguran la Sede ubicada en Santa Ana, al occidente del país. Los valores que promueven en la institución son la excelencia, integridad, espiritualidad,[35] cooperación y comunicación, para derivar en profesionales de calidad y sentido empresarial. En ese contexto académico destaca la profesión referida al patrimonio cultural.

Las jóvenes habitan en un área semirrural, viven con su familia (extensa) ayudando en los quehaceres domésticos y las actividades económicas familiares (particularmente, el comercio y los servicios). Con una edad promedio de veinte años y solteras, a excepción de dos de ellas, que rebasan los treinta años (casadas y una con una hija que estudia el bachillerato). Todas inmersas en diversas actividades religiosas y animadas por formarse en los estudios elegidos.

Haber elegido estudiantes salvadoreños obedece a la intención de mantener el trabajo docente e investigativo en un lugar fuera de México, planteamiento que inicié en el año 2007. Ofrecí un curso sobre antropología mexicana y posteriormente llevé a cabo estudios en coautoría con antropólogas salvadoreñas, con la participación de estudiantes universitarios de El Salvador. De manera reciente, me surgió el interés y la necesidad de concretar una investigación a distancia como ejemplo para mis alumnos/as de la etnografía digital, que se volvió una opción para los cursos de métodos durante los años 2020 y 2021 (de la enah y otras universidades).

 

Un día cotidiano durante el confinamiento

Para apreciar un panorama de la vida cotidiana de las jóvenes salvadoreñas, ofrezco una descripción sintética (conjuntando varios pasajes de sus relatos), acerca de sus actividades, interacciones sociales, pensamientos y emociones derivadas de estar en confinamiento por la pandemia. Inician narrando su vida normal antes del encierro obligado para pasar a la desagradable noticia y realidad.

Estaba en un día tranquilo y cotidiano, como era mi rutina, me levanté, me alisté y luego tomé camino para ir a estudiar. (Fabiola). [36]

Eran aproximadamente las 5 de la tarde cuando llegué a casa, un día normal, después de estar sentada todo el día recibiendo clases, era tan feliz llegar a casa […]. (Karen).

Mi vida era normal, bueno lo que yo creía que era normal, nadie estaba preparado, nadie se había preocupado por su salud e higiene personal […]. (Vianey).

Los domingos con mi mamá íbamos a Metro, a comernos un sorbete o un café, igual yo salía con mis amigas a distraernos a Metro. El único lugar que hay en Santa Ana, donde reunirse y pasar un rato, de charlar con nuestros amigos (Rosa).

De inmediato deviene la sorpresa de un evento inédito para ellas:

No estábamos preparados, nadie lo estaba. (Gladiola).

Todo comenzó el miércoles 11 de marzo de 2020, yo venía de estudiar ese día, eran las 4:20 de la tarde cuando llegué a la casa, y mamá estaba viendo las noticias […]. (Gloria).

A pesar de tener información de lo que estaba sucediendo en el mundo, negaban la posibilidad de que la pandemia se instalara en su país.

[…] Antes pensaba que este virus no afectaría a mi pulgarcito El Salvador, todos estábamos tristes y sentimos impotencia al saber del primer caso en nuestro país […]. (Helena).

[…] Ni que unos días atrás nos dimos cuenta que, al otro lado del mundo, un virus había traído consecuencias horribles a la vida de las personas […]. (Karen).

[…] En Latinoamérica no pensaban en la posibilidad de esta enfermedad tocara la población, ya que se encontraba al otro lado del mundo. Sin imaginarse, de que finalmente llegó a América esa enfermedad, es extremadamente rápida. En El Salvador no nos imaginábamos que esa enfermedad tocara tierras salvadoreñas. (Vianey).

En un instante advierten, con alarma, el carácter letal del virus:

Esta pandemia es aislamiento, fragilidad, pena, exterminación, muerte y alarma. (Helena).

Por primera vez en la historia, el mundo se ha detenido. (Estela).

Ante el impacto del virus hay alerta, desazón. Pero, pasado el primer momento de angustia, activan los cuidados sanitarios para hacer frente al posible riesgo de contagio y muerte.

En ese momento “cuarentena” era una palabra desconocida, pero ejemplificada en los próximos días, de pronto nadie salía, sólo si era necesario y con un protocolo casi implacable.

¿Llevas todo? —mi hermana siempre previsora— No se te olvide la mascarilla, llevá alcohol, que no se te acerquen mucho, llevate[37] este bote rociador de alcohol puro, leí que mata el virus como en 5 a 10 segundos, y no se te olvide la lista que ya no vas a salir. Llevo todo, no te preocupes, tené listos los guacales para cambiarme aquí y echar todo en Rinso, la espuma también los mata y también para echar las verduras, que todo tiene que estar lavado, ahí lavas el patio, también para poner todo al sol. (Karen).

Junto a las defensas sanitarias emergen de forma sólida las interacciones familiares, religiosas, de amistad y solidaridad.

