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Índice

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  • Flores, velas y rituales: muerte y cambio social en el México urbano

    José Iñigo Aguilar Medina


  • Reflexionando sobre la comunidad pesquera a partir del trabajo, la interacción social y los modos de vida

    Claudia Elizabeth Delgado Ramírez


  • Posibilidades para el desarrollo socioterritorial: análisis del impacto de la pandemia de covid-19 en la comunidad Plan de Los A

    Angela Maleny Salto Morales, Neftalí García Castro


  • Miradas

  • Peregrinación del pueblo San Juanico Nextipac a la basílica de Guadalupe

    Abraham García Mejía, Ricardo García


  • Memorias de un proceso. El registro fotográfico de una peregrinación a veinte años de distancia

    Leonardo Vega Flores


  • Voces

  • La mano que mece la cuna El glifosato en México

    Laura Elena Corona de la Peña


  • El ciclo de exhibición de productos audiovisuales de la DEAS; 50 aniversario

    Teresa Mora Vázquez, Samuel Villela Flores


  1. Numeros anteriores
  2. Publicación No. 12
  3. Reflexionando sobre la comunidad pesquera a partir del trabajo, la interacción social y los modos de vida

Reflexionando sobre la comunidad pesquera a partir del trabajo, la interacción social y los modos de vida

Reflecting on the Fishing Community Through Work, Social Interaction, and Ways of Life

Claudia Elizabeth Delgado Ramírez
EAHNM-INAH
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1023-6282

Resumen

La actividad pesquera se encuentra en diversas conversaciones actuales que enfatizan su dimensión económica, ecológica, territorial y cultural. Parte de estas conversaciones se gestan en campos inter y transdisciplinarios, en los que suele reconocerse la relevancia que los estudios antropológicos tienen para abordar las comunidades pesqueras. No obstante, es difícil encontrar la definición, delimitación y operatividad del uso de esa categoría que a menudo sirve como sinónimo de localidad, aldea, pueblo, actores sociales involucrados en la actividad pesquera o comunidad de trabajadores del mar. En este documento propongo una ruta para dar contenido a esa noción allegada a la antropología y, con frecuencia, dada por sentada; para ello, retomo algunas investigaciones a manera de brújula teórico-conceptual, así como cinco casos de estudio cuyo tratamiento ejemplifica las posibilidades heurísticas de la categoría comunidad y analíticas para definir una comunidad pesquera.

Palabras clave: antropología de la pesca, sentido del trabajo, conciencia cultural colectiva, identidad laboral, modos de vida pesqueros.

 

Abstract

Fishing activity is in various current conversations that emphasize its economic, ecological, territorial and cultural dimension. These conversations are taking place in inter- and transdisciplinary fields in which the relevance that anthropological studies have in addressing these “fishing communities” is usually recognized. However, it is difficult to find the definition, delimitation and operationalization of the use of this category that often serves as a synonym for locality, village, town, social actors involved in fishing activity or community of sea workers. In this document I intend to give content to that notion that is so close to anthropology and that we have been taking for granted. To do so, I return to some works that can guide us as a theoretical-conceptual compass, as well as five case studies whose treatment exemplifies the heuristic possibilities of the community and analytical category to define a fishing community.

Keywords: anthropology of fishing, meaning of work, collective cultural consciousness, work identity, fishing livelihoods.

 

Fecha de recepción: 30 de mayo de 2024
Fecha de aprobación: 20 de marzo de 2025

 

Introducción

Comencé a desarrollar investigación antropológica en comunidades pesqueras en 1998 y diversas discusiones y colaboraciones a lo largo de estos años atraviesan la reflexión que comparto a través de esta narrativa a propósito de la noción comunidad pesquera. Aunque esta reflexión integra la revisión de alrededor de 150 documentos sobre la pesca artesanal, ribereña o en pequeña escala,[1] entre los que destacan artículos científicos, capítulos de libro, tesis, reportes y diagnósticos sobre la pesca en América Latina y el Caribe durante los primeros 24 años del presente siglo,[2] se ha construido desde el trabajo de campo etnográfico llevado a cabo en comunidades pesqueras de Sonora, Baja California y Yucatán.

En la revisión de documentos encontramos que, muchas veces, la noción comunidad pesquera se utiliza indistintamente como sinónimo de la localidad, pueblo o villa/aldea en la que habitan o residen pescadores y buzos, así como para referirse a todas las personas e instancias involucradas en la actividad pesquera, como las organizaciones de la sociedad civil (osc), las y los académicos, representantes del sector pesquero, agentes gubernamentales y las personas que integran la cadena de valor. Ese uso coloquial y la falta de definición genera confusión,[3] pues “The colloquial use of the word community to refer to a local district widens the concept, which can be a problem in an academic sense”.[4]

Identificamos en la literatura un uso indiscriminado de categorías[5] que no son definidas ni explicadas y cuya ambigüedad obstaculiza el análisis e impide la comparación de casos para quienes trabajamos con enfoques antropológicos en estas comunidades; por tanto, considero necesaria una reflexión que apunte a una mayor rigurosidad conceptual para establecer un piso común para quienes trabajamos desde el ámbito académico, de la incidencia —o ambos—, en las localidades y con las comunidades pesqueras en nuestro país.

 

El concepto de comunidad

La categoría comunidad se discutió a principios de siglo pasado en la sociología clásica de Alfred Weber, Emile Durkheim y Ferdinand Tönnies[6] y, aunque ha pasado más de un siglo, el concepto sigue estando en múltiples discusiones y es objeto de nuevas definiciones que tratan de atender a los cambios sociales globales y a formas de comunidad que no caben en las acepciones clásicas.

Al inicio del siglo xx, la sociología clásica europea abordó las grandes diferencias sociales que se evidenciaban entre los ámbitos rurales y urbanos. Bajo la influencia del evolucionismo y el positivismo científico, los sociólogos vieron dicotomías entre lo urbano y lo rural; Durkheim habló de una solidaridad mecánica y una solidaridad orgánica, Becker planteó sociedades sagradas y sociedades seculares, Tönnies pensó en una voluntad natural colectiva —Gemeinschaft— y una voluntad racional —Gesellschaft—, mientras que Maine habló de estatus y contrato para caracterizar estas sociedades tan disímiles para ellos[7].

Para Durkheim, la comunidad fue, en primer lugar, un hecho social caracterizado por individuos que, aunque con diferentes formas y niveles de experiencias de vida, compartían algo que los unía entre ellos: una conciencia colectiva, que podía referir a una filosofía de vida, a intereses y a un sistema de valores morales en común, un sentido de pertenencia y en general, a una forma de pensar sobre el mundo que era común a un grupo de personas; esta comunidad se encontraba fuera de las sociedades modernas consideradas altamente heterogéneas e incluso desorganizadas.

