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    Daniel Nahmad Molinari, Jesús Trejo González


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    Alicia María Juárez Becerril


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    Patricio Trujillo-Montalvo


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  • Experiencias de una profesora de la ENAH durante la pandemia por la COVID-19.

    Laura E. Corona de la Peña


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  • Reseña del libro Vidas transfronterizadas: Dinámicas y actores en el límite. Guatemala/México, s. XIX-XXI, de Justus Fenner, Enr

    Verónica Ruiz


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  3. Experiencias de una profesora de la ENAH durante la pandemia por la COVID-19.

Experiencias de una profesora de la ENAH durante la pandemia por la covid-19
Experiences of an ENAH professor during the COVID-19 pandemic

Laura E. Corona de la Peña
Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH /
laura_elena_corona@hotmail.com

Fecha de recepción: 21 de enero de 2021
Fecha de aprobación: 23 de marzo de 2021

Ser mujer, madre, esposa, además de investigadora y profesora en el México de la covid-19 ha sido, para mí, una tarea difícil. En este texto, a partir de un ejercicio de autoetnografía que realicé de marzo a agosto 2020, comparto con los lectores un fragmento de mi experiencia durante la contingencia, específicamente en lo que tiene que ver con la docencia.

Para la mayoría de los profesores de la enah ha sido difícil trasladarnos de las aulas a un cuadrito en una pantalla, aprender a usar plataformas, conectar cables, encontrar los controles de audio y video. Sin embargo, lo más difícil —desde mi perspectiva— ha sido abrir al público parte de mi intimidad y conocer parte de la intimidad de los otros, todo a través de ese ojo que en algunas series llamaban “el gran hermano”, ese ojo intrusivo que abre a los demás nuestros hogares, sus espacios, sus dinámicas, sus sonidos y sus dramas.

Para las mujeres académicas y para los padres en general hay que añadir en estos tiempos no sólo el peso de las tareas domésticas, sino muchas veces del desempleo, pero sin duda para mí lo más complicado ha sido acompañar a nuestras hijas e hijos en este trance pandémico, estando despojados de respuestas y teniendo un nudo atorado en la garganta; cómo ayudarlos a entender lo que nosotros mismos no entendemos.

Antes de esta pandemia la vida no nos parecía fácil del todo, pero al menos podíamos estudiar juntos matemáticas, español, ciencias naturales o podíamos pasear por un parque y rodar sin preocupación sobre el pasto, o reír a carcajadas, como esa vez que confundimos un trapo en un árbol con un pájaro carpintero. Ésa es la vida que conocí y la que quería que conociera nuestra hija. De verdad lo siento mucho, no sabía qué tan profundas podían ser las consecuencias de nuestra forma de vida, y de nuestras formas de consumo. No saber no me exime de responsabilidad y la asumo.

Ésta sin duda es —en presente— la experiencia más fuerte de mi vida, pero al menos sé algunas cosas: como padres, mi esposo y yo haremos todo lo posible para que nuestra hija tenga las herramientas para atravesar estos tiempos con los menos daños posibles. Como investigadora y profesora haré todo lo que esté en mis manos por contribuir a dar cuenta de lo que está pasando aquí y ahora para aportar no sólo en el conocimiento, sino en la formulación de estrategias a todos niveles.

Antes de la pandemia

Como profesora investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social antes de esta pandemia llevaba una agenda apretada en la que trataba de conciliar la vida académica con la personal; dedicaba muchas horas a transportarme de uno a otro lugar y ya había pasado varias turbulencias existenciales, entre las más fuertes: el 19S, que nos obligó a cambiar de domicilio durante un mes. Otra turbulencia profunda que sigue cocinándose en frío, y que me preocupa sobre manera, es el desmantelamiento que la institución en la que laboro ha experimentado desde hace más de 20 años: el Instituto Nacional de Antropología e Historia, una de las últimas instituciones del proyecto nacionalista de Lázaro Cárdenas. El inah ha marcado mi vida. Me formé en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, después trabajé en el emblemático Programa Nacional Etnografía de las Regiones Indígenas de México, que en su vigésimo aniversario fue paradójicamente suspendido. Más tarde me integré a la deas como profesora investigadora y recorrí una a una las categorías escalafonarias. En 2008 me integré al cuerpo docente de la enah.