Mi familia es mi mayor tesoro y mi lugar en el mundo. (Estela).

Entre cosas que se han hecho favoritas para mí dentro de esta cuarentena es que hemos pasado más tiempo en familia, podemos comer todos juntos, rezar en familia, repartirnos las actividades de aseo en nuestro hogar y pasar muchos ratos felices y graciosos. (Fabiola).

Vivo un día a la vez gozando en familia, almorzando juntos todos los días, intentamos reír y bromear. Le agradecemos a Dios que todos nuestros familiares estén bien y al menos tenemos qué comer y nos tenemos los unos a los otros, aunque sea en la distancia. (Gladiola).

En mi comunidad el día 15 de mayo fueron a dar víveres a las personas más necesitadas, que pedían ayuda con camisas blancas, ponían “necesito ayuda” ya que no tenían que comer. Recolectaron dinero con los vecinos, con unas tías que ofrecieron víveres para donárselos y repartírselos, les llevó. (Rosa).

La actividad educativa deja de ser una labor estimada para convertirse en un gran peso por la dinámica pedagógica y la economía familiar mermada.

Cuando comenzaron las clases estaba muy entusiasmada […] todo lo que iba a aprender. (Virginia).

Toda la carga se vuelve más pesada, iniciando por el hecho que el sistema de educación se basa en tareas, tareas y más tareas. (Ivana).

Y así estamos todos, tratando de entender cómo usar cosas que ni sabíamos que existían, enviando tareas y ayudándonos entre los que podemos, porque tenemos la esperanza de que va a pasar pronto todo esto, que sólo fue una pausa. (Karen).

El estudiante, aunque digan lo contrario, siempre sale perjudicado, no consideran que el permanecer conectado requiere un costo, uno que muchos no tienen, porque dependen de cierta forma de sus padres o de otra fuente económica, es triste ver la cartera con unas cuantas moneditas y tener que hacer una reunión familiar para decidir si se gasta en una recarga o en tortillas o ponerse a sacar las monedas ahorradas en el típico cerdito. (Ivana).

Enfrentaron la doble problemática pedagógica (educación virtual) y económica con la red de amistades, la familia y Dios.

En lo personal pensé retirarme, porque no podía presionar a mamá para que me ayudara con esos gastos, ya que perdió el trabajo a causa del covid. Realmente no estaba en mis manos poder seguir. Pero al platicarlo con mi madre me dijo que tuviéramos fe, de que Dios nos ayudaría, para que yo pudiera estudiar. No accedo a las clases, pero gracias a Dios he encontrado a personas muy lindas que me ayudan mandándome todas las actividades, para que yo las realice y poder enviar las tareas, y es así como puedo seguir estudiando, aunque creo que me cuesta aprender en casa, no es lo mismo que estar presencial, pero estamos conscientes de que los trabajos, estudios en línea, tarde o temprano se iban a implementar, pero para las personas que no tenemos como acceder a esas comodidades es complicado. Porque no es que no queramos, es porque no podemos. (Vianey).

No obstante, la serie de circunstancias difíciles emerge una mirada positiva, amparada por sus creencias y prácticas religiosas. Además, aparece un tono reflexivo favorable.

Pero, con todo y los inconvenientes, carga académica, problemas económicos y demás, agradezco estar sana y salva con mi familia. (Estela).

Bueno, por otro lado, la pandemia nos ha unido como familia, ya que hacemos cosas unidas, lo que antes no podíamos ya que estábamos atados en el mundo. (Nancy).

Emocionalmente creo que me ha afectado un poco el estar encerrada ya que no salía mucho, pero me hace falta ir a la iglesia y reunirme con el grupo de jóvenes y verlos a ellos, porque ellos son de las personas que más quiero. (Gloria).

Con el paso del tiempo surge una narrativa reflexiva positiva de su vida.

Pues, [en] un principio era duro, pero hoy estamos luchando para que todo esté bien, hay bajas y altas, pero saldremos de ésta. (Nancy).

Aunque no todo es malo, he aprendido a ser más cuidadosa, a valorar lo mucho y lo poco que tengo, o a quienes están a mi lado, a llevarnos bien, en paz y armonía, con los miembros de mi familia, apreciar las pequeñas cosas que Dios nos brinda cada día. (Vianey).

Mi confianza la he puesto en mi Dios, que es quien tiene la última palabra y quien conoce el futuro que nos espera. (Carmen).

Perspectiva que orienta a una adaptación favorable en las nuevas circunstancias de encierro, de mantener y fortalecer la sociabilidad (religiosa, por ejemplo).  

Fueron canceladas varias actividades, como las religiosas, por lo que también se tuvieron que adaptar al mundo virtual, y es así como con mi familia sintonizamos las actividades religiosas. […] recuerdo que muchas personas empezaron a crear grupos de oración en WhatsApp, Facebook y otras redes [...] La Semana Santa también fue diferente, ya que no se pudo realizar las actividades con feligreses, sino que el sacerdote, junto con una o dos personas, transmitían todos los actos religiosos por medio de diferentes medios de comunicación y los vivíamos con nuestra fe desde casa” (Fabiola).