Con la sociología de la Escuela de Chicago inició una tradición de estudios enfocados a esa heterogeneidad social de las ciudades.[8] Como Amit[9] señala, la comunidad se convirtió en una categoría analítica a partir de sociedades complejas como la ciudad de Chicago, caracterizada por dar cabida a diversos grupos diferenciados de la sociedad mayoritaria, producto de un intenso flujo migratorio internacional e interno de grupos de distintas nacionalidades y orígenes sociales, pero a la vez, cohesionados por una o varias categorías constitutivas como una cultura, una experiencia de vida común o una historia compartida.

En 1957, T. R. Batten[10] definió las comunidades así:

 

Las pequeñas comunidades [...] son grupos de gente —en algunos casos de menos de cien y cuando mucho de algunos miles— que viven y trabajan juntos en un pueblo o en un barrio al cual se sienten pertenecer especialmente. Muchos de estos grupos todavía viven en estrecho acuerdo con la tradición y la costumbre heredada, y muchos de ellos no son progresistas según las pautas modernas[11].

 

En la misma década de 1950 se consolidó una tendencia en la antropología para comprender los cambios sociales, económicos, culturales y políticos que se desarrollaban intensamente en esas comunidades tradicionales cada vez más articuladas a la sociedad moderna en su forma típica de ciudad. Los estudios antropológicos de la Universidad de Mánchester en los pueblos del Copperbelt, en el sur de África (décadas de 1950 y 1960), iniciaron la investigación sobre las comunidades urbanas, su construcción imperialista y la complejidad identitaria que las caracterizaba. Estos estudios abrieron la discusión hacia la comunidad y sus interconexiones con toda una estructura social derivada de la relación con Europa y su política colonial.[12] Las comunidades étnicas del Copperbelt iniciaron procesos de reconfiguración social a partir de sus relaciones con una forma colonial europea particular; el cambio social y cultural se convirtió en una de las grandes líneas de investigación antropológica y se reformuló la noción a la luz de estos cambios.

En América Latina, los trabajos de Redfield y Lewis analizaban lo que sucedía con las poblaciones campesinas que migraban a la ciudad y cómo estos lugares rurales se articulaban con los urbanos; el continnum folk-urbano de Redfield y la cultura de la pobreza de Lewis fueron explicaciones para los procesos intensos de migración rural-urbana en México. De acuerdo con Trápaga,[13] esas propuestas cuestionaron ciertas características de la “comunidad tradicional” como una residencia común, relaciones sociales cara a cara, aislamiento social y geográfico, autonomía, vida social integral, homogeneidad, representaciones colectivas propias y únicas, cohesión y la idea de un nosotros/otros. Para el autor, estas características podrían integrarse a tres categorías constitutivas de comunidad: las condiciones materiales, un sentido de totalidad y una homogeneidad en el sentido de conciencia cultural exclusiva.

Las migraciones y las movilidades pusieron en duda, posteriormente, la centralidad de la localidad o espacio geográfico en la configuración comunitaria. Benedict Anderson,[14] habló de comunidades imaginadas para referirse a aquella comunidad amplia que asume un sentido de pertenencia nacional, trascendiendo la localidad y el territorio y las relaciones cara a cara.[15]

Conciencia, identidad narrada y emoción fueron las categorías constitutivas de la comunidad imaginada articuladas a través de mecanismos que se llevan consigo más allá de las fronteras geopolíticas. Después, los procesos de globalización y transnacionalidad, así como de deslocalización y desterritorialización,[16] replantearon nuevas formas de relacionarse y construir la comunidad desde otros niveles, como los sentimientos y la nostalgia.

En términos amplios, la comunidad puede explicarse como una esfera de relaciones dentro de la cual algunas personas se encuentran y otras no. Esta esfera, entendida como algo que une y separa a la vez, es una división o frontera socialmente construida.[17] Autores como Cohen[18] y Gupta y Ferguson[19] también hablan de las fronteras físicas y simbólicas y, si bien la comunidad expresa un desarrollo relacional y un sentido de pertenencia y de exclusión, los autores referidos consideran la frontera o el proceso de exclusión de las y los otros, como aquello que realmente configura a la comunidad.

Por su parte, Gray[20] enfatiza el núcleo de la comunidad, que puede ser una institución, una ocupación o una actividad. Para él, la comunidad es tanto un proceso como el producto de la construcción de un lugar que se desarrolla al mismo tiempo que el sentido de pertenencia a un grupo; el sentido de pertenencia y la construcción del lugar son fundamentales en la forma en que la gente vive la comunidad y comparte un modo de vida. Considero que la ocupación, es decir, el trabajo en la pesca, constituye el núcleo de la comunidad pesquera, particularmente si pensamos en el sentido del trabajo en los términos de Soto:[21]

 

El trabajo es uno de los principales ejes ordenadores de la organización social. Aunque es común a todas las sociedades, su forma y concepción no es única ni homogénea. El sentido que se da al trabajo es producto de circunstancias sociales, históricas, culturales, económicas y políticas. Esta construcción colectiva e individual expresa los distintos sistemas de valores, creencias, actitudes, conductas y motivaciones que el individuo tiene en relación a su trabajo, así como una pertenencia a un colectivo laboral y una identidad con la empresa o actividad en la cual trabaja.[22]

 

El trabajo en la pesca ribereña se caracteriza por condiciones aleatorias frente a las que los pescadores desarrollan estrategias de adaptación, formas específicas de organización del trabajo en un equipo de pesca, conocimientos profundos del espacio costero-marítimo, prácticas relacionas a la especificidad del trabajo (motoristas, bomberos, buzos, cabo de vida, capitán) y una dimensión simbólica del trabajo asociada a estos conocimientos y prácticas, así como a su papel dentro de comunidades más amplias, como las comunidades locales. Es decir, ser pescador/pescadora establece una diferenciación entre las personas que se dedican a esta actividad y el resto de las personas que no se dedican a la pesca o que no lo hacen de manera permanente o central, en resumen, para aquellas personas para quienes no constituye un modo de vida.[23]

Aunque —por supuesto— existen localidades pesqueras relativamente aisladas, la mayoría está conectada a través de la comercialización de sus productos con mercados regionales e incluso internacionales, así que poco queda de aquellas comunidades rurales autocontenidas y aisladas de principios del siglo xx; incluso las más tradicionales venden en la actualidad una parte de sus productos en los mercados locales para poder tener un ingreso monetario que les permita comprar otros productos. No obstante, el trabajo en la pesca permanece —al igual que pervive el trabajo del campesino— como un trabajo tradicional del sector primario.

