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  • Reseña del libro: Memoria a través de la imagen, de Keith Dannemiller y Verónica Ruiz (Morelia: Laboratorio Nacional de Material

    Antonio Zirión Pérez


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  3. Reseña del libro: Memoria a través de la imagen, de Keith Dannemiller y Verónica Ruiz (Morelia: Laboratorio Nacional de Material

Reseña del libro: Memoria a través de la imagen, de Keith Dannemiller y Verónica Ruiz (Morelia: Laboratorio Nacional de Materiales Orales, ENES Morelia-UNAM, 2023)

 

 

Antonio Zirión Pérez
Departamento de Antropología, uam-i
zirion@xanum.uam.mx
https://orcid.org/0000-0002-6143-8079

Fecha de recepción: 15 de octubre de 2023
Fecha de aprobación: 14 de diciembre de 2023

 

Ventanas y espejos: el retorno de la fotografía a una comunidad de refugiados guatemaltecos en Chiapas

Memoria a través de la imagen es un libro tan bello como necesario, que nos invita a repensar los procesos migratorios en la frontera sur de México a partir de la memoria visual y desde una perspectiva diacrónica más amplia. En un momento en el que acaparan nuestra atención los acontecimientos recientes que circulan en los medios masivos de comunicación (las caravanas masivas, la llegada de flujos migratorios desde diferentes latitudes, las nuevas políticas migratorias entre México y Estados Unidos, el asedio del crimen organizado a lo largo de la ruta y la emergencia humanitaria que todo esto conlleva), esta obra nos ofrece —entretejiendo las fotografías de Keith Dannemiller con los textos de Verónica Ruiz— nuevos elementos y otros casos que nos permiten una comprensión más profunda e integral de los fenómenos migratorios presentes en nuestro país, en toda su diversidad y complejidad.

 

Fotografía documental y registro etnográfico

A finales de los ochenta, recién llegado a México, Keith Dannemiller comenzó una nueva etapa en su trabajo como fotoperiodista independiente, colaborando con la agencia Imagen Latina; en sus series y ensayos visuales adoptó una perspectiva humanista, más cercana a la gente, acaso menos periodística y más antropológica. Alrededor de esos años se suscitó una crisis humanitaria: miles desplazados mayas guatemaltecos, huyendo de la política genocida de “tierra arrasada”, cruzaron la frontera y se instalaron provisionalmente en Chiapas. Con la experiencia reciente de haber cubierto la primera Intifada (1988-1989), Keith se dispuso a retratar el éxodo de los refugiados guatemaltecos.

Desde los primeros momentos, durante la primera visita de Dannemiller a los campamentos de refugiados, en 1991, la cámara fotográfica fue un catalizador de encuentros. Por ejemplo, un niño que le pidió a Keith mirar a través de su lente con un gran telefoto para ver si alcanzaba a ver su hogar en Guatemala. Más allá de las fotos resultantes, esta anécdota es muy reveladora del poder de los medios audiovisuales para generar una calidad diferente de interacción con la gente. A partir de entonces y durante dos años el fotógrafo hizo varias visitas a los campamentos de refugiados en la zona fronteriza entre Chiapas y Guatemala, particularmente a El Colorado, para registrar la vida cotidiana y los procesos de adaptación de los refugiados mayas akatekas.

Casi treinta años después, Dannemiller regresó a las comunidades gracias a la mediación de Verónica Ruiz, investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social (deas) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah), quien recientemente había terminado su tesis doctoral sobre los procesos identitarios y de ciudadanización de los refugiados guatemaltecos en aquella zona de Chiapas. Así, Keith recabó un nuevo registro fotográfico que muestra un profundo cambio cultural, una transformación estructural en El Colorado. La arquitectura de remesas, la ropa moderna, los nuevos cultos religiosos, son algunos de los elementos que primero saltan a la vista. Las fotografías de Keith de este segundo momento muestran nítidamente lo que ha cambiado y lo que aún permanece, pero a fin de cuentas, revelan una integración relativamente exitosa de la población refugiada que decidió quedarse y habitar esa zona fronteriza de Chiapas, en torno a otras comunidades mayas en el sureste mexicano.