Algunas personas de la iglesia donde mi madre se congrega nos han ayudado y han llegado en el momento adecuado, eso quizás es la esencia de una verdadera iglesia, ayudar al necesitado sin pedir nada a cambio. (Gladiola).

Salí esos dos días, porque con mi grupo de la iglesia ya teníamos un drama para la iglesia el día domingo, habíamos ensayado días anteriores y llegó el domingo y lastimosamente no lo hicimos. (Gloria).

Insisten en establecer un balance positivo de las relaciones sociales, la religiosidad, de existencia y de aprovechar la experiencia de la pandemia y el confinamiento para ser mejores personas.

Creo que esta situación tiene cosas buenas y malas, pero nuestro deber es siempre estar con una actitud positiva y sacar a relucir todo lo que en este tiempo esté a nuestro alcance y confiar en Dios y pedirle su misericordia. (Fabiola).

Me pregunto: si estamos en nuestras casas (dejando de lado el factor económico), con nuestra familia, con salud, cumpliendo con las normativas, no estamos en primera línea viviendo cuadros desgarradores, donde las personas sufren y hasta mueren ¿Qué tan mala puede ser la cuarentena? ¿Cuántos habíamos perdido a nuestras familias sin saberlo? ¿Qué es lo que realmente nos importa, como personas? ¿Qué nos aqueja tanto, que no nos permite valorar lo que tenemos? ¿Qué más se necesita para recapacitar? [...] Espero que estas personas al igual que como yo, puedan tener muchos momentos y memorias felices con sus familias y gocen de buena salud. Puede que nuestra familia no se la ideal, que a veces nos hayan hecho meditar sobre nuestra fortuna al tenerla o que nos desesperen las discusiones, pero poder compartir nuestra existencia constituye la mayor bendición de la vida. Nunca ha estado más claro que la sociedad somos todos y todos nos necesitamos mutuamente para funcionar con dignidad y eficacia (Estela).

 

Representaciones sociales y emociones

Moscovici,[38] al momento de ofrecer la teoría de las representaciones sociales, señaló la necesidad de atender el sentido antropológico del contenido de los cognemas (componentes básicos de una rs), que prefiero calificar como descriptores. Retomé esa indicación y transité del sistema compuesto por información, prescripciones, afectos y actitudes a pensarlo en términos de ideas, normas, valores y afectos, como estructura cultural,[39] considerando que las representaciones sociales son una forma cultural —siguiendo a Thompson—[40] que permite a los sujetos comunicarse, explicar, justificar y guiar su vida cotidiana, además de identificarse entre quienes las comparten.[41]

Las fuentes que procuran la génesis de las rs son varias, en el caso que nos ocupa destacan la experiencia directa de confinamiento y pandemia, la información gubernamental, las noticias en los medios de comunicación, junto a las conversaciones familiares y de vecinos.

Los relatos fueron recabados durante los primeros meses del enclaustramiento en 2020. Dando un total de 16 (13 de mujeres y 3 de hombres). Amplia diferencia en los números que limitaba la viabilidad de realizar un análisis comparativo equilibrado por género, razón por la cual preferí concentrarme en los testimonios de las alumnas. Tras una revisión general de su contenido, advertí elementos comunes. Por lo que elegí las narrativas más amplias y con información diversa para aplicar el esquema analítico de Magariños.[42] Empaté la estructura semiótica de su modelo a la forma estructural de una rs, logrando identificar varios descriptores (cognemas) nucleares,[43] conforme a la mayor frecuencia de aparición en el conjunto de frases identificadas, destacando cinco: yo (Sujeto) con 190 apariciones en el discurso de las cinco mujeres universitarias, que representan un 45.0 % del total de enunciaciones. En segundo lugar, pandemia (Evento), con 87 recurrencias, lo que significa el 24.0 %. Enseguida aparecen las personas (Familia-Amigos-Todos) (Sujeto), con 80 enunciaciones, expresando un 19.0 %. El cuarto elemento que refieren es Dios (Sujeto), con 33 menciones, equivalente al 8.0 %. Por último, incluyen Casa (Espacio), con 15 señalamientos, sumando el 4.0 % restante.

 

Figura 1. Fuente: elaboración propia.

 

El sistema nuclear anuncia un sentido fuertemente subjetivo ubicado en el espacio doméstico dejando fuera lo escolar (figura 1); ello constituye un resultado notorio si se considera el tiempo diario empleado en esta actividad y la irrupción de lo escolar-institucional-público dentro del ámbito familiar, lo cual afectó la organización doméstica. Las jóvenes no le otorgan la primacía nuclear, sino que ocupa la periferia, lo coyuntural. La casa (hogar) las alberga con su familia y Dios, siendo invadido por la pandemia que llega del exterior.

