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    Alicia María Juárez Becerril


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De nombrar y designar: los hombres y mujeres rituales de la montaña
Of naming and designating: the ritualistic men and women of the mountain

 

Alicia María Juárez Becerril
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (ciesas, Ciudad de México)
aliciamjb@hotmail.com

 

Resumen: El objetivo del presente artículo es recopilar los distintos nombres con que se denomina, en el Altiplano Central, a ciertos personajes, hombres y mujeres de gran conocimiento ancestral y saberes acerca del entorno natural, vinculados con el culto a los cerros, la fertilidad de la tierra y los fenómenos meteorólógicos, ello para exponer la gran variabilidad y complejidad de su actuar, pues muchas veces en su nombre o designación llevan la función principal. Algunos de esos nombres tienen trascendencia histórica y otros, con el paso de los años, se han ido sumando a esas especificaciones. Todos reflejan la cosmovisión de una sabiduría ancestral en relación con la manipulación de los elementos climáticos, en especial, la lluvia.

Palabras clave: etnometeorología, tiemperos, culto a los volcanes, rituales.

Abstract: The objective of this article is to compile the different names by which certain characters, men and women of great ancestral knowledge and knowledge about the natural environment are called, in the Central Highlands, related to the cult of the hills, the fertility of the Earth and meteorological phenomena, this to expose the great variability and complexity of their actions, since many times in their name or designation they carry the main function. Some of those names have historical significance and others, over the years, have been added to those specifications. In short, they all reflect the worldview of an ancient wisdom in relation to the manipulation of climatic elements, especially rain.

Keywords: ethnometeorology, tiemperos, cult of volcanoes, rituals.

Fecha de recepción: 08 de mayo de 2020
Fecha de aprobación: 15 de octubre de 2020

En el Altiplano Central mexicano, que comprende, entre otras, las imponentes montañas Popocatépetl e Iztaccíhuatl, se encuentran poblaciones con estrechos vínculos hacia la naturaleza. Las comunidades asentadas en las laderas de ambos volcanes pertenecen a una región de tradición meteorológica, así como de culto a los cerros, producto de un largo proceso cultural e histórico; por ello, hoy en día continúan practicando rituales para implorar la fertilidad de la tierra, la propiciación de la lluvia, así como la consagración del maíz para la siembra. Los rituales, encabezados por ciertos personajes, hombres y mujeres de gran conocimiento ancestral y saberes acerca del entorno natural, son dirigidos a ciertas entidades sagradas o divinidades populares que se encargarán de enviarles la solicitud atmosférica, muchas veces en beneficio de sus tierras.

El objetivo del presente artículo es evidenciar los distintos nombres que hay en el Altiplano Central para designar a aquellos individuos, esto con el objetivo de ver la gran variabilidad y complejidad de su actuar, pues muchas veces en su nombre o designación llevan consignada su función principal. Algunos de los nombres tienen trascendencia histórica y otros, con el paso de los años, se han ido sumando a esas especificaciones, lo cierto es que reflejan la cosmovisión de una sabiduría ancestral en relación con la manipulación de los elementos climáticos, en especial, la lluvia.

Nombres y designaciones

Si bien el especialista ritual está ligado a otros oficios, en este trabajo nos centraremos en aquel que se relaciona con el manejo y control de la lluvia, el granizo, el viento y los huracanes, entre otros. En este sentido, les denominaremos especialistas meteorológicos, que, aunque se trate de una designación simplificada, incluye hombres y mujeres de la montaña que trabajan con el alejamiento o imploración del fenómeno meteorológico. De esta forma, Estos especialistas reciben una cantidad de nombres configurados que depende de la región geográfica, e incluso del tipo de llamado que reciben, y que veremos a lo largo de este texto.

