• INICIO
  • REVISTA
    • DIRECTORIO
    • NORMAS EDITORIALES
    • NÚMEROS ANTERIORES
  • RELATOS
  • MIRADAS
  • VOCES
  • RESEÑAS
  • N. Especiales

CONVOCATORIAS

Índice

  • Relatos

  • Jbak etaltik: nociones del cuerpo entre los jóvenes tseltales

    Delmar Ulises Méndez-Gómez


  • Maternidades haitianas: diferencias en el proceso de maternaje entre Chile y Haití y la emergencia de la violencia intersecciona

    Yafza Reyes Muñoz, Ketia Chatelier


  • Voz de roca. La importancia del testimonio como género discursivo en el reconocimiento de la violencia obstétrica

    Yaredh Marín Vázquez


  • Sacando adelante a mis hermanos. Reciprocidad e interdependencia en la familia nahua

    Yuribia Velázquez Galindo


  • Miradas

  • Un día de huaxmole en Hueyapan, Morelos

    Leonardo Vega Flores , Laura Elena Corona de la Peña, María Ale


  • Una visión antropológica a través de la cultura fotográfica

    Enrique Mena García


  • Nos merecemos un reportaje. Identidad cotidiana desde toda una calle por Nilot Fotografía

    Práxedes Muñoz Sánchez


  • Voces

  • Vivir la casa de migrantes: tránsito migrante desde el diario de campo

    Eric Oliver Luna González


  • Es mentira que el tiempo pasa. El tiempo se atora. Reflexiones acerca de una investigación antropológica en torno a la violenc

    Carina Elizabeth Gómez


  • Reseñas

  • Reseña del libro: Criminología neuroantropológica. ¿Crímenes pasionales o crímenes por infidelidades?

    Wilmer Edwin Valverde


  1. Numeros anteriores
  2. Publicación No. 7
  3. Sacando adelante a mis hermanos. Reciprocidad e interdependencia en la familia nahua

“Sacando adelante” a mis hermanos. Reciprocidad e interdependencia en la familia nahua
“Getting ahead” to my brothers. Reciprocity and interdependence in the Nahua family

Yuribia Velázquez Galindo
Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana
yuribia.velazquez@gmail.com

RESUMEN
El objetivo de este escrito es reflexionar en torno a la migración interna en poblaciones indígenas de la Sierra Norte de Puebla, desde la visión de los propios actores, quienes consideran este proceso —ya sea temporal o permanente— como parte integral del desarrollo del grupo doméstico. A través de un ejemplo registrado mediante trabajo de campo, busco demostrar la importancia de la reciprocidad e interdependencia en los flujos migratorios.

Palabras clave: migración, migración indígena, interdependencia, reciprocidad, noción de persona.

ABSTRACT
This paper aims to reflect on internal migration in indigenous populations of the Sierra Norte de Puebla, from the perspective of the actors themselves, who consider this process —whether temporary or permanent— as an integral part of the development of the domestic group. Using an example recorded through fieldwork, I seek to demonstrate the importance of reciprocity and interdependence in migratory flows.

Keywords: migration, indigenous migration, interdependence, reciprocity, personhood.

Fecha de recepción: 20 de enero de 2022
Fecha de aprobación: 22 de mayo de 2022

En el trabajo que presento me interesa demostrar, con base en información etnográfica que he obtenido mediante trabajo de campo en la Sierra Norte de Puebla en localidades nahuas de los municipios de Naupan, Huauchinango, Tlaola y Xicotepec: 1) que los nahuas —o masehualme— no se conciben a sí mismos como personas independientes dueñas de sus propios logros, sino como personas interdependientes cuyos logros son resultados de la acción colectiva; 2) que en este marco, la interdependencia se expresa en el funcionamiento de las redes de ayuda recíproca que se ponen en marcha de manera colectiva con el objetivo de sacar adelante a los miembros de la familia, es decir, apoyarlos en la formación académica o laboral que coadyuve a que obtengan el dinero suficiente para vivir; 3) que es necesario comprender estos procesos como explicativos de la migración interna —temporal y permanente— que, desde la mirada de los propios actores, forma parte integral del ciclo de desarrollo de los grupos domésticos nahuas.

La información que utilizo en este trabajo fue recolectada en una investigación de largo aliento, iniciada en 1993, y que continúa hasta la fecha, lo que ha permitido documentar —a través de entrevistas antropológicas, observación directa y observación participante— tanto la migración e integración de miembros de familias conocidas a entornos urbanos, como el arraigo de otros a sus lugares de origen.

De manera general, los pobladores de la zona de estudio son hablantes del náhuatl como lengua materna y también son bilingües del español, su actividad económica básica es la agricultura de temporal que utilizan, principalmente, con fines de subsistencia; aunque también cultivan algunos productos para la venta; sin embargo, los recursos obtenidos de la agricultura, la mayoría de las veces, son insuficientes para cubrir las necesidades básicas que requiere la manutención del grupo doméstico, por ello es necesario emplearse como trabajadores o trabajadoras temporales en las ciudades cercanas. Los empleos a los que tienen acceso son albañilería, para los varones, y el trabajo doméstico, para las mujeres, cuando su formación académica es básica —primaria o secundaria—.