Al analizar el sentido otorgado a cada elemento nuclear, conforme a los ejes conceptuales (siguiendo a Magariños), la primacía descansa en las emociones y expectativas, mientras que lo económico ocupa un lugar intermedio, para dejar a lo educativo en una posición marginal. El siguiente paso permitió advertir las acciones específicas que otorgan significado a cada referencia, ordenadas en tiempo presente (emociones) y futuro (expectativas), además de indicar la valoración respectiva. Emerge una mirada fuertemente positiva en sus representaciones.

Al comparar los resultados obtenidos con los generados por otros investigadores (previamente citados), aparecen similitudes y diferencias. La importancia otorgada a la familia coincide con la encuesta que aplicó Alfredo Nateras a jóvenes mexicanos.[44] En cambio, existe una discrepancia con las referencias religiosas. Rafael Castañeda[45] indica que la situación adversa provocada por la pandemia llevó a las personas a ampararse en elementos religiosos para elaborar un sentido esperanzador; mientras, las jóvenes salvadoreñas no remiten a una táctica momentánea. Su religiosidad contiene una trayectoria cultural. La figura divina de Dios la ubican como elemento nuclear (en sus representaciones sociales), las prácticas sociales prepandemia incluyen actividades frecuentes con sus comunidades religiosas. En un trabajo de Ramos y Guardado[46] con maestras rurales salvadoreñas, en las trayectorias biográficas refieren continuamente a Dios para explicar los logros en el transcurso de sus vidas en los ámbitos personal, familiar, escolar y laboral. En otra investigación, etnográfica, con habitantes de una colonia urbana, en la capital salvadoreña, Ramos y Ortiz indican la importancia de Dios frente a los múltiples riesgos que frecuentemente van sorteando.[47]

La atmósfera religiosa que provee seguridad para salir adelante frente a la presente coyuntura sanitaria, además, orienta un comportamiento positivo con los demás (familiares, amigos, vecinos) basado en el amor. Conducta favorable hacia la vida, que permite solventar afectivamente los estados negativos de ánimo, citados por otros autores. Lo anterior se contrapone al aumento del suicidio en Japón, como lo anota Emilia Yáñez.[48] Las jóvenes salvadoreñas establecen el amor como eje conductor social, contrario al coraje que acota Alberto Gárate[49] para enfrentar la desesperanza.

Una divergencia más respecto de otras investigaciones que reportan un aumento en la violencia intrafamiliar, en los relatos no la señalan de manera directa, como tampoco la mencionan referida a vecinos o que hayan escuchado. Por el contrario, el énfasis recae en el reforzamiento de los lazos familiares y de la participación de todos los miembros en las tareas de cuidado y domésticas.

 

Cultura afectiva femenina

La representación social que ofrecen las universitarias salvadoreñas expone un carácter sólidamente afectivo (emociones y sentimientos). Silvia Gutiérrez, María Isabel Arbesú y Juan Manuel Piña[50] anuncian el lugar preponderante que ocupan las emociones dentro de las rs al establecer y reforzar los núcleos de significado, que para el caso de las jóvenes salvadoreñas advertimos una doble relevancia, pues los componentes nucleares de sus rs están significados en términos afectivos. Los sentimientos positivos señalados cuentan con una amplia trayectoria avalada por la educación religiosa y familiar, apuntalada por la continua interacción social con sus pares religiosos y su red de amistades. Disposición integrada de sentimientos aprendidos que corresponde a la idea de cultura afectiva de David Le Breton.[51] Sistema de emociones y sentimientos que empata con la estructura jerárquica representacional de las jóvenes salvadoreñas.

Una función de las rs es comunicar (informar, describir y explicar). Comunicación aplicada a la situación vivida en aislamiento en 2020. Las jóvenes describen un sistema de interconexiones con sus familiares, amigos, vecinos, Dios y la pandemia desde su casa (figura 1), ofreciendo una explicación valorada y afectiva del momento experimentado (figura 2). Las emociones y sentimientos otorgan sentido a las rs de lo que ocurría en su vida diaria.

La pandemia es concebida como una entidad ajena, peligrosa e invasiva que trae consigo la muerte (flecha azul, de derecha a izquierda, en el croquis), pudiendo colapsar y destruir el espacio vital (el hogar), por lo que la reacción inmediata fue desesperante y sufrida. Enseguida dan lugar a las acciones de enfrentar y luchar contra ella y sus efectos, aplicando medidas sanitarias (limpieza, desinfección, sanitización, uso de cubrebocas) y sociales (mantener la sana distancia).

Las universitarias se significan como agentes activos para contrarrestar la conquista pandémica. Actoras reflexivas que valoran lo que tienen (principalmente la vida) y pretenden aprovechar la coyuntura adversa y convertirse en mejores personas, seres humanos. Configuran un sistema de creencias, valores y sentido de unificación para orientar un proceso de cambio, mejoramiento y de perseverar para iniciar una nueva etapa de vida (ver figura 2).