Fuentes históricas como el Vocabulario en lengua castellana/mexicana y mexicana/castellana, de fray Alonso de Molina,[1] el Tratado de las idolatrías, supersticiones, dioses, ritos, hechicerías y otras costumbre gentílicas de razas aborígenes de México, de Jacinto de la Serna,[2] así como los estudios de Alfredo López Austin[3] acerca de los “Cuarenta clases de magos en el mundo náhuatl”, nos dejan ver que los términos relacionados con personajes que controlaban la meteorología tenían una procedencia del náhuatl y, por ende, una complejidad de cosmovisión la cual conlleva un modelo de pensamiento definido que se expresa mediante la reproducción de su lengua. Los nombres que podemos clasificar a partir de dichos documentos son los siguientes:

  • Ehecatlazqui: Término relacionado con la acción de arrojar los vientos y las nubes.

Nanahualtin: Se trata de nahuales relacionados con los conjuros de la lluvia. Según Andrés Fábregas,[4] constituían un tipo de “nahual-sacerdote” que conjuraba el granizo, ahuyentaba los malos vientos y espantaba las heladas; es decir, manipulaban los elementos que perjudicaban a la siembra. Roberto Martínez[5] asienta que ellos conjuraban las nubes para que no cayera el granizo y eran considerados una especie de “nahual”, que no sólo era capaz de prevenir los fenómenos meteorológicos, sino también de controlarlos en beneficio de su comunidad. De manera similar, aquí se ubica la categoría de los nanahualtin teciuhtlazque, quienes eran capaces de crear nubes, detener tempestades y atacar a las personas o cultivos con el granizo y la sequía. Los nanahualtin constituían una especie de guardián que combatía a los enemigos de la comunidad, ya sea para proteger los recursos, evadir el mal tiempo y otros problemas, con lo cual evitaban y corregían cualquier tipo de desorden que pudiera poner en peligro la pervivencia de su comunidad.

  • Quiatlazqui: Término que significa “el que conjura el agua”.
  • Quiyauhtlazqui: Término que significa “el que precipita la lluvia”. Tipo de “nahual” que prevenía y controlaba los fenómenos meteorológicos.

Teciuhpeuhque: Término que significa “el que vence al granizo”. Por su parte, Jacinto de la Serna[6] describe que los teciuhpeuhque ahuyentaban las nubes mediante conjuros y señales con las manos, así como el soplo de su aliento dirigido hacia los vientos.

Teciuhtlazqui: Término que significa “el que conjura granizo” o también “el que arroja granizo”. Este personaje puede desviar los granizos y heladas de los sembradíos. Para Roberto Martínez,[7]se trata de “aquel que lanza o precipita el granizo” y constituye una especie de “nahual”, que no sólo era capaz de prevenir los fenómenos meteorológicos, sino también de controlarlos. Por tanto, predecía el tiempo, organizaba los ritos de petición de lluvia en tiempo de sequía, expulsaba granizadas y provocaba la lluvia.

  • Teciuhtlazani: Término que también significa “aquel que lanza o precipita el granizo” y es considerado, igualmente, una clase de “nahual” bajo las mismas características de prevenir y controlar los fenómenos meteorológicos.

Tlaciuhque-tlaciuhqui: Término relacionado con un tipo de astrólogo que podía pronosticar el temporal y tenía la facultad de descubrir las fuerzas contrarias de la naturaleza. Para Gonzalo Aguirre Beltrán,[8] se trata de una especie de “nahual”, cuya particularidad consistía en desencadenar la lluvia. El tlaciuhqui, según Roberto Martínez,[9] deriva de un verbo que significa “acelerar, apresurar”, de tal suerte que, al reconstruir la palabra tlacihua, el significado se interpreta como “aquel que existe, apresura o hace suceder las cosas”. Por lo general, este especialista adivinaba el porvenir de las personas y recuperaba objetos perdidos o robados.

  • Tlamani: significa “sabio”; en el contexto aquí estudiado es “el o la que sabe”. Este especialista se ligabaa la medicina, el poder sobrenatural y la autoridad.

