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Reseña del libro Foretelling the end of Capitalism. Intellectual misadventures since Karl Marx, de Francesco Boldizzoni (Cambridge, Harvard University Press, 2020)

Alfonso Barquín Cendejas
Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH / albarcen@gmail.com

Fecha de recepción: 18 de enero de 2021
Fecha de aprobación: 21 enero de 2021

El domingo 3 de enero de 2010 La Jornada publicó en primera plana declaraciones de Pablo González Casanova, entre las que destacaba: “El capitalismo mundial ha llegado a su crisis terminal”. No era la única vez que don Pablo expresaba tal condena, ni la única en que La Jornada publicaba sobre el tema. Immanuel Wallerstein, entre otros, lo tocó en la década anterior como su columnista regular, pronosticando la crisis terminal alrededor del año 2040. El tema de fondo es que la percepción del fin del sistema económico hegemónico da para primera plana, desde el siglo XIX.

La relevante obra de Matteo Boldizzoni, Predecir el fin del capitalismo. Desventuras intelectuales desde Karl Marx, aborda el estudio de los relatos que, desde la época de Marx, han desplegado las razones de la inminente caída del capitalismo y su remplazo por algo mejor. El punto de partida del autor lo constituye el hecho de que la totalidad de los relatos considerados están basados en pronósticos errados al día de hoy, es decir, que derivado del análisis de las condiciones imperantes en su momento y de las fallas o lacras del sistema económico, los pensadores declaraban que se aproximaba una crisis de tal magnitud que ya no podría ser procesada por el sistema y por tanto se desplomaría irremediablemente; lo que no ha ocurrido. Parece factible aventurar que la obra es una más de las alabanzas a la vitalidad del capitalismo o a su excelencia frente a otros sistemas posibles; lejos está de ser así. Boldizzoni aborda de manera seria y bien documentada tales relatos como formas que expresan: el estado del capitalismo al momento de la predicción; la condición de las herramientas teóricas y metodológicas de su estudio; las razones de peso por las que el capitalismo no podría ya reinventarse y, por tanto, de su desaparición; el marco axiológico por el que las condiciones en las que opera no son deseables o soportables por el conjunto de la sociedad y, finalmente, el probable conjunto de condiciones que imperarán en sustitución del sistema que se ha ido. Este último aspecto es notable en particular, pues revela el elemento “futuro” que tienen los relatos del fin del capitalismo, porque ninguno de los autores que analiza Boldizzoni hacen análisis factuales o contrafactuales sobre un hecho, sino que se aventuran en el brumoso porvenir, de tal suerte que ante la caída del capitalismo algo tiene que suplantarlo y, por tanto, aparecen nuevas expectativas en el analista que lo vaticina. Esta veta emotiva de los autores abre paso a la dimensión utópica con tal fuerza, que el libro dedica el capítulo “Divagaciones de la mente predictiva” a exponer las condiciones que seguirían luego de la desaparición del capitalismo y que en general, se ubican del lado de las utopías “felices” y no de las distopías. Lo anterior me parece comprensible porque la mayoría de las predicciones contienen elementos de denuncia sobre el conjunto de circunstancias detestables que en efecto alimentan al sistema y, por ello, resultaría paradójico para los autores promocionar que, ante la caída del capitalismo, un sistema peor lo sustituiría.

La obra destaca por ser una excelente revisión de historia del pensamiento occidental, lo que le permite hilar en torno a dos ideas harto interesantes. La primera es que las modernas ciencias sociales están profundamente imbricadas e impactadas con el desarrollo del capitalismo, de tal manera que han crecido a su sombra y, por tanto, los conceptos y teorías que se desprenden de su estudio han nutrido la evolución de todas las disciplinas sociales. La antropología, mentada regularmente como hija bastarda del colonialismo y por ende de los procesos de crecimiento y maduración del capitalismo, no es ajena a esta realidad. En particular como es bien conocido, la expansión colonial y el choque global entre culturas es producto de presiones para la adquisición de materias primas para los mercados de las potencias centrales y posteriormente, la expansión de los mercados mismos. A la fecha, este proceso no se ha acabado y se evidencia en los conflictos entre poblaciones rurales y los diversos megaproyectos, alimentados por la lógica inicial del capitalismo.