 

Figura 2. Fuente: elaboración propia

Las jóvenes cuentan con un valor afectivo, amar (en negritas), que nuclea la rs positiva, que además fomenta y apuntala los procesos de la existencia social (estar y ser) para sentir y disfrutar la vida. Panorama de fuerte contraste con las imágenes negativas reportadas en otros estudios de personas estresadas, depresivas, tristes, etcétera; solicitan apoyo psicoterapéutico, ante la falta de un componente afectivo altamente valorado (religioso o alternativo), como el vínculo amor-Dios que muestran las universitarias salvadoreñas.

El funcionamiento sólido de ese sentimiento deriva de la posición nuclear en la rs, indicando una trayectoria cultural dentro de la colectividad de pertenencia. Las salvadoreñas han sido educadas con el binomio teológico amor-Dios, que practican activamente en sus comunidades religiosas (católicas y evangélicas), manteniendo los compromisos espirituales por internet (misas en línea y demás prácticas) o reconstruyen el espacio doméstico como lugar sacro. La religiosidad está presente en las continuas expresiones discursivas de gratitud y confianza hacia Dios por otorgarles vida y esperanza.

Tales sentimientos son valorados y construidos por la educación familiar y eclesial, mientras la educación formal no ofrece valores afectivos alternativos que complementen su perspectiva y acción social, por ello es comprensible que lo escolar no sea tan significativo (nivel periférico) para las universitarias ante un peligro que puso en riesgo su vida y existencia social.

Con el análisis semiótico de las narrativas descubrí que las jóvenes perciben la coyuntura en tres tiempos: una vida normal pretérita, un presente difícil y un futuro promisorio, contorno temporal para advertir una situación de cambio, que valoran enfáticamente de manera positiva.

En párrafos previos mostré la narrativa explicativa de las jóvenes salvadoreñas sobre la experiencia de su vida cotidiana en confinamiento. Ahora, interesa destacar tres aspectos de lo ocurrido: el cambio en la trayectoria de sus vidas, la agencia social de las alumnas y su cultura familiar y religiosa.

Cuando establecí contacto con las/os estudiantes, les expuse la idea de ligar las experiencias personales con la historia local y regional, proposición compatible con la de Carmen Leccardi,[52] quien considera que en la vida cotidiana se hace historia, revalorando el espacio privado de la casa. Fórmula que invita a mirar más allá de las actividades rutinarias del día a día.

Las salvadoreñas marcan tres momentos en sus trayectorias vitales, según Cárdenas y Hein,[53] donde el punto de inflexión es la presencia abrupta del virus mortal, llegado del exterior. Hito que pauta la narrativa en un tiempo pre (pasado), post (futuro) y pandémico (presente). Describen cómo en el pasado llevaban una vida normal, hacían sus actividades rutinarias propias de cada espacio y tiempo diferente (escolar, familiar y religioso), derivadas de los distintos subproyectos de vida:[54] personal, académico, familiar y religioso. Daniela Soto, en su estudio con mujeres trabajadoras contempla el personal, familiar y laboral. En el caso de las alumnas salvadoreñas indican en sus relatos su experiencia escolar y religiosa, pues ese horizonte sufre una radical transformación en el presente, por el confinamiento, al empalmarse las actividades y tiempos en un solo espacio (privado), el de la casa. Mantienen los subproyectos personal y académico, pero en menor escala, al tiempo que remarcan lo correspondiente al familiar y religioso.

Ana Cárdenas[55] enfatiza las expectativas en la trayectoria de vida, que en las estudiantes salvadoreñas imaginan regresar a la vida pretérita en el futuro, con la separación temporal y espacial de sus actividades ligadas a sus subproyectos vitales equilibrados; pero, con la adición de una labor reflexiva y valorada de sus vida y existencia social, en la perspectiva de mejorar, incluso de renacer (no hay una muerte física, es simbólica, en el presente).

El eje nodal de la experiencia es la confrontación entre la muerte latente provocada por el virus y la vida protegida por Dios. En la experiencia relatada, las jóvenes salvadoreñas subrayan su agencia social, personal y enfáticamente colectiva. Refieren a la participación de todos en la familia, en las acciones sanitarias, escolares (incluyendo a sus compañeros del Instituto) y religiosas (involucran a sus respectivas iglesias), principalmente. De compartir los alimentos, los momentos agradables y sentirse afectivamente unidas.

Con frecuencia, en la antropología se piensa en experiencias colectivas (acompañadas por la solidaridad y reciprocidad) de carácter étnico; sin embargo, en el presente estudio remito a familias semirrurales, localizadas en el occidente del país. Entre salvadoreños comentan la existencia de una diferencia notoria (cultural e histórica) entre la gente de Santa Ana y San Salvador (ciudad capital).

Agencia social que es una base sólida para afrontar los cambios provocados por la presencia intempestiva de un virus mortal. Peligro que rebasa sus acciones personales y familiares por lo cual requieren del apoyo y protección divina. Respaldo metafísico que deviene y promueve mantener y reforzar las actividades religiosas, matizando otra dimensión de su agencia.