Con el paso de los años algunos de los términos se han modificado. En su mayoría, dichas categorías se utilizan en la actualidad para designar a los hombres y mujeres ritualistas de la montaña, ya que ellos recurren a los espacios naturales: cerros, volcanes, ojos de agua, manantiales, cuevas y abrigos rocosos, lugares que tienen una significación donde “aseguran su reproducción y satisfacción de necesidades vitales, que pueden ser materiales o simbólicas”.[10] Y por lo tanto, se trata de una apropiación de la naturaleza reflejada en rituales de la tradición mesoamericana, donde se plasma la cosmovisión, construida a partir del paisaje y del entorno real.

Registros etnográficos de varios autores —al menos de los últimos cincuenta años— como Guillermo Bonfil,[11] Carmen Cook de Leonard,[12] Bodil Christensen,[13] Hugo Nutini,[14] Julio Glockner,[15] David Robichaux,[16] y el trabajo coordinado por Johanna Broda y Beatriz Albores,[17] que incluye estudios de Soledad González,[18] Alfredo Paulo Maya,[19] por señalar algunos, nos muestran la gran diversidad en torno a la designación de sus nombres. De igual manera, en mi trabajo de campo con el especialista ritual de Santiago Xalitzintla, en el estado de Puebla, pude obtener información de primera mano no sólo de sus funciones para con el Popocatépetl e Iztaccíhuatl,[20] sino de los nombres y llamados que conocía para oficios como el suyo. Así también, obtuve importante información dedoña Jovita (q. e. p. d.), la “sirvienta de los trabajadores del tiempo”, una ritualista de gran conocimiento de los vientos y los aires en la región de Morelos.[21] Así pues, es necesario tomar en cuenta que el nombre que ellos reciben no se limita únicamente a la designación de su papel y el compromiso que tienen para con la comunidad, sino que su nombramiento se nutre de varios aspectos, como la cosmovisión que establecen con el paisaje y la ritualidad que entablan con las divinidades mediante la colocación de ofrendas.

Los especialistas meteorológicos —nombre genérico para aglutinar todos los términos, como ya se ha señalado— pasan por un proceso de enseñanza, legitimación por parte de la comunidad y cambio de vida (alimentación y sexualidad, principalmente), pero lo más importante es que reciben la señal divina —toque del rayo, sueños o recuperar la salud después de una grave enfermedad—, lo que indica que están obligados a cumplir un cargo ritual.[22] Entre ellos encontramos a:

  • Agorero: Se les denomina de esta forma a las personas que tratan de conocer con anticipación los eventos climáticos.
  • Aguadores: Son los encargados de ir a los cerros y pedir agua para el temporal.
  • Ahuacles: Designación que reciben los especialistas que piden el agua en la región de Ecatzingo.
  • Ahuizote: Se entiende como las personas que tiene la capacidad de “llamar el agua” o “atajar el agua”. El término se utiliza en la región del valle de Toluca, Estado de México.
  • Aurero: El término se relaciona con la acción de "hacer que llueva bien", alejando las tormentas fuertes hacia los cerros. Este concepto ha sido relacionado con los términos zahorí (mago con poderes sobre los meteoros) o bien, de agorero (quien hace augurios sobre el tiempo). El término se utiliza en la región del Estado de México.

Chamanes: Aunque el término es complejo, lo tomamos en cuenta a partir de sus características particulares de relacionarse con elementos meteorológicos, pues en algunos casos los especialistas meteorológicos son nombrados chamanes. Según Grinberg-Zylberbaum,[23] los graniceros constituyen un linaje de chamanes, el cual se dedica al manejo de las condiciones atmosféricas: evitan las tormentas, granizadas y heladas que destruyen las parcelas.