En ese —ahora lejano— 2019 el inah cumplió 80 años de existencia, y casi a fines de año nos preparamos para abrir la 9a edición del diplomado Cocinas y Cultura Alimentaria en México. Usos Sociales, Significados y Contextos Rituales, un programa que se imparte anualmente en la enah desde 2012. Entonces también preparaba el programa del seminario permanente que coordino para la enah desde 2014: La Investigación Histórico-Antropológica de la Comida. Metodología y Heurísticas, en esos días todo en apariencia seguía en la “normalidad”.

En una de las reuniones que tuvimos en diciembre del 2019, para hablar del proceso de ingreso de la 9ª edición del diplomado, apareció una sombra en el horizonte: en Wuhan, China, se había encontrado que un nuevo coronavirus, sars-cov-2, estaba afectando a las personas. Esas noticias me recordaron el año de la influenza a(h1n1), 2009, cuando cursaba el doctorado y cuando pase gran parte de mi embarazo recluida en casa. Fue difícil, pero no una situación de pánico nacional como ahora, por eso pensé que esta vez sería de alguna forma similar; ahora sé que no tenía yo la menor idea de lo que enfrentaríamos. Una primera muestra de lo inestable que es nuestro mundo tecnológico y moderno la viví el 8 de marzo 2020, cuando asistimos a la marcha de mujeres del 8M, entonces miles de personas nos reunimos en el monumento a la Revolución y de un momento a otro nos quedamos sin señal de celular, ahí estuvimos varias horas mientras pasaban los distintos contingentes. Entonces pensé: afortunadamente hemos podido marchar hoy, casi con normalidad, ¿cómo sería si la pandemia ya estuviera aquí? Un año después lo supe.

Primeros ajustes

Al iniciar el 2020, en la comunidad de la escuela existían distintas posturas sobre la pandemia por covid-19 y respecto de sus posibles implicaciones a nivel nacional; sin embargo, muchos profesores no pensamos que hubiera una afectación directa a las actividades de la escuela, no hubo indicaciones específicas ni del inah ni de la sep sino hasta el mes de marzo, cuando inició la Jornada de Sana Distancia. Es importante recordar que en la enah, además de las 7 licenciaturas y los 5 posgrados, existe todo un programa de cursos, seminarios, diplomados y otras actividades tanto dirigidas a nuestra comunidad como abiertos a otras personas, en este último caso se encuentran el diplomado y el seminario en los que participo.

El diplomado Cocinas y Cultura Alimentaria. Usos Sociales, Significados y Contextos Rituales es un programa con duración de seis meses con sesiones semanales y prácticas de campo (figura 1). Desde su inicio, en 2012, hasta el 2020 estuve a cargo la coordinación académica en colaboración con la Dra. Catharine Good Eshelman y a partir de 2019 también se sumó la Dra. Ma. Miriam Manrique Domínguez.


 Práctica de campo de la 9a edición del diplomado. Fotografía: Zazil Vega Flores, 23 Feria del Maíz y Otras Semillas Nativas. Vicente Guerrero, Españita, Tlaxcala. 14 de marzo de 2020.

Por lo que respecta al seminario permanente que coordino desde 2014: La Investigación Histórico-Antropológica de la Comida. Metodología y Heurísticas, este programa tiene ciclos anuales y funciona a su vez como grupo de investigación interdisciplinaria en el que participamos un máximo de 20 personas por ciclo (figura 2). Este espacio se constituyó para dar continuidad a la formación y especialización de sus integrantes en la investigación antropológica e histórica de la comida. Todos los participantes deben desarrollar una investigación individual o en equipo, además de participar en proyectos colectivos, partimos de priorizar principios éticos y de responsabilidad social, además de fomentar procesos de investigación más humanos en los que los colegas aporten respetuosamente su experiencia para apoyar los proyectos de los compañeros.


Figura 2. Primera sesión del seminario permanente La Investigación Histórico-Antropológica de la Comida. Metodología y Heurísticas. Fotografía: Laura E. Corona, enah, 7 de febrero de 2020.