Algunas y algunos investigadores del tema de la pesca también han reflexionado acerca de la comunidad pesquera,[24] cuestionando la noción comunidades dependientes de la pesca y considerando que la dependencia pesquera se concentraba en su dimensión económica, aunque lo social y cultural estaba implícito en la actividad, “[...] the fishing industry is seen to be the forum through which communities’ bonds, values, knowledge, language and traditions are established, confirmed and passed on. [...] is the ‘way of life’ for the community [...] fishing is the glue that holds the community together”.[25]

Si bien coincido con la definición transcrita, algunas comunidades que hace un par de décadas eran dependientes de la pesca, ahora ya no lo son tanto y cada vez más frecuentemente obtienen su sustento del turismo, por ejemplo. Aunque la dependencia económica de la pesca puede ir disminuyendo, el carácter identitario pesquero puede permanecer. La actividad pesquera configura oficios en cuya práctica se gestan identidades, sentidos de pertenencia, fronteras simbólicas, sistemas de valores, solidaridad comunitaria y una apropiación del mar (maritorialidades) que organiza conocimientos, prácticas y referentes que sólo se comparten entre las y los pescadores.

A continuación, presento un panorama de casos que dan cuenta de la heterogeneidad así como de la similitudes entre pescadores para dar peso al argumento sobre las comunidades pesqueras.

 

Las y los trabajadores de la pesca y sus comunidades

 

La cooperativa Buzos y Pescadores del Ejido Coronel Esteban Cantú, Baja California.

Se trata de una sociedad de producción rural (spr), una forma común de organización pesquera vinculada a la propiedad ejidal en toda la costa del Pacífico de la península de Baja California. La historia de Punta Banda[26] se remonta a la primera mitad del siglo xx, cuando sus pobladores se dedicaban a la ganadería, la agricultura y la pesca. A fines de 1960, los pobladores se organizaron para demandar la propiedad de las tierras trabajadas y, en 1971, les dotaron 10 119 hectáreas a 89 ejidatarios (Ejido Coronel Esteban Cantú). De aquellos hombres, 23 se dedicaban a la pesca y al buceo de escama, abulón y langosta, así como al erizo de mar, cuya pesquería estaba iniciando. En 1994, esos ejidatarios constituyen la spr junto con 16 avecindados del poblado con quienes mantienen relaciones de parentesco.

Los buzos y pescadores de Esteban Cantú se mantienen organizados bajo el mismo esquema en la actualidad. La propiedad de los medios de producción (embarcaciones, equipo para buceo semiautónomo, artes de pesca, permisos y concesiones) es de la Sociedad y el equipo personal de buceo (traje de neopreno, visor, plomada, aletas) lo provee la spr. Cuando un miembro fallece, su plaza en la organización se transfiere a su viuda o a alguno de sus hijos varones. Las mujeres que tienen el lugar del difunto esposo, lo transfieren a un hijo o sobrino, pero también se dan los casos en los que las viudas “rentan”[27] su plaza a un pescador o buzo del poblado. También los miembros de la spr que no están trabajando en la actividad pesquera[28] rentan su lugar a un avecindado o miembro del ejido.

Como la propiedad de los medios de producción es colectiva, ningún miembro puede llevarse una embarcación o vender su plaza;[29] así es como se garantiza la productividad de la spr que, generalmente, mantiene trabajando 12 embarcaciones ribereñas con 3 tripulantes cada una, por lo menos, para la temporada de pesca del erizo de mar (julio-febrero),[30] que es la más redituable, pues se paga en dólares y se exporta a países asiáticos y a los Estados Unidos de América.

Las pesquerías de escama, peces, estrella y pepino de mar vivos son también importantes, aunque complementarias en términos económicos y de la organización cotidiana de los modos de vida de estos pescadores, de sus familias y de la gente involucrada en la actividad indirectamente, alrededor de 18 personas, la mayoría mujeres, que se dedican al procesamiento del erizo, a tareas administrativas y de limpieza general en la spr. Aunque el relevo generacional es escaso, los jóvenes que incursionan en la pesca y buceo son entrenados durante la época de trasplantes de erizos por los buzos y pescadores experimentados de la Sociedad.

La spr no tiene un fondo de pensiones y sus integrantes no cuentan con seguridad social, sin embargo, se ocupa de los gastos médicos de sus miembros y sus familias, o de gastos funerarios, cuando son necesarios. Los socios de la organización mantienen una fuerte cohesión por sus lazos familiares y porque hay una fuerte dependencia y confianza entre los buzos y pescadores. La figura del cabo de vida es central en un equipo de buceo: el buzo deja su vida en manos del cabo y del motorista cuando se encuentra en el fondo marino.

Además del comisariado ejidal, la mesa directiva de la spr ostenta una figura importante en la localidad, es decir, más allá del ejido. Esa instancia financia actividades deportivas y uniformes para la gente de Punta Banda, impulsa la vinculación con organizaciones de la sociedad civil para el cuidado de las mascotas, para proyectos de sustentabilidad y restauración de manglares y además forman parte del Sistema Producto Erizo, espacio que los conecta con toda la cadena de valor a nivel estatal. La población de Esteban Cantú asciende a los 545 habitantes.[31] El ámbito geográfico en el que se desarrollan las relaciones sociales de este caso es Punta Banda. Esa pequeña península es la esfera que contiene a la localidad como espacio geográfico habitado (Esteban Cantú), a la comunidad local (personas ejidatarias y avecindadas) y —como parte de ésta— a la comunidad pesquera integrada por las y los miembros de la spr y sus familias (comunidad pesquera ampliada), pues todos comparten un modo de vida. Aunque en este caso la comunidad pesquera está completamente arraigada en el territorio ejidal y en el maritorio (por la concesión de dos polígonos), considero que lo que la define es esa conciencia cultural colectiva que tiene su núcleo en una identidad laboral del trabajo pesquero pero que se remonta a la lucha ejidal. La identificación con los pescadores remite a elementos que no se pueden compartir con otras personas de su misma comunidad local e incluso de sus familias, pero que comparten con pescadores del otro lado del mundo.

 

El Sauzal de Rodríguez y el Puerto de Ensenada en Baja California

El puerto y delegación Sauzal de Rodríguez tiene sus orígenes en la década de 1930, cuando Abelardo Rodríguez comenzó a industrializar la actividad pesquera con la instalación y compra de plantas empacadoras de abulón y langosta, pesquerías que empezaron a desarrollarse en Baja California a fines del siglo xix por la demanda e inversión estadounidense. La capacitación en el buceo por parte de los japoneses[32] impulsó las pesquerías de sardina y atún entre 1912 y 1942[33]. Rodríguez desarrolló aquí una especie de enclave pesquero[34] a partir de la Compañía de Productos Marinos. Instaló una clínica de salud, una escuela —la Artículo 123—, impulsó un equipo de béisbol y construyó viviendas para los trabajadores y sus familias; en adición, se creó un sindicato y una cooperativa de consumo.