  • Claclasqui: Puede derivarse de tlatlaz, como “el que conjura granizo”, o “avienta el granizo”. Tiene dos categorías: los “rayados” y los “cuarteados”. El término se utiliza en la región de Morelos.
  • Conjurador: Tienen el poder de evitar el mal tiempo e impedir que el huracán y el granizo hagan destrozos en las milpas. El término se utiliza en la región de Tlaxcala.
  • Cuarteados: Pertenecen a la categoría de los claclasquis. Se trata de las personas que reciben de forma indirecta la fuerza del rayo, la cual es de gran magnitud. De esta forma, la descarga deja inconsciente al elegido, es decir, “privado”. El término se utiliza en la región de Morelos.
  • Granicero: Término relacionado con el manejo y control del granizo, aunque el término hoy en día se ha ampliado, es decir, actualmente designa a aquella persona que puede manipular cualquier factor meteorológico. En algunas comunidades de los estados de México y de Puebla, asentadas en las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, consideran que el término de “granicero” tiene una connotación negativa por el hecho de arrojar el granizo a otras comunidades, atribuyéndole una personalidad maléfica. Existen otros nombres de personajes relacionados con el granizo, son los denominados “arreadores de granizo”, o “ahuyentadores de granizo”.
  • Huehuetlaca: Especialista de la región de la Huasteca veracruzana que realiza varias funciones rituales, entre ellas destaca la generación de la lluvia y el culto a un cerro en particular, el cerro Postectitla.
  • Lluviosos: son los que piden agua durante los periodos de sequía y apresuran la llegada de las lluvias en la región de Puebla.

Nahuales: Aunque el término es complejo, en algunos casos los especialistas meteorológicos son nombrados nahuales. En este sentido, son aquellas personas que producen la lluvia fecundante y el granizo, así como las heladas destructoras. Aguirre Beltrán[24] los clasifica en: tlaciuhqui, cuya particularidad consiste en desencadenar la lluvia; y los teciutlazqui, quienes desvían de los sembradíos los granizos y las heladas. Gracias a la regulación de la precipitación pluvial que ellos hacen se pueden obtener buenas o malas cosechas.

En relación con algunos aspectos del control meteorológico, para Roberto Martínez[25] existen dos tipos de nahuales: el buen nahual, quien hace frente a todas las salvedades que padece la comunidad, como impedir tormentas y propiciar la lluvia, por lo que de esta forma repara la continuidad y el orden social. Por su parte, el mal nahual produce las enfermedades y sequía. Se trata de personajes que se valen de ambas capacidades para satisfacer las necesidades vitales de la sociedad, así como el perjuicio de otras, según sea el caso.

