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  • La mano que mece la cuna El glifosato en México

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    Teresa Mora Vázquez, Samuel Villela Flores


  1. Numeros anteriores
  2. Publicación No. 12
  3. La mano que mece la cuna El glifosato en México

La mano que mece la cuna El glifosato en México
The Hand That Rocks the Cradle: Glyphosate in Mexico

Laura Elena Corona de la Peña
DEAS-INAH
ORCID.
https://orcid.org/0000-0002-6011-5518

Resumen
La Dirección de Etnología y Antropología Social (deas) organizó el 18 de abril de 2024 la mesa de discusión: Los impactos del glifosato: perspectivas antropológicas; varias colegas de este centro de trabajo participamos para hacer públicos nuestros hallazgos sobre los paquetes tecnológicos aplicados a la producción de alimentos. En este texto presento el contenido de la exposición que compartí ese día, a la que he añadido algunas reflexiones posteriores. Mi trabajo de investigación aborda algunas de las implicaciones que para las cocinas de nuestro país han tenido estos paquetes.
Palabras clave: paquetes tecnológicos, producción de alimentos, cocinas en México, patrimonio biocultural, glifosato.

Abstract
On April 18, 2024, the Directorate of Ethnology and Social Anthropology (deas) organized the roundtable discussion: The Impacts of Glyphosate: Anthropological Perspectives. Several colleagues from this work center participated to make public our findings, on the technological packages applied to food production. In this text, I present the content of the presentation I shared that day, to which I have added some subsequent reflections. My research work addresses some of the implications these packages have had for the kitchens of our country.
Keywords: technology packages, food production, kitchens in Mexico, biocultural heritage, glyphosate.

Fecha de recepción: 17 de julio de 2024
Fecha de aprobación: 19 de septiembre de 2024

La Dirección de Etnología y Antropología Social (deas) del inah tiene varios sistemas de decisión interna, el principal es la Asamblea General. El 4 de abril del 2024, como punto en los Asuntos Generales, nuestra colega la Mtra. Amparo Sevilla Villalobos sugirió hablar sobre el uso del glifosato, en la idea de pronunciarnos al respecto como centro de trabajo. Su propuesta resonó en los oídos de varias compañeras que, si bien tenemos temas de investigación diversos, hemos encontrado en nuestro trabajo distintos impactos del uso de los paquetes tecnológicos en los que se inserta el glifosato. Nos pareció muy importante dialogar al respecto, y para ello nos reunimos vía Zoom 4 días después de la asamblea; en esa reunión hablamos sobre nuestros hallazgos y consideramos importante hacerlos públicos para proponer una agenda de trabajo. La mesa de discusión: Los impactos del glifosato: perspectivas antropológicas,[1] se llevó a cabo el 18 de abril de 2024 en la sala Guillermo Bonfil Batalla de la Coordinación Nacional de Antropología, con la participación de: Carmen Morales Valderrama, Eliana Acosta Márquez, Laura Elena Corona de la Peña, Maya Lorena Pérez Ruíz y Rosa María Garza Marcué; la moderación estuvo a cargo de Montserrat Patricia Rebollo Cruz, quien entonces era titular de la deas.

En este texto busco compartir la reflexión que hice aquel día, añadiendo algunas otras consideraciones que de entonces a la fecha he tenido en mente. El objetivo central es reflexionar acerca del papel del uso del glifosato en el contexto nacional actual y sobre las afectaciones que encuentro en cuanto a nuestra materia de trabajo: el patrimonio biocultural. En el título de este texto, como en el de mi presentación en la mesa de discusión, retomo la película The hand that rocks the cradle, que en español se conoció como: “La mano que mece la cuna”,[2] porque me pareció que daba una idea muy concreta, algo en lo que hemos confiado, que se ha instalado en la intimidad de nuestros hogares y que, sin embargo, entraña una amenaza, nada menos que en algo tan esencial como lo que comemos. Los contenidos de este trabajo los presento a manera de menú, inspirada en el libro Alimentos sustentables a la carta. De la tierra a la mesa, de Martha Elena García y Guillermo Bermúdez.[3]