 

Las primeras casas se construyeron con madera que la misma empresa trajo de California en un barco; eran casas pobres al viejo estilo californiano. Al barrio se le conoce como Manchuria y algunos viejos pescadores y empresarios explican que el nombre se debe a que muchos de los pescadores que ahí vivían eran japoneses [...] y la gente no los distinguía de los chinos.[35]

 

El barrio de Manchuria concentraba a los trabajadores japoneses y mexicanos dedicados a la pesca y a la industria del empaque y enlatado. Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses fueron enviados a Guadalajara y a la Ciudad de México, por lo que el barrio quedó prácticamente deshabitado, pero empezó a repoblarse con un giro comercial hacia principios de 1970, con la carretera ya concluida.

La población actual de El Sauzal es diversa e integrada a la economía local terciaria. Manchuria aún existe, rodeado de empresas de empaque de pescados y mariscos y a un lado de lo que constituye el puerto que concentra la mayor flota pesquera de altura de Baja California. Aún viven algunos pescadores industriales dedicados a la captura de sardina y algunos ribereños dedicados a la langosta, la escama y el erizo. La vida cotidiana de esos pescadores y obreros sigue estando dictada por la actividad pesquera, aun cuando ahora se encuentra muy desdibujada dentro del contexto social y habitacional de la delegación, que ahora tiene 11 371 habitantes.[36]

Los pescadores y las personas que trabajan en las empacadoras de productos pesqueros que viven en El Sauzal muestran un fuerte arraigo barrial; sin embargo, el eje del arraigo y de la identidad pesquera se encuentra, sin duda, en el puerto, espacio que concentra, contra viento y marea,[37],a los viejos pescadores que recuerdan nostálgicamente, entre cigarro y cigarro, los años de la abundancia atunera y sardinera (figura 1). Hace poco más de una década, no había restricciones al espacio de trabajo pesquero y las familias de los pescadores de altura mantenían la tradición de ir a despedirlos cuando salían a pescar durante meses y luego volvían para recibirlos. También las esposas, madres, hijas e hijos de los pescadores ribereños acostumbraban recibirlos a medio día para escoger algún pescado para la comida y encontrarse con las otras familias. Esos espacios de socialización tradicional y de rituales laborales se han venido perdiendo, junto con estas prácticas que constituyen un importante e invisibilizado patrimonio cultural pesquero de Baja California, ahora en riesgo.


Figura 1. Dos pescadores en una embarcación sardinera en el puerto El Sauzal de Rodríguez. Fotografía: Claudia E. Delgado Ramírez, 2016

El puerto de Ensenada inició operaciones en 1877, con un intensivo intercambio comercial, tanto nacional como con sitios de Estados Unidos, pero la actividad pesquera despegó en 1950.[38] Como en El Sauzal, también aquí se desarrolló una industria vinculada al procesamiento y empaque de productos marinos como la sardina en salsa de tomate, la macarela, el atún, el calamar, el mejillón y el abulón desde la Industrial de Ensenada (fundada en 1933), la cual abriría una segunda planta en 1942. Como Ochoa[39] explica, en 1948 abrió Pesquera Peninsular y en 1953, Empacadora Galicia de Baja California; posteriormente La Porteña, La Mar y Conservas del Pacífico se sumarían a la industria del empaque de alimentos pesqueros. Durante ese periodo, las personas vinculadas a la actividad pesquera de altura aprendieron varias tareas: la elaboración de las redes de cerco, las maniobras para la captura y el desembarque y el procesado en las empacadoras.

En las décadas 1930 y 1940, la pujante economía pesquera del puerto incrementó el trabajo y los empleos. Pescadores, empacadoras, trabajadores de astilleros y una industria comercial incipiente de insumos para la actividad pesquera propiciaron el desarrollo de barrios que concentraban a los protagonistas de esta industria. El barrio de la Aduana[40] dio hogar a los pescadores ribereños y sus familias, “Hablar del barrio es hablar de la otra cara de la moneda de los pescadores: espacios colectivos, formas de ayuda mutua, apropiación del espacio, formas de organización y usos que se les daba y dan a esos espacios”.[41]

La gente del barrio se organizó con el fin de construir los salones de la escuela para sus hijos e hijas,[42] también utilizados como espacios para las reuniones en las que se discutían asuntos sobre sus condiciones de vida colectivas, como la infraestructura y el equipamiento de la colonia. Aunque había gente que no se dedicaba a la pesca, la actividad pesquera marcaba su vida cotidiana; cuando llegaban a tierra los pescadores de sardina, las plantas empacadoras daban el “pitido” para comunicar a las mujeres que era hora de empezar el trabajo.

Hoy en día, el barrio de la Aduana se mantiene como un espacio marginal con algunos problemas de prostitución y drogadicción, que alguna gente considera consecuencia del embargo atunero impuesto por los Estados Unidos en 1993 y que trajo consigo el derrumbe de toda la flota industrial atunera. De la época de bonanza económica en la que los pescadores traían “fajos de dólares”, no queda más que el recuerdo de los más viejos, aunque poco a poco el puerto se va recuperando.[43]

La mayoría de los pescadores que trabaja en el puerto vive dispersa en las colonias de Ensenada[44] y cada mañana llegan a su trabajo en carro, de aventón, en bicicletas o caminando. Los barrios pesqueros no son ya los espacios de congregación de los trabajadores del mar y apenas les queda el puerto como espacio colectivo de socialización de la esfera del trabajo.

La delegación El Sauzal y la ciudad de Ensenada están completamente integradas. En ambas se gestaron dos comunidades pesqueras ampliadas que integraban a los pescadores de altura y mediana altura, a pescadores ribereños y a las trabajadoras de las plantas empacadoras, cuyos modos de vida estaban interrelacionados y que además compartían barrios pesqueros; sin embargo, podemos identificar dos comunidades pesqueras bien delimitadas: la de los pescadores de altamar y mediana altura, por un lado, y la de los pescadores ribereños, por el otro. Frente a las restricciones de la Administración Portuaria Integral (api), hace poco más de una década ambas comunidades pesqueras se unieron, es decir, pusieron en marcha nuevamente una comunidad pesquera ampliada para manifestar las afectaciones a su trabajo, a la actividad pesquera y a sus espacios laborales tradicionales: los puertos.

En la actualidad no hay barrios pesqueros que congreguen y el trabajo en las plantas empacadoras es muy distinto al de la primera mitad del siglo xx, sin embargo, las comunidades pesqueras se mantienen justo a partir del trabajo y de los puertos como espacios privilegiados para la interacción y reproducción cultural de la pesca, sea ésta de altura o ribereña.