  • Pedidores de agua: Son los encargados de ir a los cerros y pedir agua para el temporal. El término se utiliza en la región de Morelos.
  • Propiciador: Término relacionado con la persona que propicia la lluvia. El término se utiliza en la región del Estado de México.
  • Quapehque: especie de graniceros que reciben instrucciones del volcán La Malinche. Ésta les otorga poderes sobre el agua, de manera que, si el temporal es malo y trae consigo granizo, los especialistas pueden encajonarlo y mandarlo lo más lejos posible, a donde no perjudique los cultivos.
  • Quiapequi: Término relacionado con el personaje que conjura la lluvia. El término se utiliza en la zona del Nevado de Toluca y ha sido registrado por Alejandro Robles.[26]
  • Quiatlazc: El término es una transformación de quiatlazqui, “conjurador de la lluvia”. Se trata de las personas alcanzadas por el rayo, quienes al sobrevivir adquieren el poder de conjurar el mal tiempo. El término se utiliza en la región de Tlaxcala.
  • Rayados: Pertenecen a la categoría de los claclasquis. Personas que han sido tocados de manera directa por la acción del rayo y que cuentan con gran prestigio debido a que a ellos se les atribuyen mayores poderes sobrenaturales. El término se utiliza en la región de Morelos y en la zona lacustre del valle de Toluca. En esta última región, Beatriz Albores[27] señala que existen por lo menos tres formas en que pega un rayo: en la primera hay una ausencia de marcas y de consecuencias del golpe, por lo que no se requiere de tratamiento o curación; en la segunda forma queda una herida, la cual puede ser aliviada con la propia saliva del granicero; la tercera y última forma se refiere a marcas en el cuerpo, como una cruz, un círculo o una imagen con la forma de un santo o virgen, u otras figuras de tipo vegetal o animal.
  • Saudino: Término relacionado con “mago” o “sabio” en la zona del Nevado de Toluca. Se trata de gente a la que le pega el rayo y se hacen curanderos. Se dedican a atajar el granizo.
  • Tecihuero: Término relacionado con la palabra tecihuitl que significa “granizo”. Se nombra así a algunos especialistas de la región de Morelos y el Estado de México.
  • Tesíftero: Término relacionado con la palabra náhuatl teciuitl, que significa granizo. El término se utiliza en la región de Texcoco, Estado de México, según datos de David Lorente.[28]
  • Tezitlazc: El término es una transformación de teciuhtlazqui, “conjurador de granizo”. El término se utiliza en la región de Tlaxcala.
  • Tiempero: Como su trabajo reside en el campo, donde se cuida y se protege a la tierra —siembra y cosecha— del mal tiempo, se les denomina “especialistas del temporal”, con esta clasificación, el significado de “temporal” es implicado en designaciones similares como: “tiemperos”, “temporaleros”, “temporaleños”, “trabajadores del temporal”, “trabajadores temporaleros” registradas por autores arriba señalados. Sin embargo, el término “tiempero” es el más usado en la mayoría de las comunidades asentadas en las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Julio Glockner,[29] ha señalado que la palabra “tiempero” tiene relación con el “tiempo”, dándole a éste una dimensión meteorológica relacionada con el clima, y el término se deriva de las palabras mexicanas quiaclaxque, quiajtlama, quiampero, o tiempero, por lo que muchos de los términos son regionalismos.
  • Tlamatines: Término que proviene de la palabra tlamatini, el sabio. Actualmente es la persona que pide a los espíritus de las montañas el agua. El término se emplea en la región veracruzana según datos de Rebeca Noriega.[30]

Los diversos términos utilizados para la designación de los especialistas meteorológicos conllevan a potencializar sus cualidades y características. Al tener el control sobre algún fenómeno meteorológico: lluvia, nube, viento, granizo, entre otros, se suele simplificar su designación, porque incluye genéricamente el acto de manipular la intensidad o fuerza de los elementos de la naturaleza. Sin embargo, al realizar el acto de alejar o implorar el fenómeno meteorológico, ellos toman en cuenta la geografía, las señales de los animales, los elementos del paisaje y, sobre todo, escuchan a las entidades sagradas que los rigen, todo esto para garantizar la efectividad de la función que desempeñan. Además, cada comunidad le otorgará la credibilidad y posición al conjurador, por ello siempre su suerte será distinta. El hecho de fungir como un intermediario entre la gente del pueblo y la naturaleza deificada conlleva a una compleja red de relaciones sociales y, muchas veces, el punto de partida es el nombramiento que se les adjudica.

Puntos de análisis

La variabilidad de los nombres que los especialistas reciben evidencia puntos interesantes: en primer lugar, es pertinente que para su estudio se parta de un enfoque definido: el antropológico, histórico y comparativo, que combina otras disciplinas.[31] Es decir, un enfoque holístico, el cual es indispensable para el estudio de los fenómenos sociales, ya que implica tener una visión de conjunto y no por partes aisladas. Dicha visión de conjunto toma en cuenta la relación dinámica y dialéctica de la historia y la antropología, disciplinas que nos ayudan a estudiar los procesos de transformación de las comunidades mesoamericanas después de la ruptura histórica de la Conquista hasta la actualidad;[32] con ello se legitima el proceso de transformación que también vivieron los especialistas meteorológicos junto con sus saberes, prácticas y conocimientos. No hay que olvidar que los saberes se remiten a una parte empírica, es decir, que se llevan a la práctica, lo que permite hacer suposiciones y clasificaciones de plantas y animales, por ejemplo, o en cuanto a la calidad de las nubes, granizo, aires, rayos, entre otros, en el caso de las categorizaciones de los propios especialistas meteorológicos.