Entrada. La perspectiva

En esta sección, a manera de aperitivo, presentó los principios teóricos a partir de los que he trabajado a la comida como patrimonio biocultural. Parto de mis dos formaciones profesionales, la primera como nutrióloga y la segunda como antropóloga; en el diálogo entre una y otra me ha parecido indispensable seguir los planteamientos de las antropologías del Sur en cuanto a la necesidad de descolonizar el conocimiento e incorporar el diálogo entre distintos sistemas de generación y transmisión de saberes, enfatizando que la “ciencia” es uno entre muchos de estos sistemas, si bien los grupos en el poder le han concedido un valor superior frente a otros esquemas. Un punto fundamental más en mi trabajo es la ética del cuidado colectivo y de la naturaleza; desde esta perspectiva es fundamental analizar los conceptos que utilizamos en nuestras investigaciones, esos términos, esas palabras que usamos nos posicionan en un contexto particular y son una forma de ejercer el poder, de manera que podemos decir: “Dime cómo le llamas a algo y te diré quién eres y cuál es tu postura política”.

En términos muy amplios, podríamos hablar de conceptos locales o coloquiales, los que usamos al hablar en el día a día, y por otro lado están los conceptos operativos, que son los que utilizamos en la academia y en otros ámbitos especializados, como las cuestiones legales o políticas. Los conceptos operativos, idealmente, son definiciones claras y precisas. Para ejemplificarlos mencionaré aquí algunos de mis conceptos operativos, uno de ellos es: alimento, al que defino como cualquier ser vivo, partes de él o sus secreciones —como la miel o la leche—, minerales o incluso productos industriales que los individuos de nuestra especie, el Homo sapiens, pueden ingerir, digerir y aprovechar para obtener los nutrimentos que necesitan para mantener su vida. Otro concepto operativo que estoy utilizando es: comida, a la que entiendo como la selección que hace un grupo humano a partir de ese gran universo de posibles alimentos para establecer lo que se considera socialmente aceptable comer, lo que por lo tanto es comestible o comible, además de establecer las normas que rigen el cómo, dónde y cuándo comerlo, quién lo prepara, quién lo puede comer y quién no.

También es importante en esta discusión el concepto operativo de patrimonio biocultural, mi materia de trabajo en el inah, al cual defino como la selección que un colectivo humano hace de una herencia, legado o bien común, por considerarlo de importancia y, por lo tanto, necesario transmitir a las siguientes generaciones, en el que están vinculados el entorno natural y la construcción cultural que hace de él un pueblo, por lo cual tiene un carácter colectivo e implica derechos y responsabilidades. Derecho al disfrute colectivo, es decir, al uso social del patrimonio, y a la par las responsabilidades que conlleva este uso: conocerlo, cuidarlo, mantenerlo, resguardarlo y, muy importante, transmitirlo a las siguientes generaciones. Los académicos tenemos la responsabilidad de transmitir estos conocimientos mediante nuestro trabajo, pero también a través de la vida cotidiana, para que exista coherencia entre nuestro discurso y nuestras acciones. Por último, las cocinas las entiendo como un patrimonio biocultural que se construye en torno al acto alimentario, un patrimonio vivo, que no se queda fijo, tampoco está acabado, sino que en el día a día se va formulando, reproduciendo, transmitiendo, y disfrutando. En las cocinas contemplo elementos centrales: ingredientes, técnicas, conocimientos y especialistas (cocineras, cocineros, productoras, artesanos).

Primer tiempo. El proceso de imposición de los paquetes tecnológicos

Una forma de vida que se pretende homogénea y que está regida por los valores de una ideología particular, la del capitalismo, se ha introducido en las esferas más íntimas de nuestra existencia, una de ellas es la alimentación. Se ha buscado incidir en todos los procesos, desde la producción hasta el consumo; en este sentido, durante la mesa de discusión en la que participamos se habló de imposiciones como la que se dio a través de la llamada Revolución Verde, que inició con un programa piloto patrocinado por el gobierno mexicano y por la Fundación Rockefeller en las décadas de 1940 y 1950, mismo que sigue vigente en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (cimmyt),[4] cuyo objetivo es aumentar la productividad agrícola en México. Desde mi perspectiva, ese tipo de iniciativas siguen valores y perspectivas particulares que han favorecido no solamente procesos de colonización académica, sino también de pérdida de la soberanía alimentaria.