 

Fotografía y cambio cultural

Las fotos en blanco y negro, presentes en la primera parte del libro, fueron tomadas hace 30 años, en los primeros viajes de Keith entre 1991 y 1993. Esa primera serie de fotos, en las que se nota el grano y la textura de la película de 35 mm, nos remite al pasado durante la fundación del campamento de refugiados, muestran una tierra seca, agreste, inhóspita, hostil; vemos casas de palma y techos de lámina en medio del despoblado, mucha precariedad, niños desaliñados pero con mirada digna que posan con curiosidad y determinación frente a la cámara en medio de la nada, entre remolinos de viento y polvaredas. Llama la atención la presencia de utensilios de plástico y la omnipresencia de la Coca-Cola. Hay algunos retratos grupales de la chamacada, de mujeres y niñas cargando bebés, de los hombres trabajando en las primeras edificaciones en la comunidad. Todas las fotos muestran algún aspecto o detalle etnográficamente significativo de la comunidad; no obstante, una serie de seis u ocho fotografías en página completa o doble página (la fila de mujeres, la escena de fútbol, el camión de telas con el sol detrás, el grupo niños que miran de frente a la cámara, la niña con su muñeca, las niñas cargando bebés, el póster de Madonna dentro de un salón, el hombre cargando un costal de maíz (importado de Estados Unidos) son absolutamente extraordinarias, muy impresionantes.

Las fotografías digitales a color, presentes en la segunda parte del libro, provienen del regreso de Keith Dannemiller a El Colorado 30 años después, en 2019 y 2020, junto con Verónica Ruiz. Estas imágenes muestran, en primer lugar, la devolución de las viejas fotos a las personas retratadas. Se pueden identificar claramente ciertas continuidades, como las ollas de plástico que usan las mujeres para cargar agua, pero sobre todo resaltan los nuevos elementos modernos: motos, antenas, teléfonos celulares, ropa occidental moderna, casas de tabique y cemento, tinacos Rotoplas, luz eléctrica; hay menos bebés o niños, pero más más adultos y ancianos; hay nuevas iglesias, un fervor religioso que antes no había, pero también escuelas de educación media.

 

El estudio antropológico de los refugiados guatemaltecos en Chiapas

Por su parte, a través de dos textos, la historiadora y antropóloga Verónica Ruiz esboza de manera muy elocuente y sintética el contexto histórico que hizo que más de 100 000 mayas huyeran de Guatemala y cruzaran la frontera para refugiarse en Chiapas a principios de los años ochenta. Explica que no se trató de un flujo único y unidireccional, sino de una serie de tránsitos, en diferentes momentos, a veces de ida y vuelta. Con el paso de los años muchos retornaron a Guatemala, otros fueron reubicados en varios estados del sureste mexicano, algunos grupos permanecieron asentados en campamentos de refugiados que tiempo después se constituyeron como comunidades naturalizadas mexicanas, aunque muchos también quedaron indocumentados y marginalizados, en condiciones muy precarias, estigmatizados y discriminados por el racismo estructural que impera en nuestro país.

El silencio y el olvido les habían funcionado como estrategias de supervivencia, para borrar su propia identidad cultural —dejando atrás sus tradiciones, la lengua, las fiestas, las asambleas, los trajes típicos—, con el fin de adaptarse a un nuevo contexto o pasar inadvertidos entre los pueblos mayas vecinos. Las nuevas generaciones desconocían absolutamente su origen y la historia reciente de su pueblo (la violencia, la guerra, el exilio, el asentamiento).

Verónica Ruiz da buena cuenta de cómo en los últimos años se han complejizado los procesos migratorios de las comunidades mayas transnacionales, que siempre habían aprovechando la porosidad de la frontera sur de México, pero ahora se han tornado de tres bandas: transitan entre el norte de Guatemala, el sur de México y se extienden hasta Estados Unidos y Canadá.

 

La devolución del acervo visual y el Festival de la Memoria Histórica

Durante el segundo acercamiento de Keith y Verónica a la comunidad fue posible también el retorno del acervo fotográfico de Keith; se llevó a cabo la devolución y la exposición de las imágenes a los habitantes de El Colorado, lo cual se tornó en un detonante de procesos de memoria para los habitantes; las imágenes demostraron su valor como ventanas etnográficas, pero también como espejos que le devuelven a la gente su propia imagen y generan un proceso de autorreflexión.