 

Bahía de Kino, Sonora

Se ubica a unos 100 kilómetros de distancia de la ciudad de Hermosillo, Sonora, y tuvo sus orígenes como campo pesquero a fines del siglo xix, cuando los pescadores indígenas comca’ac y los de Puerto Peñasco pescaban la totoaba. Para 1933 se organizó una extensión de la cooperativa Lázaro Cárdenas en Kino y en la década de 1940, la captura de tiburón tuvo su mayor auge, incentivada por la demanda del aceite de hígado.[45]

En 1952 el gobierno otorgó tierras para la formación del pueblo de Bahía de Kino,[46] que se repobló con la pesca de camarón, caguama y el buceo a pulmón de langosta y callo de hacha. La organización de cooperativas pesqueras y la proliferación de embarcaciones ribereñas con motor fuera de borda, entre 1965 y 1975, convirtió a Kino en un lugar de recepción de migrantes de varios estados del país, quienes llegaron motivados por el desarrollo de la agricultura en la costa de Hermosillo. Por aquellos años comenzó a llegar un grupo de pescadores conocidos como “los chiapanecos”, que iban siguiendo la ruta del tiburón desde Chiapas hasta el norte de Sonora. El grupo llegaba asociado a un permisionario que les compraba el producto y les proveía de condiciones básicas para la estadía en los poblados, por los que iban subiendo al norte del golfo de California.

Tiempo después, el grupo conocido como “los lobeños”, del sur de la costa sonorense, empezó a llegar por semanas a Kino, también asociado a un permisionario. Los lobeños no eran bien recibidos por los pescadores de Kino, pues este grupo les representaba una competencia —que no tenían con los chiapanecos— por el aprovechamiento de los recursos pesqueros. Durante la década de 1990, algunos recursos se vieron disminuidos por la intensificación del esfuerzo de pesca que se incrementaba con la llegada de estos grupos y de migrantes que salían del trabajo agroindustrial, altamente precarizado, para incorporarse a la actividad pesquera.[47]

La población de Bahía de Kino es de 6 454 habitantes y aunque quienes se dedican a la pesca apenas representan el 20.7% de la población ocupada,[48] es eminentemente un pueblo pesquero, ahora muy orientado al turismo local y regional. La actividad pesquera está organizada en 32 cooperativas registradas y 41 permisionarios; hay 459 pescadores registrados, con 365 embarcaciones y 506 permisos de pesca[49] para diversas especies, entre las que destacan la sierra, la medusa, la jaiba, el camarón, la manta, el pulpo, el callo de hacha y la escama.[50]

A diferencia de los otros casos descritos, la participación de las mujeres es mucho mayor y más integrada a la actividad pesquera en general. Es decir, no se encuentran únicamente en plantas industrializadas como empacadoras, sino que se mueven entre la compra de productos en playa para darles un valor agregado y venderlo, en algunas plantas de limpieza y empaque más bien artesanales, en algunas actividades relacionadas con la administración de las cooperativas, en la venta al por menor de productos frescos y en la preparación de alimentos para su venta en pequeñas palapas y restaurantes. Algunas mujeres lideran cooperativas familiares y otras mantienen una fuerte participación en programas y proyectos de organizaciones para reducir las brechas de género en la pesca.

Este caso nos presenta un escenario distinto al de la spr. Aquí hay muchas cooperativas, pescadores que trabajan para permisionarios y pescadores libres. Bahía de Kino es la localidad geográfica, con una comunidad local económicamente diversificada que si bien ha ido orientando hacia el turismo y los servicios, tiene como origen e identidad colectiva la pesca ribereña. Dentro de la comunidad local podemos encontrar una comunidad pesquera ampliada, en la que se encuentran los pescadores, los permisionarios con antecedentes pesqueros, las familias y las personas que trabajan directamente vinculadas a la actividad.

 

Punta Chueca y El Desemboque de los seri

El pueblo indígena comca’ac ha habitado la costa central del estado de Sonora desde la época prehispánica. El aprovechamiento de los recursos del mar y del desierto ha sido la base de su subsistencia y componen el núcleo de su cultura y su cosmovisión. Su población fue llevada casi al exterminio durante el periodo colonial, y entre el Imperio español y una política nacional de blanqueamiento, el pueblo comca’ac apenas logró sobrevivir durante fines del siglo xix y principios del xx.[51] Su población se ha ido recuperando paulatinamente. Además, en 1975, el gobierno les dotó de tierras ejidales y comunales, delimitando su territorio y su maritorio y, con esto, el acceso a los recursos naturales. La isla Tiburón es propiedad comunal y El Desemboque es el ejido con un poblado anexo llamado Punta Chueca; en ambas localidades residen alrededor de 1 200 comca’ac de acuerdo con Hernández.[52]

Hasta 1970, los comca’ac subsistían de la pesca en sus maritorios tradicionales. La empresa Propemex se insertó como modelo de desarrollo económico, volviendo comercial la pesca con apoyo técnico, cuartos fríos, embarcaciones de fibra de vidrio, motores fuera de borda y equipos de pesca. Para maximizar la producción se incorporó también a pescadores no indígenas en la producción de callo de hacha; no obstante, esta empresa paraestatal se declaró en bancarrota cuatro años más tarde.[53]

La pesca comercial persiste en la actualidad, mediante el buceo del callo de hacha así como la pesca de jaiba con trampas.[54] La pesca de subsistencia continua, aun cuando en las últimas décadas el acceso y consumo de alimentos procesados y comercializados se ha vuelto el común denominador en casi cualquier localidad costera. La recolección permanece en bajamar, cuando las mujeres van a la playa con baldes y bolsas para conseguir caracoles, conchas y vértebras para la elaboración de collares artesanales, y consiguen también pulpos y uno que otro pescado para la comida familiar del día.

Los pescadores en estas localidades son primordialmente indígenas y mediante sus autoridades aprueban la participación de hombres de fuera de la comunidad étnica comca’ac para pescar en el canal del Infiernillo, quienes a veces trabajan en la misma embarcación.

Si bien la gente comca’ac tiene otros ingresos monetarios a través de la venta de artesanías (esculturas de palo fierro, piedra, collares de caracoles y de salvia) y piezas de cestería (coritas), la pesca ribereña, la caza y la recolección de frutos del desierto siguen siendo centrales en sus modos de vida, caracterizados por una territorialidad y una maritorialidad vinculada estrechamente a su cosmovisión, a sus conocimientos y prácticas cotidianas en estos espacios.