En este punto es importante recordar lo que hablamos sobre los conceptos operativos y el ejercicio del poder, a través de un ejemplo, la diferencia entre soberanía y seguridad alimentaria. En las políticas públicas actuales encontramos un amplio uso del concepto de “seguridad alimentaria”, ¿por qué? Porque en él se puntualiza el derecho que tenemos a una alimentación suficiente, en términos de kilocalorías, proteínas, lípidos, hidratos de carbono, etcétera; pero, ¿de dónde se obtienen estos nutrimentos?, ése es un punto secundario, de manera que los requerimientos pueden cubrirse con alimentos importados o genéticamente modificados. Desde tal perspectiva, no es necesaria una alimentación culturalmente pertinente, y ése es un punto de discusión importante que tendríamos que retomar en la antropología, y en el inah al hablar de patrimonio biocultural. También queda a la vista que los sistemas alimentarios impuestos operan bajo los principios de una supuesta eficacia en términos de volumen, y que sus distintos procesos han provocado daños ecológicos y sociales, además de que son motivo del extractivismo y causa importante del calentamiento global, y más grave aún, como lo ha puntualizado el doctor Sarukhán,[5] de la pérdida de la biodiversidad.

En 1996, durante la Cumbre de la Alimentación de la onu, celebrada en Roma, La Vía Campesina, desde una postura crítica a las políticas globales de alimentación y agricultura, propuso el concepto de soberanía alimentaria, a la que definen como:

[...] el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos ecológicamente respetuosos y sostenibles, y su derecho a definir sus sistemas alimentarios y agrícolas. Pone las aspiraciones y necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas y políticas alimentarias, en lugar de las demandas de los mercados y las corporaciones. Defiende los intereses y la inclusión de la próxima generación. Ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el actual régimen corporativo de comercio y alimentación, y proporciona directrices para los sistemas alimentarios, agrícolas, ganaderos y pesqueros determinados por los productores y usuarios locales.[6]

México todavía es uno de los 17 países con mayor biodiversidad,[7] y no es casualidad que ésta se encuentre vinculada a la diversidad cultural, pero a la vez se da una tercera coincidencia que es devastadora: éstos son lugares donde hay altos índices de pobreza. Finalmente, lo que está en juego —como explica el doctor Sarukhán— no es la vida en general sino la permanencia de la especie humana en el planeta Tierra. En este proceso de imposición de los paquetes tecnológicos que incluyen, entre otras cosas, al glifosato para la producción de alimentos en México, a partir de mi trabajo lo que he encontrado es que esa mano que está meciendo la cuna, este sistema capitalista con su idea de producción que convierte todo en mercancía, lo que en el fondo está buscando es borrar la diversidad a través de decirnos qué comer y de que todos comamos lo mismo, que todo se produzca de una manera similar, así se está borrando la diversidad de sistemas productivos y de esta forma el poder se concentra en muy pocas manos o grupos de poder.

En cuanto al cultivo de plantas los monocultivos son un grave problema; se les ha llamado desiertos verdes, y pueden observarse cuando uno recorre las carreteras del sureste del país: kilómetros y kilómetros de muchos terrenos verdes, las plantas son parejas, todas de la misma altura; es un paisaje muy diferente al de la selva, que es muy diversa. Esas plantaciones pueden ser, por ejemplo, de palma africana,[8] a partir de la cual se obtiene un aceite que se utiliza para distintos alimentos, para cosméticos y para otros productos. Los terrenos donde se siembra esa palma africana eran selvas que han desaparecido, lo mismo pasa con las grandes superficies sembradas con aguacate Hass en Michoacán,[9] que han ocasionado la destrucción de bosques, además de causar muchos problemas ecológicos y sociales e incluso generan contextos violentos.