Consideramos que el término de cosmovisión da sentido al conocimiento acumulado de dichos hombres y mujeres de la montaña; y en un sentido más amplio, la cosmovisión es la parte abstracta de un sistema de representación simbólica que se concreta en el ritual y en la vida cotidiana.[33] Ahora bien, un factor fundamental que influye en la construcción de la cosmovisión, es la observación de la naturaleza: “Observación sistemática y repetida a través del tiempo de los fenómenos naturales del medio ambiente que permite hacer predicciones y orientar el comportamiento social de acuerdo con estos conocimientos”;[34] dicha observación incluía nociones sobre astronomía, geografía, clima, botánica, zoología, medicina, entre otros saberes, sensibilidades que poseen los especialistas meteorológicos.

De igual manera, hay que poner atención en las múltiples manifestaciones de la religiosidad popular indígena dotadas de significado; este planteamiento nos invita a sensibilizarnos a propósito de de todas aquellas acciones que, parcialmente alejadas de una noción de religión occidental, “advierten significados semejantes respecto a las prácticas católicas, dejando de lado (o colocando en segundo sitio) las expresiones que marcan las diferencias, las cuales inciden en la concepción en torno a lo sagrado”.[35] Hasta el presente, en vísperas del 3 de mayo, se siguen haciendo rituales de petición de lluvia y de culto a los cerros dirigidos por esos actores sociales, que, sin embargo usan y se apropian de santos, objetos católicos así como oraciones para integrarlos a las ofrendas que depositan en los entornos naturales.[36] Mediante lainterpretación propia que los especialistas meteorológicos —junto con las diferentes comunidades mesoamericanas— han dado a tan particular situación, adquiere otra dimensión que se sustenta en su forma de ver la vida.

Reflexiones finales

La información etnográfica sobre el tema de los especialistas meteorológicos es amplia y variada, con rasgos comunes y algunas divergencias; por ello, con este trabajo planteamos una sistematización a partir de sus nombres para definirlos, compararlos y catalogarlos. Esto no responde a una mera intención de clasificarlos o reducirlos, sino de aprovechar la información para lograr una perspectiva extensa de los diversos especialistas relacionados con los fenómenos climáticos en el Altiplano Central de México. Creo que es primordial seguir atendiendo estos temas para entender la relación del medio ambiente y las comunidades. En este sentido, se considera necesario continuar con la labor de recopilar nuevos datos y conocer en mayor detalle a los protagonistas de la tradición de la meteorología indígena. Se deja claro que existe una perspectiva amplia, y que, a partir de otras temáticas a explorar, el tema ser humano y naturaleza en Mesoamérica sigue siendo extraordinario e inacabado.