 

Conclusiones

Un reto a cubrir en la coyuntura social y sanitaria provocada por la pandemia del covid-19 era realizar investigación inmediata para ofrecer algunas respuestas provisionales sobre lo que estaba aconteciendo. En ese contexto quedó inscrito el proyecto de conocer la experiencia de vida de jóvenes universitarios salvadoreños en situación de confinamiento.

En la antropología interesa acercarse a la mirada emic de los propios sujetos, que con el uso de la teoría de las representaciones sociales posibilita acceder a su conocimiento acerca de vivir encerrados frente al riesgo letal del virus.

Para cubrir el objetivo fue menester generar una estrategia metodológica compuesta por la etnografía digital, una teoría apropiada (de las rs) y el análisis semiótico de los datos. La colaboración de los sujetos, en el registro de un día de su vida cotidiana en confinamiento (así como Óscar Lewis lograba atrapar la vida familiar), permitió generar relatos etnográficos. Narrativa analizada con un modelo semiótico para acercarse a la perspectiva emic de las jóvenes salvadoreñas, donde describen, explican y establecen sus expectativas ante el peligro experienciado en sus vidas. La etnografía digital ya estaba en uso antes de la pandemia, pero en el contexto de confinamiento adquirió un fuerte impulso para indagar sobre lo que estaba ocurriendo en lugares distantes con tiempos diferentes, integrando la vida social dentro y fuera de línea. La investigación de campo amplió su sentido. La comunicación ocurría de manera sincrónica entre sujetos ubicados en contextos distintos y asincrónica con el apoyo de la grabación de voces e imágenes; tal variación tecnológica permitió el contacto a distancia, directo y diferido con los y las estudiantes salvadoreñas.

La etnografía virtual permite el contacto remoto, sincrónico y asincrónico, modificando el horizonte de la “investigación de campo”. Por ejemplo, para la pesquisa la elaboración de los relatos ocurrió en un tiempo diferente al momento de la invitación e indicaciones para prepararlos. Después del momento sorpresivo y de alerta las jóvenes logran ordenar su pensamiento al tiempo de la situación: describir una vida normal en el pasado (previa al encierro), una vida activa en el presente y la expectativa de una existencia mejorada en el futuro. Refieren al tránsito ocurrido en sus vidas, del miedo sentido a la acción personal, familiar y de amistad amparada por el amor, sentimiento inculcado en la familia y comunidad religiosa. Su perspectiva (rs) es sólidamente subjetiva al destacar los diversos sujetos sociales (ellas mismas, sus familiares, amigos, vecinos y Dios) en acción, para enfrentar el peligro inesperado y del riesgo de romper su vida y existencia personal y social.

Al tratarse de los componentes nucleares, es comprensible que los afectos posibiliten a estas mujeres para percibir el presente y futuro de forma sólidamente positiva, necesaria para enfrentar un evento tan fuerte como la pandemia. La educación familiar, social y religiosa les otorga un sentido y existencia social en el mundo, mientras que la educación escolar sólo ofrece información técnica, operativa, pero no para la vida en un sentido profundo y humano. Sobresale su agencia social en la imagen construida sobre sí mismas dentro de la experiencia vivida. Articulada a una identidad y pertenencia familiar y religiosa, dotando de un carácter colectivo a las actividades cotidianas.

Proyectando una posible situación en la formación profesional de los estudiantes para la fase de postconfinamiento, los efectos del cambio vivencial los sitúan como universitarios que no cubren de buena manera su formación académica-profesional. Pero, las instituciones escolares dan por hecho que están atendiendo escolarmente a los estudiantes vía la educación digital, cuando eso no sucede, como lo indican las jóvenes del estudio (y sólo ocurrió una saturación de tareas escolares sin acompañamiento del docente). Los estudiantes postconfinamiento tienen una ausencia formativa de dos años (con una economía familiar mermada y un luto emocional), por lo cual es menester pensar en estrategias pedagógicas adecuadas para resarcir el daño educativo provocado por la pandemia y el encierro. Sin olvidar, en nuestro ejemplo, que son jóvenes universitarias con una agencia social expresada en una actitud positiva sustentada en la unión familiar, sus creencias religiosas y una red de amistades. Convendrá indagar sobre las experiencias de vida de otros/as estudiantes universitarios/as para pensar en los tipos de educación a nivel superior, más pertinentes y adecuados para el retorno a la vida escolar presencial.