Tanto Punta Chueca como El Desemboque son dos localidades geográficas en las que se distribuye la población de la comunidad indígena comca’ac. En ambas localidades residen personas no indígenas, aunque son muy pocas, es decir, las localidades son mayoritariamente indígenas. La actividad pesquera entendida como un sistema biocultural integra prácticas, conocimientos y una cosmovisión que gira en torno al mar y al desierto. Aunque la pesca forma parte de la memoria histórica y cultural de la gente comca’ac, considero que la primera comunidad aquí es la comunidad étnica, la comunidad pesquera ampliada está integrada por los pescadores que comparten el maritorio (el canal del Infiernillo) y la reproducción de un modo de vida basado en la pesca, aunque transformada de una pesca de subsistencia a una comercial, así como por las familias que se incorporan a otras actividades marítimo-costeras como la recolección, la navegación y la ritualidad asociada al continente y la isla Tiburón. La comunidad étnica y la pesquera, en este caso, están históricamente conectadas pero obedecen a procesos distintos en la conformación identitaria.

 

Celestún, Yucatán

Celestún se ubica en el estado de Yucatán a unos 100 kilómetros de distancia de la ciudad de Mérida, capital del estado. Es la localidad pesquera más cercana al estado de Campeche, al poniente de la costa, y es una de las dos localidades que forman parte de la Reserva de la Biósfera Ría Celestún. La economía de Celestún está integrada por la pesca ribereña comercial, la producción de sal y el desarrollo turístico. En la pesca se encuentra casi la mitad de la población ocupada y las exportaciones de pescados y mariscos frescos hacia los Estados Unidos representan sus mayores ingresos.

En 2020 se contabilizaron 8 389 personas en Celestún, de las que el 75 % se encuentra en condición de pobreza (extrema o moderada). Casi un 5 % de la población habla una lengua indígena, principalmente maya, con algunas personas hablantes de tzotzil, náhuatl y chol. Hay 1 625 personas dedicadas a la pesca (12 de ellas son mujeres) de acuerdo con el padrón de pescadores de Celestún (2024).[55] La pesquería del pulpo es la más importante (agosto-diciembre) y considerada como una “pesca artesanal”, seguida por la del mero, langosta, rubia y camarón; la pesca ribereña comercial surgió en Celestún en la década de 1950, de acuerdo con Fraga.[56] Los y las pescadoras se organizan en cooperativas pesqueras, algunas de tipo familiar, aunque la mayoría trabaja con permisionarios.[57]

Para la pesquería del pulpo, hay una fuerte movilidad de pescadores de otros estados como Campeche, Tabasco y Veracruz, así como de poblados con actividades de carácter agrícola. Los pescadores de los pueblos costeros constantemente se quejan de que la intensificación del esfuerzo pesquero para esa pesquería y la del mero ha diezmado los recursos marítimos en sus costas. Una red de cooperativas familiares, con el apoyo de las instancias gubernamentales y organizaciones ambientalistas, lograron establecer una zona de refugio de pesquero (zrp) en la que ahora llevan a cabo diversos proyectos de conservación marina a través de un comité de vigilancia y con la participación de personas de la localidad de Celestún, que ven en la zrp un futuro para la pesca y para el desarrollo económico mediante el ecoturismo.

Perea y Flores[58] muestran cómo, en otros pueblos de la costa, las mujeres se han integrado a la pesca no en el mar sino en la ría, para capturar el maxquil, un cangrejo que los pescadores compran como carnada para la pesca artesanal del pulpo. Algunas de estas pescadoras que trabajan por la noche o por la madrugada, pescan también jaiba para su venta. Mientras recorríamos por la mañana las calles en Celestún, pudimos ver, en algunos frentes de casa, a las pescadoras descarnando algunas jaibas ya cocidas y troceando otras, poniendo la carne y los trozos en bolsas de plástico para su venta al por menor (figura 2). A la jaiba sí le pueden dar un valor agregado que les genera más ingresos, aunque menos estables que la venta del maxquil.


Figura 2 Celestún. Vecinas y vecinos comen jaiba cocida y troceada. La señora Julia pesca jaiba y la ofrece a los caminantes y vecinos frente a su casa. También vende camarón cocido, que captura en la ría. Fotografía: Claudia E. Delgado Ramírez, 2023.

En el caso de Celestún se aprecia una localidad costera que da cobijo a una comunidad local en la que se desarrollan relaciones y procesos que han gestado una comunidad pesquera ribereña, una comunidad de conservación pesquera (zrp) y una pequeña comunidad de mujeres pescadoras que, aunque pueden articularse a la comunidad pesquera a través de sus esposos o hijos (si ellos participan de la pesca), integran por sí mismas otra comunidad pesquera cuyo trabajo y espacio de trabajo se diferencia de los pescadores ribereños.

 

A manera de conclusión: dimensiones de la comunidad pesquera

A partir de las propuestas analíticas señaladas en la primera parte del documento, podemos considerar las características en común de las y los pescadores para una delimitación de la comunidad pesquera basada en tres aspectos o dimensiones:

 

1)   Sentido del trabajo e identidad laboral: Considerada aquí como esa construcción colectiva que integra a partir del trabajo pesquero un nosotros y una otredad, es decir, una fuerte identidad laboral relacionada con la experiencia cotidiana y algunas veces generacional de la pesca y en la que la frontera que le delimita puede ser flexible y permeable de acuerdo con las necesidades e intereses de la colectividad pesquera.

2)   Espacios compartidos y de interacción social. Podemos establecer estos espacios según las características del caso de estudio, pero incluye al menos uno primordial que es el maritorio, es decir, el espacio laboral por excelencia de los pescadores de altura y de los ribereños; también pueden ser los barrios que habitan, los puertos, playas y varaderos donde se suelen desempeñar algunas tareas de la actividad pesquera (descarga, limpieza de la embarcación, reparación de artes de pesca y comercialización), así como los territorios como el ejido y la localidad.

3)   Modos de vida. Supone tener en común una vida cotidiana determinada por la actividad pesquera, estrechamente conectada con las características de los ecosistemas marinos, los ciclos de vida de las especies y las condiciones y variaciones atmosféricas que las constriñen; de igual modo, la demanda de los mercados e instrumentos internacionales —como los embargos—[59] determinan la pesca y los modos de vida. Los pescadores de altura, que trabajan en el mar entre uno o seis meses, se someten a las características establecidas en la embarcación (jerarquía y organización del trabajo) y en tierra, sus familias establecen estrategias para su reproducción durante la ausencia del pescador. En la pesca ribereña, las vedas imponen un cambio de pesquería que puede traer consigo mayor o menor participación de las y los integrantes de las familias en la actividad, como las mujeres que se incorporan a la pesca del maxquil en Yucatán y las mujeres que trabajan en la limpieza y empaque del erizo en Baja California.

 

Propongo que consideremos esas tres dimensiones como partes constitutivas de la comunidad pesquera, caracterizada por un sentido del trabajo,[60] basado en la experiencia compartida y cotidiana, que les integra (nosotros) y diferencia (otros), con un conjunto de valores, una tradición, conocimientos, referentes y un orgullo que emana de las particularidades de la actividad pesquera y que se comparte con los pares transmitiéndose, aún con sus ambigüedades, a la descendencia.