Figura 1. Palma africana en campos chiapanecos, carretera Palenque-Ocosingo. Fotografía: Laura Corona, 11 de junio de 2018.

En otros lugares, como es en el estado de Morelos, hemos registrado el uso de químicos como herbicidas o plaguicidas, además de plásticos que han sustituido a la paja. Esta necesidad de eliminar a las arvenses ha significado la desaparición de quelites que habían sido muy importantes en la alimentación de las personas, al punto de que ahora todas las mujeres tenemos que tomar suplementos de ácido fólico que antes se obtenían por el consumo de plantas de hoja verde, como los quelites. Además, las plantas arvenses mantienen la humedad y, por tanto, reducen los índices de temperatura. En el caso de los plásticos, esas enormes placas sirven solamente para dos o tres periodos de cultivo y después se van a la basura, causando contaminación; nos han explicado que las usan en vez de la paja para poder recibir apoyos económicos, porque en estos casos les piden presentar facturas.


Figura 2. Campos de plástico, estado de Morelos. Fotografía: Laura Corona, 6 de agosto 2022.

Segundo tiempo. Agroindustria y patrimonio biocultural

En el caso de las cocinas, he encontrado que, como parte del proceso de imposición, se les ha folklorizado y se busca homogeneizarlas para cubrir los requerimientos de la industria turística. En particular, el Conservatorio de la Cultura Gastronómica de México (ccgm) está acelerando esta transformación a través de otorgar certificaciones como “cocineras tradicionales”, cobrándoles afiliaciones anuales y exigiéndoles que tomen cursos de higiene, de manejo de negocios y de otros temas, además de adjudicarse el poder para nombrar quiénes sí y quiénes no. A la par de este problema, también he registrado el cambio en los ecosistemas, la desaparición de ingredientes y, aunque las cocinas son muy dinámicas y creativas, cuando los ecosistemas han sido muy dañados éstas también corren riesgos particulares. A todo lo anterior hay que sumar el grave problema de la pauperización del campo y del propio patrimonio biocultural, porque las cocinas no son nada más cocineras y cocineros, también son artesanos que producen los utensilios para distintos procesos en las cocinas y de manera muy importante los productores a pequeña escala, que son quienes nos alimentan, no nada más en México, sino que a nivel global cubren más del 80% de las necesidades alimentarias,[10] lo cual contrasta con lo que afirman las grandes industrias en cuanto a que pretenden ser quienes van a salvar al mundo del hambre. Se trata de un grave problema en el que van de la mano la pérdida de la biodiversidad y de la diversidad cultural.


Figura 3. La milpa de mi suegro. San Bartolo Ameyalco, Álvaro Obregón. Fotografía: Leonardo Vega Flores, 3 de julio de 2016.

Respecto del maíz, afortunadamente se ha detenido la siembra de variedades transgénicas para la alimentación humana en México, gracias a la Demanda Colectiva Maíz;[11] sin embargo, buena parte del ganado a partir del cual nos alimentamos consume maíz importado y transgénico, además de que este tipo de producto está presente en la masa y en nuestras tortillas, aquí tenemos un foco rojo muy grave. En la agroindustria, los químicos y los organismos genéticamente modificados son elementos centrales, y hay que recordar que para la producción de ambos se ha generado una amplia devastación del entorno natural. Pero además debemos considerar la conexión de todos los sistemas en nuestro planeta, lo que pasa en un lugar va a dar a otro, debemos tener claro que todo está conectado, de manera que, por más que algunos países europeos hayan prohibido el glifosato, les llega; igualmente, por más que estemos deteniendo en México la siembra del maíz transgénico, nos llega, todo está conectado.