La segunda idea, como se mencionó al principio, es que las profecías nunca se han vuelto realidad. De ahí que han promovido las continuas revisiones de los marcos para la comprensión de sus fallas y, en ese sentido, mejorar las herramientas de comprensión de la ciencia. Un caso específico de nuestra disciplina, en el que a lo largo de las épocas se han generado nuevos modelos de comprensión en torno del fenómeno colonial capitalista y sus consecuencias, es el debate en México sobre el concepto de colonialismo interno que enfrentó, entre otros, a Rodolfo Stavenhagen y al propio González Casanova con Gonzalo Aguirre Beltrán; también, la dispersión inversa de elementos culturales de los colonizados, que impactaron el proceso capitalista en las potencias hegemónicas como reseña Eric Wolf en Europa y la gente sin historia; y el análisis del proceso civilizatorio considerando la visión y los efectos desde los pueblos colonizados que Darcy Ribeiro consigna en El proceso civilizatorio.

Con esos dos ejes, Boldizzoni enuncia una conclusión que va a imperar en todo el trabajo: el análisis del porqué del fallo de las predicciones y, en consecuencia, de una mejor comprensión del proceso en general, permiten entender cómo se reinventó el capitalismo frente a las fallas señaladas y, por ende, su renovada vitalidad. Estas ideas suenan a blasfemia en algunos sectores académicos, pues es más fácil insistir en que “el capitalismo va a desaparecer”, que en profundizar y aceptar en las circunstancias de su terca persistencia. Boldizzoni no asevera en ningún momento que el capitalismo es eterno o que le restan siglos de existencia; sin embargo, expone que en las profecías enunciadas desde el siglo xix, se denuncian múltiples fallas en la economía de la época y cómo, ante las debilidades presentadas como terminales, el sistema se reinventa y reconfigura para mantener su hegemonía. Tampoco idealiza las evidentes lacaras del sistema que, sin embargo, son procesadas al interior para producir estabilidad. Desde luego que, según mi opinión, el capital si viene al mundo sudando sangre y lodo por los poros, degradando y dominando estratos sociales completos; sin embargo, esta lamentable realidad no es necesaria ni suficiente, para que una profecía sobre el fin del capitalismo se cumpla de manera obligatoria.

En los capítulos del libro se hace exposición de los autores que desde el tiempo de Marx han pronosticado la reseñada muerte. Se presentan así distintas épocas históricas, múltiples preocupaciones y las respuestas del sistema. Pasamos del capitalismo de la revolución industrial, a su maduración en el capitalismo de principios del siglo xx; de las guerras mundiales a la crisis del 29 y el renacimiento de la idea de la crisis terminal; por la época feliz de la posguerra y la crisis del Estado planificador de los años setenta, y, finalmente, por el neoliberalismo como respuesta a esa crisis y su desgaste en la época actual. En cada fase, las inquietudes están inscritas en su momento histórico: desde la acumulación originaria y las jornadas de 18 horas, al salario mínimo y la jornada de 8 horas; del abandono del proletariado a su suerte a la incipiente seguridad social; de la crisis de entreguerras y la confrontación de las ideologías totalitarias a la socialdemocracia; de la crisis de legitimidad del Estado benefactor a la crisis ecológica; del neoliberalismo y el “fin de la historia” a la precarización, la crisis de la democracia contemporánea y el surgimiento de los populismos. Todo el abanico de autores presentados compendia una rica selección no sólo de economistas, sociólogos o escritores sino también filósofos y antropólogos.