Esto evidenció una profunda tensión entre el olvido de la comunidad —que había decidido tácitamente no mirar hacia atrás para conseguir una mejor adaptación a sus nuevas condiciones de vida— y la memoria inesperada, con la llegada de las imágenes de Keith y la organización del festival, que despertaron el orgullo comunitario y propiciaron la reapropiación y resignificación de su historia.

A partir del regreso de las fotografías de Keith Dannemiller a la comunidad, sobre todo algunas muy puntuales de la llegada y los primeros momentos en el campamento de refugiados, se generó un proceso de etnogénesis, un resurgimiento de la memoria, de la identidad cultural y una reivindicación étnica como mayas akatekas. Un componente central de esta iniciativa fue la realización del Festival de la Memoria Histórica, el 8 de marzo de 2020, unos días antes de que se declarara la emergencia sanitaria en México por la pandemia de covid-19. El regreso y la apropiación de las fotos evidencia la increíble cualidad de la imagen de ser un vehículo de la memoria y una gran facilitadora de vínculos intersubjetivos e interculturales, por lo cual resulta no sólo un fértil instrumento etnográfico, sino en algunos casos, como éste, el reencuentro con la propia imagen contiene un potencial sanador y reparador del tejido social.

También quisiera señalar que en ese contexto se realizó una producción audiovisual titulada: El Colorado, memoria a través de la imagen,[1] un cortometraje documental dirigido por Verónica Ruiz —con apoyo técnico de Dzilam Méndez y un equipo de realizadores egresados del Laboratorio de Antropología Visual de la uam-i: Tomás Pineda, Gerardo Alcocer y Kevin Ramos—. Ese trabajo recoge testimonios de la gente de El Colorado, da cuenta del reencuentro de la comunidad con sus fotos y documenta el desarrollo del festival. Creo que hubiera sido deseable que el corto documental fuera incluido en el libro a través de un código QR, habría complementado muy bien el recuento de esta experiencia.

 

Reflexiones finales

Las comunidades de refugiados akatekas en Chiapas, y principalmente los jóvenes, enfrentan nuevos retos en la actualidad. Ahora hay nuevos poderes fácticos en la frontera Sur, el crimen organizado controla el tráfico de personas y el narcotráfico; asedian las comunidades y están en busca de jóvenes para fortalecer sus redes delictivas. Estas comunidades mayas transfronterizas, hoy como ayer, tendrán que ejercer nuevamente su admirable capacidad de resistencia, resiliencia y adaptación.

El objetivo de la publicación aquí reseñada y de la organización del festival ha sido precisamente  fortalecer la identidad cultural de esa comunidad para que las nuevas generaciones tengan una base firme de principios y valores comunitarios para hacer frente a los nuevos escenarios adversos. Surge entonces la pregunta de cómo devolver el acervo de una forma más consistente y perdurable, ¿cómo lograr una verdadera apropiación del archivo fotográfico por parte de los habitantes de El Colorado? Porque tal vez no basta con entregar físicamente las fotos, sino que habría que buscar generar procesos identitarios y trabajos de memoria de más larga duración y de mayor profundidad. ¿Quizás un siguiente paso sería hacer un museo comunitario?

Por último, quisiera destacar que este libro puede tener varios usos. Como ya mencionamos, está pensado en primer lugar para ellos, para las y los habitantes de El Colorado, como un elemento crucial en su proceso de recuperación de la memoria. Pero desde luego que también resulta atractivo para un público más amplio, para aquellos interesados en la fotografía documental, el fotoperiodismo, los estudios sobre migración o para cualquier persona sensible ante los problemas de la sociedad contemporánea; sin embargo, particularmente representa un gran aporte para todos los que practicamos y enseñamos antropología visual. El libro es una muestra de la mejor de sus expresiones, es una excelente prueba de la sinergia que puede haber entre fotografía, antropología y memoria, del enriquecimiento mutuo entre el registro y el análisis, entre la crónica etnográfica y el ensayo visual, entre la documentación antropológica y la creación estética. En las páginas de este libro, imagen y palabra se enriquecen mutuamente; no se trata de imágenes que ilustran textos, ni de escritos que explican las imágenes; cada una conserva su fuerza y su autonomía, pero juntas son más que la suma de las partes, consiguen un conocimiento más completo y una comprensión más profunda de los grupos humanos y los fenómenos socioculturales. 

 

[1] Disponible en:  https://youtu.be/m2RvmAejH00?si=JrfsuHEkmJhpL9N9

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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