Y en términos de patrimonio biocultural, las milpas, sus maíces, frijoles, calabazas, chiles y el gran universo de seres vivos que albergan son ecosistemas creados a partir del profundo conocimiento de nuestras abuelas y abuelos, sistemas de gran vitalidad que siguen en proceso de transformación y adaptación ante las cambiantes condiciones del entorno. La milpa sintetiza a su vez la interacción entre las personas que no está libre de conflictos y problemas, pero que es un espacio de creación y aprendizajes. Estos sistemas de vida campesina desde hace décadas han sido vulnerados, devastados y saqueados en la idea de que, la “ciencia” y las tecnologías vinculadas a ella son la solución única y acabada para los problemas de alimentación en el planeta. Esta panacea imaginaria, además, ha sido causa de otro punto candente que nos aqueja: los usos del agua dulce en el planeta, desde mi perspectiva, aquí está el origen de la tercera guerra mundial, y de las próximas pandemias.

La comida y la salud están íntimamente vinculadas, somos lo que comemos y comemos lo que somos, este es un ciclo complejo que se ha vuelto vicioso, por eso es necesario romper las inercias. Ayuda conocer de dónde viene lo que comemos, porque nuestra salud y la del planeta dependen de ello. Los productores a pequeña escala, que tienen extensiones limitadas de tierra en términos de hectáreas, tienen valiosos conocimientos, resguardan las semillas, mantienen la biodiversidad y nos alimentan; éste es otro punto que también el doctor Sarukhán ha mencionado en múltiples eventos. Vale la pena, entonces, preguntarnos: ¿sabemos de dónde vienen los alimentos que hemos comido hoy? Y más importante: ¿sabemos quién y en qué condiciones los produjo?

Postre. Agenda de trabajo

Por último: ¿qué propongo para una agenda de trabajo en la DEAS en torno a este tema? En primer lugar, una investigación comprometida, en la que se propicien diálogos múltiples, con otros colegas de otras disciplinas, con actores sociales y con otras instancias. También el acompañamiento a nuestros propios interlocutores en sus luchas por la defensa de su territorio y de su patrimonio biocultural. Además, considero muy importante la difusión y divulgación de la información, dar a conocer la forma en que todos estamos conectados, de manera que, aunque alguien viva en un lugar de lujo finalmente va a ser afectado, todos estamos en el mismo barco que es el planeta Tierra. Algunas tareas que identifico en la reflexión sobre nuestros paradigmas alimentarios son: el trato respetuoso y digno a los seres vivos que son nuestro alimento, la simplificación de los procesos, menos químicos, menos envolturas, relaciones humanas entre productores y consumidores.

Pienso que es necesario hablar de alimentación, no de consumo, porque este concepto implica la lógica de mercancías. La alimentación debe buscar fuentes locales, sostenibles y socialmente responsables, además de recuperar el disfrute por cocinar y comer, desde las edades más tempranas, por ejemplo, ir al mercado con nuestros hijos, sobrinos o alumnos para conocer los alimentos, prepararlos con ellos y que esto sea algo agradable, el disfrute marca mucho a las personas. En el mismo sentido, es fundamental la participación de los actores sociales en el diseño y evaluación de las políticas públicas. Un ejemplo específico es que no sólo necesitamos un etiquetado de productos comestibles, sino que se norme la industria de productos ultraprocesados, que para mí no son alimentos sino basura comestible, para que modifiquen el contenido de sus productos de manera que no tengan esos excesos o esos componentes tóxicos.

En resumen, no necesitamos al glifosato, sino que podamos respetar todos los otros sistemas productivos que existían antes de la incorporación de paquetes tecnológicos. Tenemos que redescubrir el hilo negro, es decir, los cultivos tradicionales y agroecológicos para —como dicen varios colegas— hacer milpa. Colaborar todos con lo que cada uno pueda aportar para hacer país, como decían Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla, porque muchas cocinas y muchos sistemas alimentarios son y deben ser posibles. Comparto aquí la frase de Rachel Carson, quien fue de las primeras ecologistas y estudió la contaminación en los mares: “Todavía hablamos en términos de conquista, todavía no hemos madurado lo suficiente como para pensar que somos sólo una pequeña parte de un vasto e increíble universo”. Debemos tener claro que no somos los dueños del planeta, somos una especie entre otras.