 

[1] Efraín Bámaca-López y Luis Jorge Orcasitas, Comunicación, educación y tecnología (São Carlos: Pedro & João Editores, 2021).
[2] José Luis Ramos, “Representaciones sociales de experiencias educativas infantiles (Ciudad Juárez, México)”, icom Education, vol. 29 (2020), 247-257.
[3] Claudia Infante, Ingrid Peláez y Liliana Giraldo, “Covid-19 y género: efectos diferenciales de la pandemia en universitarios”, Revista Mexicana de Sociología, núm. 83 (2021), 169-196.
[4] Alfredo Nateras, “Diferencias sociales juveniles: emociones, consumo de marihuana y encierro en tiempos de Coronavirus”, El Cotidiano. Revista de la Realidad Mexicana Actual, núm. 36 (2020), 67-82.
[5] Edizon León, “‘Nadie muere en las vísperas’: saberes y haceres sentipensantes en tiempos de confinamiento”, Revista de Ciencias Sociales. Dossier “Capitales, personas y conocimientos: flujos y contraflujos (post) pandémicos”, núm. 43 (2021), 63-76.
[6] Alberto Gárate, El profesorado frente a la pandemia. Relatos desde el curso del desastre (México: Octaedro, 2020).
[7] Gisela Salinas, Gabriela Czarny y Cecilia Navia, Relatos de docentes de educación indígena en tiempos de covid-19 (México: upn, 2021).
[8] Natalia Colombo, “La construcción discursiva del miedo en tiempos de pandemia. Un acercamiento a la dimensión pathémica de las narrativas políticas chaqueñas”, Revista Chilena de Semiótica, núm. 14 (2020), 26-40.
[9] Enrique Martínez, Ernesto C. Valenzuela y Lidia A. Zallas, “Estudiantes universitarios y la propagación del covid-19”, en Impacto de la pandemia covid-19 en el desarrollo social, coord. por Francisco Espinoza, Lidia A. Zallas y Leticia M. González (México: Fontamara, 2021), 39-50.
[10] Javier Carreón, José M. Bustos y Cruz García, “Actitudes hacia la pandemia ocasionada por el coronavirus sars-cov-2 y el covid-19”, en Impacto de la pandemia covid-19 en el desarrollo social, coord. por Francisco Espinoza, Lidia A. Zallas y Leticia M. González (México: Fontamara, 2021), 179-215.
[11] Óscar Macías, Silvio Quiñonez y Joel Yucra, Reflexiones docentes frente a la educación en pandemia y postpandemia. Aprendiendo juntos (Jerez de la Frontera: Asociación Formación IB, 2022).
[12] Alberto Constante y José Alfredo Torres, Covid: distopía educativa (México: Torres Asociados, 2021).
[13] Jorge Cadena-Roa, Las ciencias sociales y el coronavirus (México: unam / Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, 2021).
[14] Marta Clara Ferreyra, “Desigualdades y brechas de género en tiempos de pandemia”, en Las ciencias sociales y el coronavirus, comp. por J. Cadena-Roa (México: unam / Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, 2021), 153-172.
[15] Carolina Santillán Torres, “El impacto psicológico de la pandemia de covid-19 en México”, en Las ciencias sociales y el coronavirus, comp. por J. Cadena-Roa, (México: unam / Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, 2021), 185-196.
[16] Hugo Casanova et al., Educación y pandemia. Una visión académica (México: iisue-unam, 2020).
[17] Sebastián Plá, “La pandemia en la escuela: entre la opresión y la esperanza”, en Educación y pandemia. Una visión académica, comp. por H. Casanova (México: iisue-unam, 2020), 30-38.
[18] Mónica López y Santiago Rodríguez, “Trayectorias escolares en la educación superior ante la pandemia ¿continuar, interrumpir o desistir?”, en Educación y pandemia. Una visión académica, comp. por H. Casanova (México: iisue-unam, 2020), 103-108.
[19] Janneth Trejo-Quintana, “La falta de acceso y aprovechamiento de los medios y las tecnologías: dos deudas de la educación en México”, en Educación y pandemia. Una visión académica, comp. por H. Casanova (México: iisue-unam, 2020), 122-129.
[20] Mauricio Zabalgoitia, “Géneros, equidad y violencias en tiempos de covid-19: ¿dónde quedan la educación y la universidad?”, en Educación y pandemia. Una visión académica, comp. por H. Casanova (México: iisue-unam, 2020), 30-38.
[21] Rafael Castañeda, “Imaginarios y realidades de las epidemias”, en Educación y pandemia. Una visión académica, comp. por H. Casanova (México: iisue-unam, 2020), 217-224.
[22] María del Rosario Zayas, Leticia M. González y Modesto Barrón, “Estudio de la práctica educativa virtual que enfrentan los estudiantes universitarios”, en Impacto de la pandemia covid-19 en el desarrollo social, coord. por Francisco Espinoza, Lidia A. Zallas y Leticia M. González (México: Fontamara, 2021), 79-105.
[23] Martín F. Zepeda, “De la casa a la vida pública: problematizaciones de las juventudes para generar estrategias de cambio social a partir del encierro”, en Reflexiones desde el encierro: las juventudes frente a la pandemia, coord. por Ligia Tavera (México: Flacso, 2022), 23-31.