Existe un elemento en particular que me parece importante en el texto: la dimensión política. Se refiere a las consecuencias presentes, de los análisis a futuro del sistema económico. Si según las evidencias el capitalismo va a desaparecer: ¿qué lo suplantará? ¿Habrá que hacer activismo hoy para ayudar a su caída o preparar el nuevo sistema? ¿El nuevo será mejor? ¿Qué se desea incorporar al modelo por venir del viejo sistema? Estas preguntas son las que se abordan en el referido capítulo sobre las divagaciones de carácter utópico. Inicia señalando el peculiar entorno que constituyen las predicciones en la tradición occidental, pues no hubo tal profusión de vaticinios sobre la caída del feudalismo o del poder de la iglesia católica. Atañe esta peculiaridad, a la fe en el progreso continuo que impacta todo el pensamiento occidental. En ese marco, cambio acumulativo y mejora están inseparablemente atados a los pronósticos del fin del capitalismo pues, como asevera, la casi totalidad de estos relatos culminan profetizando no sólo el fin de lo conocido, sino la forma que tendrá lo desconocido y que inevitablemente bosquejan como mejor. De ahí que los autores abandonen el seguro terreno del análisis y se aventuren en el pantanoso universo de las utopías. Dos similitudes detectan Boldizzoni entre los pronósticos y las utopías calificándolas como sorprendentes: 1) lo que sigue al presente detestado es un mundo mejor y opuesto al existente. Así vaticinan un sistema sin desigualdades económicas, sin grandes jerarquías, sin injusticias sociales y en donde la virtud remplaza la avaricia, 2) en ambos casos, los mundos futuros están motivados por el miedo y el deseo.

Esta concentración de opuestos en un relato que no deja de repetirse, es una de las características que Lévi-Strauss define para el mito, pues una de sus utilidades es contar una historia sobre una contradicción insoluble, para tratar de darle sentido. Es decir, las contradicciones insolubles del capitalismo —apropiación individual frente a producción social, movilidad individual frente a inmovilidad de clase, libertad de consumo frente a imposibilidad de adquisición— arrojan un relato muy claro del sistema y, en consecuencia, se trata de buscar una salida a los antagonismos insolubles en que estamos atrapados. Esta es, me parece, una clara dimensión mitológica en los pronósticos del fin del capitalismo y también, de su avance hacia los terrenos de la utopía. En específico, si se asume que una característica destacada de las utopías es que, ante el presente desagradable, se delinea un nuevo universo en el que los antagonismos sociales y la distribución desigual de cargas y beneficios desparecen, el relato abre paso a una sociedad renovada en la que, como asevera Boldizzoni, se diluyen los antagonismos y todos comparten equitativamente premios y esfuerzos.

Concluye la obra extrayendo algunas reflexiones sobre el funcionamiento del capitalismo presente, a partir de lo expuesto en los pronósticos mortales. En particular destaca su lectura de los pronósticos presentados, dos ejes de análisis del sistema cuyo desempeño ha resultado fructíferos para dotarlo de vitalidad: el manejo exitoso de la jerarquía y el individualismo. En cuanto a la jerarquía, se tejieron relaciones económicas, de poder y de prestigio con una composición más atractiva respecto de las observadas en el feudalismo; hecho que hasta el mismo Marx reconoce. Respecto del individualismo, expone cómo las formas de gestión social se orientaron hacia los intereses específicos de cada individuo, abandonando las presiones comunitarias en la búsqueda de la satisfacción social. Exponer el éxito del capitalismo a través de los resultados de estos dos ejes, le permite al autor hacer un comparativo y una predicción. La comparación se basa en hacer un breve recuento de cómo se han manejado las duplas jerarquía/igualdad y comunitarismo/individualismo; indagando en su distribución desde los cazadores-recolectores hasta nuestros días, dándole peso relevante a la dimensión cultural y citando a varios antropólogos relevantes, Boldizzoni nos recuerda que las sociedades existentes hasta hoy han producido distribuciones características sobre estos binomios. En efecto, si bien respecto de la solidaridad comunitaria, las culturas primarias eran muy equilibradas, también figuran negativamente por las duras e inamovibles jerarquías en términos de género o generación. Avanza el texto exponiendo tales oposiciones en otras formaciones económico-sociales, concluyendo que, si bien las distribuciones son características en cada época, en ningún caso son modelos felices o utópicos. Pasa entonces a realizar su propio pronóstico declarando que, si bien una “buena” noticia es que el capitalismo claramente va a dar paso a un nuevo sistema, una mala noticia es que no ve cómo pueda ser sustituido por un sistema mejor, porque es imposible que desaparezcan las tensiones que generan las jerarquías y los deseos individuales. Reconoce también que el capitalismo no es un sistema maduro en todos los puntos del globo pues convive con otros sistemas, y por tanto su sustitución tampoco es probable que sea global sino de coexistencia de sistemas. Declara, para finalizar, que tal vez la socialdemocracia es la mejor esperanza dentro del régimen existente, por su esfuerzo de equilibrar las pasiones antagónicas del sistema capitalista.