Por último, no hay que olvidar que el glifosato se encuentra en muchos lugares, incluso en los jardines, no nada más en la producción de alimentos, y la mano que mece la cuna es el capitalismo patriarcal, el neoliberalismo y los grupos que a través de él se mantienen en el poder; ellos en conjunto están detrás de lo que comemos, ésa es la mano que está moviendo la cuna. Como centro de trabajo elaboramos un pronunciamiento que puede consultarse en Change.org y que invitamos a los lectores a firmar.[12]


[1] deas-inah, “La mesa de discusión: Los impactos del glifosato. Perspectivas antropológicas”, canal de YouTube de la Coordinación Nacional de Antropología-inah, 18 de abril de 2024, acceso el 14 de julio 2024, https://www.youtube.com/live/BrZqoeVOtqM.
[2] Esta película estadounidense de suspenso, de 1992, narra la historia de una mujer que, para concretar su venganza, se hace pasar por una niñera profesional y cordial.
[3] Martha Elena de la Cruz García Vázquez y Guillermo Virgilio Bermúdez Garza Ramos, Alimentos sustentables a la carta. De la tierra a la mesa (México: Conabio 2014).
[4] Esta información se puede consultar en la página web del cimmyt, “Nuestra Historia”, cimmyt, 23 de enero de 1997, acceso el 14 de julio 2024, https://www.cimmyt.org/es/acerca-del-cimmyt/nuestra-historia/.
[5] Grupo de Investigación Interdisciplinaria Vida y Cocinas, “Defensa de los maíces de México”, enah tv, 24 de mayo de 2024, acceso el 14 de julio 2024, https://www.youtube.com/live/vETi29_hsBc.
[6] La Vía Campesina. International Peasants Movement, “¿Qué es la soberanía alimentaria?”, La Vía Campesina. International Peasants Movement, 19 de mayo de 2000, acceso el 14 de julio 2024, https://viacampesina.org/es/que-es-la-soberania-alimentaria/.
[7] Conabio, “Biodiversidad mexicana”, Conabio, 28 de febrero de 1991, acceso el 14 de julio 2024, https://www.biodiversidad.gob.mx/pais/quees.
8] Antonio Castellanos Navarrete, “Palma de aceite en tierras campesinas: la política de las transformaciones territoriales en Chiapas, México”, Revista Pueblos y Fronteras Digital, vol. 13 (2018), acceso el 14 de julio de 2024, http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-41152018000100205&lng=es&nrm=iso.
[9] Braulio Carbajal, “Corrupción y ‘narco’ asedian el millonario negocio del aguacate”, La Jornada (11 de febrero de 2023), acceso el 14 de julio de 2024, https://www.jornada.com.mx/notas/2023/02/11/reportaje/corrupcion-y-narco-asedian-el-millonario-negocio-del-aguacate/.
[10] El Colegio Nacional, “¿Podemos alimentarnos de manera saludable y sustentable? | Los impactos de cómo nos alimentamos”, El Colegio Nacional, 29 de agosto de 2023, acceso el 14 de julio de 2024, https://youtu.be/7PrXnhvZdDE.
[11] El 5 de julio de 2013, investigadores, campesinos, académicos, artistas, representantes de organizaciones civiles, de apicultores, defensores de los derechos humanos y del ambiente —todos consumidores— presentaron una demanda colectiva en vía de acción difusa, contra las secretarías de Agricultura y Medio Ambiente y cinco transnacionales. La finalidad de la demanda es que los tribunales federales declaren que la liberación al ambiente, es decir, la siembra de maíces transgénicos, daña el derecho humano a la conservación, utilización sostenible y participación justa y equitativa de la diversidad biológica de los maíces nativos, así como daña a los que de éste derivan: los derechos de los pueblos originarios, a la alimentación y a la salud. Demanda Colectiva Maíz, https://demandacolectivamaiz.mx/wp/ (29 de julio 2015).
[12] Laura Elena Corona de la Peña, “Cumplan compromiso de prohibir uso de glifosato en México”, Change.org, 29 de mayo de 2024, acceso el 14 de julio 2024, https://chng.it/LQkXR8yZdt.

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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