Fue ese sentido de acompañamiento colectivo, generado desde hacía varios años, lo que permitió que al migrar al formato virtual este espacio además fuera un punto de apoyo para muchos de nosotros que durante el 2020 pasamos por momentos difíciles: varios integrantes y familiares suyos padecieron covid-19, otros resintieron el golpe económico de la pandemia, otros más tuvieron otro tipo de pérdidas. Por lo anterior, a las actividades del seminario sumamos un taller de cocina y un grupo de trabajo para aplicar la autoetnografía al análisis de la situación. Todas esas actividades nos ayudaron a pasar los tragos amargos y a retomar el camino. Varios integrantes lo expresaron en nuestra sesión de diciembre, que en otros años era motivo de una comida para celebrar y que en esta ocasión tuvo que sostenerse en línea, así que comimos por separado, cada uno en su cajita de Zoom (figura 3).


Sesión de clausura del seminario La Investigación Histórico-Antropológica de la Comida. Metodología y Heurísticas. Captura de pantalla de Laura E. Corona, 11 de diciembre de 2020.

Estos dos programas desde su inicio se han desarrollado en un formato presencial. En el caso del diplomado, si bien hemos tenido múltiples solicitudes de un formato en línea, lo habíamos descartado por tres razones: 1) nuestra intención de formar grupos de colaboración entre los participantes a través de la relación personal entre ellos; 2) la centralidad de las prácticas de campo para que los participantes tuvieran la experiencia etnográfica; 3) la carencia de recursos técnicos y conocimientos tanto de las plataformas como de las técnicas didácticas aplicables en este tipo de sistemas. Igualmente, en el seminario la importancia de que las sesiones fueran presenciales se sustentaba en la necesidad de interactuar directamente, para establecer diálogos entre los participantes y desarrollar una investigación más ética y humana. El 7 de febrero de 2020 inició el seminario y el 19 de febrero se inauguró la 9ª edición del diplomado (figura 4), ambos contemplando un programa presencial.


Inauguración de la 9ª edición del diplomado Cocinas y Cultura Alimentaria en México. Usos Sociales, Significados y Contextos Rituales. Fotografía: Mónica Gracia Manrique Domínguez, enah, 19 de febrero de 2020.

De lo presencial a lo digital. Estrategias docentes con motivo de la contingencia sanitaria

A principios del mes de marzo era inminente el avance y gravedad de la pandemia en otros países, esto generó incertidumbre en toda la comunidad de la enah en torno a la posibilidad de continuar o no con los programas presenciales; después de 4 sesiones con tal caracter y una única práctica de campo, el 14 de marzo, por cuestiones de seguridad sanitaria decidimos que debíamos migrar a un formato digital. Lo mismo apliqué al seminario, del cual sólo tuvimos dos sesiones presenciales. En esos días en nuestras reuniones de profesores del diplomado comentamos la preocupación por la contingencia, y entonces la mayoría considerábamos que sería una medida temporal.

El 16 de marzo de 2020 la Dirección de la enah emitió el oficio 401.2S.1.2020/472, en el que especificaba un periodo de suspensión de actividades académicas del 23 de marzo al 17 de abril para las licenciaturas y posgrados, mientras que las actividades de Servicio Social quedarían postergadas hasta el 20 de abril y el trabajo de campo no sufriría reprogramación. En el caso de todas las actividades de Extensión Académica que estaban programadas, éstas tendrían que ser reprogramadas; sin embargo, tanto en el caso del diplomado como en el del seminario no siguieron esa indicación porque se llevaron a cabo en formato virtual (figura 5); entonces fue necesario establecer, en coordinación con las instancias de la enah, los mecanismos para dar validez a las actividades que se estaban realizando de manera virtual.


 Tercer simposio, de clausura, de la 9a edición del diplomado Cocinas y Cultura Alimentaria en México. Usos Sociales, Significados y Contextos Rituales. Captura de pantalla de Laura Corona, 7 de septiembre de 2020.