También propongo entender a la comunidad local como aquella que incluye las relaciones vecinales que se dan dentro de la localidad, con interacciones cara a cara, con una integración y una delimitación más flexible del nosotros y el otro, con intereses y espacios comunes que aglutinan a las personas y donde hay formas institucionalizadas de solidaridad. La comunidad local es más heterogénea y diversa que la comunidad pesquera y suele ubicarse e identificarse como unidad geopolítica y administrativa: una localidad, una delegación, una isla. Sus integrantes comparten un modo de vida amplio que imprime un carácter a la comunidad, por ejemplo, la villa pesquero-turística.

El caso de los comca’ac muestra la comunidad étnica. Son, antes que nada, una comunidad indígena establecida en dos localidades y en cada una podemos identificar una comunidad local que contiene una comunidad pesquera. Ambas comunidades pesqueras están estrechamente relacionadas y es probable que puedan considerarse una misma.

En algunos momentos la otredad en las comunidades pesqueras de los casos revisados se basa en la competencia por los recursos pesqueros, de ahí las nociones de “foráneos”, “piratas”, “lobeños” y “chiapanecos” como formas de diferenciación. En Esteban Cantú, ellos son los “piratas”, que entran a sus polígonos para llevarse el erizo. Cuando los recursos son de acceso común, los “otros” son aquellos que no forman parte del grupo, como los pescadores ilegales. Cuando los “chiapanecos” llegan a Bahía de Kino no generan conflicto porque no compiten por el recurso del tiburón; sin embargo, cuando llegan los “lobeños” —que capturan los mismos recursos— sí se generan conflictos.

Las fronteras que delimitan la comunidad pesquera pueden ser tan flexibles que incluso comunidades pesqueras con una historia de conflictos entre sí pueden convertirse en una sola comunidad pesquera regional si tienen un fin común que las aglutine. Como señalé, las fronteras pueden ser físicas y simbólicas y, sin duda, el mar es la primera frontera física que se establece entre las comunidades pesqueras y el resto de la gente.

 