[24] Nateras, “Diferencias sociales...”.
[25] Serge Moscovici, El psicoanálisis, su imagen y su público (Buenos Aires: Huemul, 1979).
[26] Jean-Claude Abric, Prácticas sociales y representaciones (México: Ediciones Coyoacán, 2001).
[27] Moscovici, El psicoanálisis...; Claude Abric, Prácticas sociales...
[28] Juan A. Magariños, “Manual operativo para la elaboración de ‘definiciones contextuales’ y ‘redes contrastantes’”, Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, núm. 7 (1998), 233-254.
[29] Nateras, “Diferencias sociales...”.
[30] Han surgido diferentes denominaciones (etnografía virtual, digital, en el ciberespacio y netnografía) que intentan describir la complejidad y novedad del fenómeno sociocultural que implica la ocurrencia entre las situaciones on y off line. También empezaron a aparecer diversos textos sobre la temática, un ejemplo es el libro de César Augusto Rodríguez Cano, Hipermétodos. Repertorios de la investigación social en entornos digitales (México: uam, 2022); Sara Pink et al., Etnografía digital. Principios y prácticas (Madrid: Morata, 2019).
[31] Nateras, “Diferencias sociales...”.
[32] Salinas, Czarny y Navia, Relatos de docentes...
[33] Oscar Lewis, Antropología de la pobreza: cinco familias (México: fce, 1961).
[34] Agradezco a la profesora María Elena Guardado por su apoyo en el trabajo con los relatos de sus estudiantes.
[35] Destaca este valor considerando que el itca es una institución pública y laica. https://www.itca.edu.sv/.
[36] Los nombres verdaderos han sido sustituidos para respetar el anonimato solicitado por las jóvenes salvadoreñas, condición para autorizar el uso de la información de los relatos.
[37] Por la tonalidad en el habla salvadoreña, las palabras son acentuadas en la última o penúltima sílaba.
[38] Moscovici, El psicoanálisis...
[39] José Luis Ramos, Identidad socioétnica de maestros indígenas en México. Representaciones sociales y cultura (Madrid: Editorial Académica Española, 2012).
[40] John Thompson, Ideología y cultura moderna. Teoría crítica social en la era de la comunicación de masas (México: uam-x, 1993).
[41] Abric, Prácticas sociales...
[42] Magariños, “Manual operativo...”.
[43] Son los conceptos en el modelo de Magariños (“Manual operativo...”).
[44] Nateras, “Diferencias sociales...”.
[45] Castañeda, “Imaginarios y realidades...”.
[46] José Luis Ramos y María Elena Guardado, Trayectorias bio-espaciales de maestras (Morazán, El Salvador, Centroamérica) (Madrid: Editorial Académica Española, 2021).
[47] José Luis Ramos y Ana Silvia Ortiz, Vivir en la Pedrera. Entre el riesgo y la voluntad divina (San Salvador: IEHAA-Universidad de El Salvador, 2015).
[48] Emilia Yáñez, “Somos flores encerradas: la marca de vivir enclaustrados tanto en Flowers in the attic de V. C. Andrews, como en la generación del confinamiento durante la pandemia del covid-19”, en Reflexiones desde el encierro: las juventudes frente a la pandemia, coord. por Ligia Tavera (México: Flacso, 2022), 61-70.
[49] Alberto Gárate, El profesorado...
[50] Silvia Gutiérrez, María Isabel Arbesú y Juan Manuel Piña, “Emociones y representaciones sociales. El caso de los estímulos académicos”, en Representaciones sociales: emociones, significados y prácticas en la educación superior, comp. por O. Mireles (México: iisue-unam, 2014), 19-50.
[51] David Le Breton, Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones (Buenos Aires: Nueva Visión, 1999).
[52] Carmen Leccardi, “Tiempo y vida cotidiana. Las mujeres como sujetos de innovación cultural”, en Mujer(es), familia(s) y trabajo(s). Un debate internacional, comp. por A. Cárdenas y A. M. Yévenes (Buenos Aires: Teseo, 2018), 41-52.
[53] Ana Cárdenas T. y Kerstin Hein, “La mujer flexible. Puntos de inflexión biográficos y conducción de vida cotidiana de trabajadoras-madres”, en Mujer(es), familia(s) y trabajo(s). Un debate internacional, comp. por A. Cárdenas y A. M. Yévenes (Buenos Aires: Teseo, 2018), 165-210.
[54] Daniela Soto, “Proyectos de vida femeninos. (In)compatibilidad entre familia y trabajo remunerado en la modernidad”, en Mujer(es), familia(s) y trabajo(s). Un debate internacional, comp. por A. Cárdenas y A. M. Yévenes (Buenos Aires: Teseo, 2018), 211-248.
[55] Ana Cárdenas y A. M. Yévenes (comps.), Mujer(es), familia(s) y trabajo(s). Un debate internacional (Buenos Aires: Teseo, 2018).

Compártelo

  • Hamburgo 135, Colonia Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, CP 06600
  • (55)4166-0780 al (55)4166-0784

Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la opinión del editor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin la previa autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Contacto: narrativas_antropologicas@inah.gob.mx