[1] Alonso de Molina (fray), Vocabulario en lengua castellana/mexicana y mexicana/castellana, 5a. ed. (México: Porrúa, 2004).
[2] Jacinto de la Serna, Tratado de las idolatrías, supersticiones, dioses, ritos, hechicerías y otras costumbre gentílicas de las razas aborígenes de México, ed. por Francisco del Paso y Troncoso (México: Fuente Cultural, 1953).
[3] Alfredo López Austin, “Cuarenta clases de magos en el mundo náhuatl”, Estudios de Cultura Náhuatl, vol. VII (1967), 99-117.
[4] Andrés Fábregas, “El nahualismo y su expresión en la Región de Chalco-Amecameca” (tesis de maestría, ENAH, México, 1969).
[5] Roberto Martínez, “Indios graniceros, idólatras y hechiceros. Cuatro documentos coloniales sobre meteorología indígena y prácticas rituales”, Revista Estudios de Historia Novohispana, vol. 45 (2013), 163-184.
[6] Jacinto de la Serna, Tratado de las idolatrías...
[7] Roberto Martínez, “Indios graniceros, idólatras...”.
[8] Gonzalo Aguirre Beltrán, Obra antropológica VIII. Medicina y magia. El proceso de aculturación en la estructura colonial (México: FCE / INI / Universidad Veracruzana, 1992).
[9] Roberto Martínez, “Indios graniceros, idólatras...”.
[10] Gilberto Giménez, “Paisaje, cultura y apego socioterritorial en la región central de México”, en Teoría y análisis de la cultura, vol. 1 (México: Conaculta / Instituto Coahuilense de Cultura [Intersecciones, 5], 2005, 429-450, 430.
[11] Guillermo Bonfil, “Los que trabajan con el tiempo. Notas etnográficas sobre los graniceros de la Sierra Nevada”, Anales de Antropología, vol. V (1968), 99-128.
[12] Carmen Cook de Leonard, “Roberto Weitlaner y los graniceros”, en Summa Antropológica en homenaje a Roberto J. Weitlaner (México: INAH, 1966), 291-298.
[13] Bodil Christensen, “Los graniceros”, Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, t. 18, México (1962), 87-95.
[14] Hugo Nutini, “La formación del Tezitlazc o tiempero en el medio Poblano Tlaxcalteca”, en La cultura plural. Reflexiones sobre diálogo y silencios en Mesoamérica (homenaje a Italo Signorini), ed. por Alessandro Lupo y Alfredo López Austin (México: UNAM / Università di Roma “La Sapienza”, 1998), 159-170.
[15] Julio Glockner, Los volcanes sagrados. Mitos y rituales en el Popocatépetl e Iztaccíhuatl (México: Grijalbo, 1995); “Los sueños del tiempero”, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica, coord. por Johanna Broda y Beatriz Albores (México: El Colegio Mexiquense / unam, 1997), 503-522; Así en la tierra como en el cielo (México Grijalbo, 2000); “Conocedores del tiempo: los graniceros del Popocatépetl”, en Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas de México, coord. por Johanna Broda y Félix Báez-Jorge (México: FCE / Conaculta, 2001), 299-334; “Mitos y sueños de los volcanes”, Antropología Mexicana, vol. XVI, núm. 95 (2009), 64-69.
[16] David Robichaux, “Lluvia, granizo y rayos: especialistas meteorológicos y la cosmovisión mesoamericana en la región de la Malinche, Tlaxcala”, en Aires y lluvias: Antropología del clima en México, ed. por Annamária Lammel, Marina Goloubinoff y Esther Katz (México: Publicaciones de la Casa Chata-ciesas, 2008), 395-432.
[17] Johanna Broda y Beatriz Albores, coords., Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica (México: El Colegio Mexiquense / UNAM, 1997).
[18] Soledad González, “Pensamiento y ritual de los ahuizotes de Xalatlaco, en el Valle de Toluca”, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica, coord. por Johanna Broda y Beatriz Albores (México: El Colegio Mexiquense / UNAM, 1997), 313-358.
[19] Alfredo Paulo Maya, “Los claclasquis: relaciones de poder entre los graniceros de Morelos (tesis de licenciatura uam-i, México, 1989); “Claclasquis o aguadores de la región del Volcán de Morelos”, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígena de Mesoamérica, coord. por Johanna Broda y Beatriz Albores (México: El Colegio Mexiquense / UNAM, 1997), 255-288; “Reflexiones sobre una peregrinación de los pedidores del temporal de Metepec, Xochicalco y Tetela del Volcán al Divino Rostro del Popocatépetl (el centro de la Tierra)”, Diario de Campo, núm. 53 (abril, 2003), 27-30.