Al principio utilizamos plataformas que permitían reuniones gratuitas, pero, al sumar las limitaciones de tiempo de reunión y problemas técnicos, finalmente decidimos pagar una suscripción anual; en el caso del diplomado la Dra. Good, contrató Blue Jeans, y en el mío opté por Zoom para el seminario. Nos habían explicado en la escuela que no podrían apoyarnos con recursos para tales fines, mientras que el inah tenía disponible para los investigadores la herramienta Teams como parte de los servicios del correo electrónico institucional Office 365; sin embargo, después de varios intentos vimos que requería un ancho de banda superior al que muchos alumnos y profesores teníamos. Tras adquirir las suscripciones mejoró la situación, pero después resultó necesario el cambio de servicio de internet. Después de unas semanas de alivio, cuando se retomaron las clases de educación básica y media superior, muchas escuelas utilizaron también la vía remota y se hizo notoria la reducción de la velocidad y el aumento en los problemas técnicos, porque se tuvo que compartir la señal y los equipos con nuestros hijos.

Aprendimos sobre la marcha cómo usar las plataformas y por el momento seguimos impartiendo las clases como si estuviéramos en las aulas, pero frente a una cámara, a veces me resultaba un tanto desconcertante sólo ver cuadritos negros con letras, detrás de los cuales suponía estaba algún alumno, ojalá escuchando. Lo mismo pasó con las ponencias y conferencias, se trasladaron a formatos virtuales en los que desarrollamos monólogos para al final ver asomarse rostros en pequeños cuadritos y leíamos en un chat preguntas y comentarios. A pesar de todo esto, para mi resultó un reto y una experiencia enriquecedora, al principio en el diplomado aumentamos radicalmente nuestras actividades, no tomamos las vacaciones programadas de Semana Santa, agregamos talleres, asesorías y otras actividades.

En ese frenesí digital, las clases las dábamos con los mismos tiempos y estilos que las presenciales y fue hasta que los alumnos nos pidieron dar descansos que nos dimos cuenta de que este tipo de docencia requiere un manejo distinto de los tiempos. Muchos seguíamos usando las presentaciones en Power Point, otros experimentaban en otros formatos; sin embargo, se hizo claro que requeríamos generar presentaciones que fueran más atractivas visualmente y hacer más cambios de entonación para suplir gestos faciales o movimientos que, en las clases presenciales, nos habrían permitido hacer más clara alguna idea.

En el diplomado también incursionamos en la grabación de las sesiones para que pudiéramos volver a verlas los alumnos y nosotros, o para que las consultaran aquellos que no habían podido asistir. Grabar las sesiones implicó buscar programas gratuitos de captura de video y reemplazarlos cuando terminaba el periodo sin costo, finalmente adquirimos la anualidad de uno de ellos. Además, me pareció necesario editar las grabaciones para eliminar la posibilidad de miradas invasivas a la intimidad descubierta, tanto de profesores como de alumnos, cuando algún micrófono travieso se activó en mal momento; pero también para añadir carátulas, fechas, créditos y datos generales; para ello eché mano de programas gratuitos hasta que, gracias a una conversación con mi colega de la deas, la Dra. Mariana Rivera, descubrí las bondades de iMovie. Todas estas grabaciones nutrieron el canal de YouTube que abrimos para la 9ª edición del diplomado.

En el caso del seminario, las grabaciones fueron selectivas porque ese espacio es más de discusión que de exposición; estas grabaciones las hice a través del Zoom y están disponibles para los miembros del seminario en su canal de YouTube. Así, de un día para otro tuvimos que tomar cursos en línea para ver cómo es la docencia digital, para aprender a manejar las plataformas, para aprender a grabar, editar y compartir videos; de pronto todo esto nos abrió un universo que no habíamos contemplado y que aparecía lleno de posibilidades, más adelante veríamos que también está lleno de claroscuros.

A meses de este cambio en el formato de docencia hice una primera reflexión que titulé “Docencia digital”,[1] una serie de cuatro videos y una cápsula introductoria. En esa cápsula[2] afirmé que, en el caso de la etnografía, considero fundamental el diálogo cara a cara, agregaría ahora la necesidad de las experiencias multisensoriales que nos hemos perdido en estos tiempos de contingencia: los olores, sabores, texturas, las vivencias, el contacto humano, la mirada sin intermediarios ni filtros digitales. Sí, es cierto que la etnografía puede tener alternativas como entrevistas en línea o por teléfono, pero desde mi perspectiva estas sólo pueden ser estrategias parciales o temporales. Aún más crítica me parece la situación de la enseñanza de la etnografía, en el diplomado tratamos de subsanar parcialmente la falta de prácticas con un ejercicio de autoetnografía y con lo que llamamos “video-prácticas” que consistieron en ver y comentar documentales antropológicos; sin embargo, la convivencia, el trato con las personas y con los propios compañeros y profesores se quedó de lado.