Mi balance sobre la obra es positivo. El hecho de presentar de manera conjunta y comparada los pronósticos del fin del capitalismo lo lleva del terreno económico al estudio de las mentalidades y la cultura occidental. Atina, y eso destaca de manera particular, a entender el papel político que tienen tales análisis, económicos en el inicio y políticos al final, al indagar los efectos en el futuro y, por tanto, el panorama utópico que impacta la reflexión de los autores. Éste es tal vez el tema de fondo más importante que arroja la lectura del libro. Nos lleva a la reflexión de una de las materias más conspicuas en cualquier sociedad humana: la indignación ante las condiciones presentes, el miedo por su evolución en el corto y mediano plazo y la esperanza de un futuro no sólo mejor, sino que en definitiva, elimine las causas de la indignación y el miedo. Es decir, nos lleva a pensar sobre la lógica de los proyectos de transformación social intencional y sus claros límites. El capitalismo como otros “modos de producción” no son obra de la voluntad y su crisis y desaparición, tampoco lo es. No obstante, el diagnóstico sobre los problemas cotidianos, impulsa a los sujetos a una voluntad de mejora. En el caso del capitalismo, esa voluntad ha producido revisiones e intervenciones que le han dado nuevos impulsos, aunque sin modificar de manera sustantiva los mencionados determinantes jerárquicos e individualistas que lo caracterizan.

¿En qué falla el texto? Considero que hay una ausencia conceptual notable en cuanto al concepto de hegemonía, en el sentido gramsciano del término, pues su incorporación aportaría una reflexión menos centralizada en el capitalismo como modelo dominante y más amplitud sobre otras lecturas desde posiciones claramente opuestas al capitalismo. Esto evidenciaría no solamente el papel analítico de los pronósticos desfavorables al sistema, sino de las claras acciones políticas en su contra. Ésta es la segunda y más notable ausencia. Me parece que hizo falta un estudio “no capitalista” de la implementación de alternativas al sistema con foco en los modelos derivados de la Revolución rusa. Y me refiero no a un balance sobre su factibilidad económica o no, sino desde la misma lógica del texto, es decir, de los relatos que en las sociedades que ya no son capitalistas han reflexionado respecto del sistema anterior, pero también pronosticado sobre la viabilidad o muerte de su propio sistema. Es evidente que el socialismo real o el factible comunismo han fracasado en gran medida y, en ese sentido, los análisis y pronósticos internos sobre ello, también forman parte del combo predicción-utopía tan notablemente abordado en la obra de Boldizzoni. En conclusión, recomiendo ampliamente la lectura de esta obra por las líneas que abre para la discusión de uno de los temas más polémicos de nuestro tiempo y que desde el siglo xix ha generado herramientas analíticas exitosas y predicciones fallidas... por el momento.

 

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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