[20] Cfr. Alicia María Juárez Becerril, “La vida frente al volcán. Estudio sociológico de Santiago Xalitzintla, Puebla” (tesis de licenciatura FCPYS-UNAM, México, 2002); “Una esclava para el Popocatépetl: etnografía de dos rituales con motivo del cumpleaños a Don Gregorio”, en Cosmovisión mesoamericana y ritualidad agrícola. Estudios interdisciplinarios y regionales, coord. por Johanna Broda y Alejandra Gámez (Puebla: Benemérita Universidad de Puebla, 2009), 331-348; Observar, pronosticar y controlar el tiempo. Apuntes sobre los especialistas meteorológicos en el Altiplano Central (México: IIIN-UNAM, 2015).
[21] Cfr. Alicia María Juárez Becerril, Los aires y la lluvia. Ofrendas en San Andrés de la Cal, Morelos (Xalapa, Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, 2010).
[22] Cfr. Alicia María Juárez Becerril, “Claves estructurales para el estudio de los especialistas rituales” en Fenómenos religiosos populares en Latinoamérica. Análisis y aportaciones interdisciplinares, coord. por Ramiro Gómez Arzapalo y Alicia Juárez (México: Artificio Editores, 2014), 69-89.
[23] Jacobo Grinberg-Zylberbaum, Los chamanes de México, vol. I y IV (México: Psicología Autóctona Mexicana / Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia / Facultad de Psicología-unam, 1989).
[24] Beltrán, Obra antropológica VIII. Medicina y magia...
[25] Martínez, “Indios graniceros, idólatras...”.
[26] Alejandro Robles, “El Nevado de Toluca: ‘ombligo de mar y de todo el mundo’”, en La Montaña en el paisaje ritual, coord. por Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski y Arturo Montero (México: UNAM / Conaculta- INAH, 2001), pp. 149 – 160.
[27] Beatriz Albores, “Los quicazcles y el árbol cósmico del Olotepec, Estado de México”, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica, coord. por Johanna Broda y Beatriz Albores (México: El Colegio Mexiquense / UNAM, 1997), 379-446.
[28] David Lorente Fernández, “La razzia cósmica: una concepción nahua sobre el clima (El complejo ahuaques-tesíftero en la sierra de Texcoco, México)” (tesis de maestría, Universidad Iberoamericana, México, 2006).
[29] Glockner, Los volcanes sagrados...; “Los sueños...”; Así en la tierra...; “Conocedores del tiempo...”; “Mitos y sueños...”.
[30] Rebeca Noriega, “Tlamatine, mitología y ritual en torno a la figura del trueno, en la falda este del Cofre de Perote (“tesis de maestría, ciesas-Golfo, Xalapa, 1994); “Tlamatines: los controladores de tiempo de la falda del Cofre de Perote, estado de Veracruz”, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica, coord. por Johanna Broda y Beatriz Albores (México: El Colegio Mexiquense / UNAM, 1997), 525-563; Tlamatine. Mito-lógica del trueno (Xalapa, Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, 2008).
[31] Cfr. Johanna Broda, “Historia comparada de las culturas indígenas de América”, en El historiador frente a la historia. Historia e historiografía comparadas, coord. por Alicia Mayer (México: IIS-UNAM, 2009), 75-100.
[32] Cfr. Johanna Broda, “Historia y antropología”, en El historiador frente a la historia, coord. por Virginia Guedea (México: IIH-UNAM, 2007), 177-199.
[33] Cfr. Johanna Broda, “Ritualidad y cosmovisión: procesos de transformación de comunidades mesoamericanas hasta nuestros días”, Diario de Campo, núm. 93 (julio-agosto, 2007), 68-77.
[34] Johanna Broda, “Cosmovisión y observación de la naturaleza: el ejemplo de culto de los cerros en Mesoamérica”, en Arqueoastronomía y etnoastronomía, ed. por Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski y Lucrecia Maupomé (México: UNAM, 1991), 461-500.
[35] Félix Báez-Jorge, Debates en torno a lo sagrado. Religión popular y hegemonía clerical en el México indígena (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2011), 25.
[36] Cfr. Juárez Becerril, Observar, pronosticar y controlar...

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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