Esta crisis sanitaria que ha afectado gravemente al sector de la cultura en México está dejando una profunda fractura en el sistema educativo. Sin duda la pandemia y la contingencia sanitaria que se ha establecido para contenerla incidirán de manera muy importante; por un lado, en las personas adultas mayores, que son uno de los grupos más vulnerables a efectos graves de la covid-19, y por otro lado en muchos niños y jóvenes por la manera en que se han afectado los procesos de socialización. La vida social en general ha tenido que reestructurarse, y aquí me resulta ejemplar la forma en que en muchos pueblos con quienes he trabajado han resuelto su compromiso con las santas imágenes sin exponerse, primero suspendiendo o posponiendo las festividades y, avanzada la contingencia, a través de estrategias como procesiones y misas muy acotadas que se transmiten en vivo por Facebook o por otro medio, todo esto demuestra lo que el Dr. Andrés Medina comentó en una de las sesiones del diplomado: “Las personas encontrarán la forma de continuar con sus fiestas”.

En un 2021 que inicia con la experiencia de un “ya pronto” —que nunca llega— en el sentido de cuándo terminará todo esto, la 10ª edición del diplomado se planteó 100 % virtual, lo mismo que el 8º ciclo anual del seminario. En la enah, a través del comunicado de la Dirección de la escuela fechado el 11 de enero 2021, se menciona que, conforme a la publicación del Diario Oficial de la Federación del 8 de enero de 2021, el trabajo a distancia para los empleados de la administración pública federal se extenderá hasta el 30 de abril del 2021.


La ENAH en tiempos de contingencia. Fotografía: Leonardo Vega Flores, 20 de enero 2021.

El giro viral en investigación y docencia

Además de los cambios en la forma de desarrollar la docencia, la gravedad de la pandemia me impactó profundamente y al comenzar a informarme sobre ella, con sorpresa y cierta vergüenza, me di cuenta de que desde hacía años colegas de otras disciplinas venían advirtiendo de los riesgos de las zoonosis propiciadas por las formas de consumo humano, en específico las relativas a la alimentación, mi tema de estudio desde hace varios años. Sabía de muchos efectos dañinos de la producción industrial de alimentos tanto en la salud de las personas como en la naturaleza, pero en particular no me había enterado de esto. Fue entonces que mis actividades de investigación y docencia sufrieron un giro, al que puedo llamar viral, porque en el centro de mi análisis estaba ahora este nuevo coronavirus como expresión de lo urgente e incontenible, el impacto de la agroindustria.

Dediqué y sigo dedicando gran parte de mi tiempo a aprender sobre ese virus con el que, como mal chiste, comparto el apellido. En este sentido, me acerqué a los trabajos de historiadores como Frank M. Snowden, o de ecológos como Gerardo Ceballos y Gerardo Suzán. Necesitaba entender los procesos desde otras ópticas y sigo trabajando en ello, también continué mi investigación sobre las industrias de producción alimentaria y sus consecuencias, tanto a nivel mundial como nacional. Además, mi esposo y yo realizamos un ejercicio de autoetnografía, y a través de los cambios que aplicamos en nuestra propia alimentación nos vinculamos con pequeños productores con quienes hemos establecido un diálogo que se ha profundizado aplicando entrevistas vía Zoom. Los resultados los hemos presentado tanto en forma de ponencias como en un texto que redactamos en coautoría con Magdalena Pérez Palomo y Jesús Alberto López Rodríguez, titulado: Alimentación y covid-19. Reflexiones preliminares en la Ciudad de México.