[1] En la literatura sobre la actividad pesquera tenemos una primera división entre la pesca de altura o altamar y la pesca ribereña (cercana a la costa); a esta última se le llama también de manera indistinta pesca artesanal (por sus características históricas) o en pequeña escala (por la categoría en inglés small-scale fisheries), que alude a una menor producción en volumen respecto a la de altura.
[2] Una publicación que detalla tal revisión se puede consultar en Claudia Delgado-Ramírez, Ota Yoshitaka y Andrés Cisneros-Montemayor, “Fishing as a livelihood, a way of life, or just a job: considering the complexity of ‘fishing communities’ in research and policy”, Reviews of Fish Biology and Fisheries, vol. 33, (2022): 265-280. Esta publicación incluye un primer corte de documentos del periodo 2000-2020.
[3] Aksel Tjora y Graham Scambler, Communal forms. A sociological exploration of concepts of community (Oxon: Routledge, 2020).
[4] Tjora y Scambler, Communal forms..., 3-4.
[5] Las categorías que se encontraron en estos documentos fueron: comunidad, comunidad pesquera, comunidad local, comunidad local pesquera, comunidad tradicional, comunidad rural, comunidad costera, comunidad de usuarios, comunidad indígena, comunidad pesquera indígena, comunidad dependiente de recursos pesqueros, comunidad pesquera de pequeña escala, comunidad costera pesquera, comunidad pesquera tradicional, comunidad costera rural, comunidad comercial, comunidad empresarial, comunidad de pesca en pequeña escala, pequeña comunidad, comunidad pesquera artesanal y comunidad dependiente de la pesca.
[6]Amit Vered, Realizing community. Concepts, social relationships and sentiments (Londres: Routledge, 2002).
[7] Iban Trápaga, “La comunidad. Una revisión al concepto antropológico”, Revista de Antropología y Sociología Virajes, vol. 20, 2 (julio-diciembre, 2018):161-182, acceso el 09 de abril de 2025, https://DOI: 10.17151/rasv.2018.20.2.9.
[8] Ulf Hannerz, Exploración de la ciudad. Hacia una antropología urbana (México: fce, 1986).
[9] Vered, Realizing community..., 3.
[10] T. R. Batten. Las comunidades y su desarrollo (México: fce, 1992).
[11] Batten, Las comunidades..., 11-12.
[12] Vered, Realizing community..., 6.
[13] Trápaga, “La comunidad...”, 170.
[14] Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo (México, fce, 1993).
[15] Si bien las comunidades pesqueras están firmemente arraigadas a sus territorios y maritorios, con interacciones cara a cara y una experiencia cotidiana compartida, en la actualidad también están construyendo comunidades pesqueras regionales, nacionales e internacionales que se mantienen activas por medio de las redes sociales como Facebook y la mensajería digital como WhatsApp.
[16] Arjun Appadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. (México: Trilce / fce, 2001).
[17] Peter L. Berger y Thomas, Luckmann. Modernidad, pluralismo y crisis de sentido. La orientación del hombre moderno (Barcelona, Paidós, 1997).
[18] Anthony P. Cohen, Belonging: Identity and social organization in British rural cultures. (Mánchester: University Press, 1982); Anthony P. Cohen. “Culture, identity and the concept of boundary”. Revista de Antropología Social, núm. 3, (1994): 52.
[19] Akhil Gupta y James Ferguson, Culture, power, place: Explorations in Critical anthropology (Durham: Duke University Press, 1997).
[20] John Grey, “Community as place-making. Ram auctions in the Scottish borderland”, en Realizing community. Concepts, social relationships and sentiments, ed. Por Amit Vered (Londres: Routledge, 2002), 42.
[21] Enrique Soto Aguirre, El sentido del trabajo: una aproximación antropológica a partir de la industria aeroespacial (México: inah-eahnm, 2020).
[22] Soto, El sentido..., 13-14.
[23] Una discusión sobre los modos de vida de pesqueros, los estilos de vida y el trabajo temporal en la pesca puede verse en Delgado, Yoshitaka y Cisneros, “Fishing as livelihood...”.
[24] Katherine Brookfield, Tim Gray y Jenny Hatchard. “The concept of fisheries-dependent communities. A comparative analysis of four IK case studies: Shetland, Peterhead, North Shields and Lowestoft”, Fisheries Research, vol. 72 (2005): 55-69, acceso el 09 de abril de 2025, https://doi.org/10.1016/j.fishres.2004.10.010.
[25] Brookfield, Gray y Hatchard, “The concept...,” 56.
[26] Punta Banda es una pequeña península que cierra —al sur— la bahía de Ensenada y aquí se encuentra el ejido y dos poblados contiguos en los que residen ejidatarios/pescadores, avecindados y extranjeros.
[27] Al rentar la plaza, la viuda asegura un porcentaje del ingreso del pescador o del buzo.
[28] Cuando un pescador no está trabajando en la pesca se debe a que está dedicándose a la ganadería o agricultura en sus tierras, porque está desarrollando un proyecto ecoturístico costero o porque se fue a trabajar a Estados Unidos de América.
[29] Todo este cuerpo de normas fue instituido en la Asamblea General desde los inicios de la spr.
[30] Al terminar la temporada del erizo, tres o cuatro buzos se emplean como buzos industriales en el rancho atunero ubicado en uno de los dos polígonos concesionados a la spr. El sueldo es alto —equiparable a los ingresos del buceo de erizo— y el trabajo dura dos o tres meses. La spr negoció con la empresa la instalación de los corrales en el polígono porque no afectaban la disponibilidad de sus recursos pesqueros con el empleo de buzos durante las temporadas de veda.
[31] Inegi, Censo de Población y Vivienda (México: Inegi, 2020).
[32] Catalina Velázquez Morales, “Japoneses y pesca en la península californiana, 1912-1941”. México y la Cuenca del Pacífico, vol. 10, núm. 29, (mayo-agosto, 2007): 76. La autora señala que, de acuerdo con el censo de población de Baja California, en 1920 había 405 japoneses y en 1930 se contabilizaron 764.
[33] Velázquez, “Japoneses y pesca...”, 81.
[34] Además de los pescadores y sus familias, así como de las mujeres empacadoras de los productos marinos, los transportistas de los productos pesqueros y los trabajadores del astillero también vivían aquí.
[35] Shoko Doode Matsumoto, Los claro-oscuros de la pesquería de la sardina en Sonora (México: ciesas / ciad / Colmich, 1999).
[36] Inegi, Censo...
[37] La Administración Portuaria Integral (api) es una instancia desconcentrada que ha venido restringiendo, normativa y físicamente, el acceso a los puertos y contra la cual ha habido manifestaciones por parte de las organizaciones pesqueras de altura y ribereñas de Ensenada.
[38] Lilia Susana Padilla y Sotelo, “Diversificación sectorial y proyección internacional del municipio de Ensenada, México”, Revista Transporte y Territorio, núm. 15, (2016): 249.
[39] Arnuflo Ochoa, Antropología de la gente del mar (México: INAH [col. Divulgación]-ENAH, 1988).
[40] Se llama así porque estaba detrás de la Aduana Marítima, una edificación de fines del siglo xix que ahora alberga las oficinas del Centro INAH Baja California, en Ensenada.
[41] Ochoa, Antropología..., 128.
[42] Ochoa, Antropología..., 130.
[43] Araceli Almaraz, “Historia del embargo atunero y actividades pesqueras en Ensenada”, El Correo Fronterizo, El Colegio de la Frontera Norte, 17 de mayo de 2018, acceso el 09 de abril de 2025, https://www.colef.mx/estemes/historia-embargo-atunero-y-actividades-pesqueras-en-ensenada/#:~:text=consecuencias%20para%20Ensenada%3F,Dra.,para%20la%20regi%C3%B3n%20de%20Ensenada
[44] La población de Ensenada asciende a 330 652 habitantes, de acuerdo con el Inegi. Inegi, Censo...
[45] En esa misma década desapareció la demanda del tiburón por la creación artificial de la vitamina.
[46] A un lado del incipiente pueblo, se detonó la construcción de casas de verano para la gente de Hermosillo, y con esto, también el desarrollo de infraestructura (carretera, servicios de agua y electricidad); a esa parte se le conoce como Kino Nuevo.
[47] Hugo César de la Torre y Sergio Sandoval. “Resiliencia socio-ecológica de las comunidades ribereñas en la zona Kino-Tastiota del Golfo de California”, Ciencia Pesquera, vol. 23, núm. 1 (2015): 55.
[48] Inegi, Censo...
[49] Francisco Fernández-Rivera Melo, Alvin Suárez-Castillo, Imelda Amador-Castro, Ernesto Gastélum-Nava, María José Espinosa-Romero y Jorge Torre, “Bases para el ordenamiento de la pesca artesanal con la participación del sector productivo en la Región de las Grandes Islas, golfo de California”, Ciencia Pesquera, vol. 26, núm. 1 (2018): 84.
[50] De la Torre y Sandoval, “Resiliencia socioecológica...”, 60.
[51] Diana Luque y Shoko Doode, “Los comcáac (seri): hacia una diversidad biocultural del golfo de California y estado de Sonora, México”, Estudios Sociales, vol. 17 (2009), 275.
[52] Milton Gabriel Hernández García, “El pueblo comca’ac y su proyecto de futuro”, La Jornada del Campo, núm. 133 (2018): 1, acceso el 09 de abril de 2025, https://www.jornada.com.mx/2018/10/20/cam-pueblo.html.
[53] Xavier Basurto, “Commercial diving and the callo de hacha fishery in Seri territory”, Journal of the Southwest, vol. 48, núm. 2 (2006): 194.
[54] Basurto, “Commercial diving...”.
[55] Secretaría de Pesca y Acuacultura Sustentables de Yucatán, Padrón de Pescadores de Celestún (Mérida: Sepasy, 2024), acceso el 09 de abril de 2025, https://pesca.yucatan.gob.mx/files/get/1276.
[56] Julia Fraga, “Los habitantes de la zona costera de Yucatán: entre la tradición y la modernidad”, en El manejo costero en México, editado por E. Rivera, G. J. Villalobos, I. Azuz y F. Rosado, (México: Semarnat / Universidad Autónoma de Campeche / CETYS Universidad / Universidad de Quintana Roo, 2004), 497-506.[57] Aunque el tipo de organización del pescador (si es socio de una organización del sector social pesquero —como una cooperativa o sociedad de producción rural—, si trabaja con un permisionario o si es un pescador libre) es muy importante para comprender la naturaleza de las condiciones sociales del trabajo pesquero, en cualquiera de los tipos la identidad, el espacio de trabajo y el modo de vida se comparten entre los pescadores de los casos mencionados.
[58] Alejandra Perea Blázquez y Fátima Flores Palacios. “Participación de las mujeres en la pesca: nuevos roles de género, ingresos económicos y doble jornada”, Revista Sociedad y Ambiente, año 4, vol. 1, núm. 9 (noviembre 2015-febrero 2016): 121-141.
[59] Como mencioné arriba, el embargo al atún trajo consigo la bancarrota de una buena parte de la flota atunera, lo que transformó el modo de vida de los pescadores de atún, sus familias y el resto de la comunidad local de Ensenada, Baja California. [60] Soto, El sentido..., 22.

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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