A la par que iba construyendo un panorama de la pandemia y su vínculo con los sistemas alimentarios mundiales, empecé a incluir estos contenidos en mis actividades de docencia, tanto en el diplomado como en el seminario. Un resumen de estos contenidos puede verse en: “Nutrición y antropología en tiempos de pandemia”, video disponible en YouTube.[3]

De cara al futuro

El escenario actual en general es muy difícil en México para las instituciones culturales y para la educación. Desde mi perspectiva, la visión crítica y humanista de carreras como las que se imparten en la enah, así como los perfiles de muchos de sus cursos, diplomados y otras actividades, tienen mucho que aportar al análisis tanto de la pandemia como de sus consecuencias y de las estrategias que se han tomado, incluidas las que tienen que ver con la docencia.

Como muchos colegas del inah, comparto la idea del compromiso social que implica nuestro trabajo y de que es indispensable la difusión y divulgación de los resultados de la investigación antropológica, sobre todo en circunstancias tan fuertes como esta pandemia. Por ello es fundamental mantener la vitalidad de las escuelas del inah y luchar para que los jóvenes investigadores puedan trabajar en esta institución con condiciones dignas, de esto depende en gran medida la continuidad de la tradición antropológica en nuestro país.

Sin duda, momentos tan difíciles como los que pasa nuestra institución y sus escuelas son oportunidades para cambiar el rumbo, para retomar principios éticos. Sabemos que la tarea que tenemos por delante no será fácil y además tomará mucho tiempo y energía; sin embargo, para mí, como para muchos, colegas es totalmente loable y vale toda la pena.

Además de académicos, somos personas con una vida que implica trabajos domésticos que ahora nos son más evidentes porque antes algunos podíamos contar con el trabajo de un tercero. A las labores domésticas hay que añadir que en tiempos de pandemia los procesos de limpieza exhaustiva de todo lo que llega de fuera, protocolos de limpieza y de uso de equipo de protección para las salidas indispensables; encontrar tiempo y espacio para mantenerse en forma siguiendo clases de yoga en línea, y reposo de la vista y del cerebro sobreexpuestos a las pantallas. En las condiciones de contingencia sanitaria los mismos metros cuadrados sirven de oficina, escuela, casa y universo, el contraste con nuestra costumbre de estar continuamente fuera en trabajo de campo fue muy complicado en términos anímicos. Reorganizar los tiempos y espacios en un pequeño departamento como el que habitamos constituye todo un reto; he implementado muchas estrategias y aún sigo experimentando para lograr el mayor balance posible, pasa a veces que los trastes se acumulan o que tardamos en barrer y trapear, o que pasamos noches en vela para concluir algún trabajo, pero después de la tormenta viene el momento de atender lo pendiente en lo que llamamos maratones de trastes, ropa y quehacer.

Todo lo vivido me ha enseñado que la docencia requiere de constantes esfuerzos de adaptación, creatividad y cariño para generar espacios presenciales y virtuales en los que el conocimiento se construya en conjunto; la tecnología, con su hardware y su software, no tiene la respuesta, se requiere además una capacidad histriónica para mantener —ahora más que nunca— la atención de los alumnos, fomentar la interacción no con preguntas sino estableciendo diálogos, escuchar más que hablar, acompañar más que informar. En este sentido, instituciones como el inah, si bien tienen carencias de recursos económicos y tecnológicos, aplican como hace años estrategias creativas para enfrentar situaciones como ésta y como otras que hemos vivido.

Aún no tengo propuestas muy estructuradas de cómo desarrollar una docencia digital que no sea una emulación de lo presencial, pero algo fundamental que he aprendido es el respeto a los tiempos personales y de los alumnos; en este sentido, evito comunicaciones en fines de semana, apago el celular a las 21:00 y no me estreso como antes, trabajo porque amo mi profesión y porque a través de ella busco aportar algo a la vida, no para que me reconozcan.


[1] Disponible en: https://youtube.com/playlist?list=PLMjBEEGSmdaCD-3Jl2QGoioPVIlm0QNF7
[2] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NEfyCC-beFw&list=PLMjBEEGSmdaCD-3Jl2QGoioPVIlm0QNF7&index=1&t=71s.
[3] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=ZHEDJWRNtEA&list=PLMjBEEGSmdaCD-3Jl2QGoioPVIlm0QNF7&index=4&t=2158s.

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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