Las vías de comunicación terrestre han propiciado la existencia de una relación simbiótica entre los habitantes de las localidades de la sierra con las ciudades de Tuxpan, Poza Rica, Huauchinango, Tulancingo, Puebla y la Ciudad de México, con las cuales sostienen un intercambio constante de productos —agrícolas o artesanales— y de fuerza de trabajo. A pesar de que son parte del sistema económico global, los nahuas serranos han aprendido a moverse en el marco de dos sistemas económicos distintos: una economía de bienes, que los vincula con el modelo económico dominante a través de la venta de sus productos y de su fuerza de trabajo mediante transacciones monetarias y, por otra parte, una economía de dones que los vincula a nivel familiar, intrafamiliar, comunitario e intercomunitario a redes sociales en continua expansión las cuales configuran complejos sistemas de ayuda que funcionan con base en un modelo de reciprocidad particular.

El escrito que presento está dividido en varios apartados. En el primero brindo un breve panorama sobre la manera en que ha sido abordada la migración interna; en el segundo presento un acercamiento a la zona de estudio, a la noción de la persona que tienen los nahuas y al papel de la reciprocidad en el ámbito familiar; en el tercero describo dos estudios de casos que contribuyen a comprender el movimiento migratorio como parte integral del desarrollo del grupo doméstico y la manera en que sus miembros ponen en funcionamiento las redes de ayuda que expresan la interdependencia y reciprocidad en el ámbito familiar para ofrecer oportunidades económicas a los miembros más jóvenes, y en el último apartado presento algunas reflexiones finales.

La migración interna, algunas definiciones y perspectivas

La migración implica un desplazamiento espacial que realiza una persona o varias personas, que deciden trasladarse de su lugar de origen hacia otro lugar de destino. Quienes salen de un lugar son emigrantes, mientras que los que llegan son inmigrantes. El concepto de migración interna, en un sentido amplio, se utiliza para referir los cambios de lugar de residencia más o menos permanente de uno o más individuos dentro de las fronteras de un país, pero atravesando límites jurídico-administrativos internos.

A nivel general se considera que las personas emigran desde lugares con escasas oportunidades económicas o bajos niveles de bienestar socioeconómico a lugares con mejores oportunidades de incrementar su nivel de bienestar.[1] Las causas de la migración son, en la mayoría de los casos, por la búsqueda de: a) mejores oportunidades laborales; b) espacios educativos; c) retorno al lugar original. Esos tres movimientos son considerados, hasta cierto punto, voluntarios. Aunque existen otros considerados involuntarios, como los relacionados con el impacto del cambio climático o por los efectos del crimen y la violencia en los lugares de origen.[2]

La importancia de los estudios sobre la distribución espacial de la población dentro de un país estriba en que contribuyen a identificar los lugares de atracción y rechazo migratorio, así como la dirección e intensidad de los flujos que son elementos indispensables en la planeación gubernamental enfocada a atender las necesidades de una región específica.

Desde el ámbito censal se busca reflejar, a partir de cifras, el movimiento poblacional que se efectúa desde una unidad geográfica claramente especificada a otra, lo que expresa el ajuste de él o los migrantes a las nuevas condiciones económicas y sociales de la comunidad receptora. Las unidades geográficas que se utilizan en México son las divisiones político-administrativas del país: pueblos, ciudades, municipios o zonas metropolitanas.[3]

En México, desde 1895 el tema de la migración interna ha sido reconocido como un aspecto importante del análisis de la dinámica poblacional. Y desde ese año se integró, como parte del cuestionario censal, una pregunta sobre el lugar de nacimiento con el objetivo de cuantificar e identificar la dirección e intensidad de los flujos migratorios. A lo largo del tiempo se configuró un patrón dominante de la migración interna del país que señalaba un flujo predominante rural-urbano que alcanzó su máximo en 1970.

En 1990, con el propósito de analizar la velocidad de los flujos de migración interna, se sumó la pregunta sobre el estado federativo de residencia durante los cinco años previos a la fecha censal,[4] lo que permitió notar que el flujo migratorio rural-urbano que había alcanzado su pico en 1970, para 1990 tuvo una tendencia hacia la estabilización y los movimientos entre ciudades cercanas eran más frecuentes.[5]

A partir del año 2000, para afinar la información, se recurrió como unidad geográfica al municipio, lo que facultó que se identificara no sólo los movimientos interestatales, sino también los movimientos intermunicipales;[6] sin embargo, desde el censo de 2010 la pregunta fue eliminada de los cuestionarios censales básicos y actualmente forma parte de los cuestionarios ampliados que se aplican únicamente a una muestra de la población. Al aplicar esta metodología, el Censo de Población y Vivienda de 2010 mostró que el patrón de migración se había transformado, ya que dos de cada tres movimientos migratorios entre municipios tuvieron como origen y destino un municipio urbano.[7] 

Desde el marco interpretativo, el principio general que opera para dar sentido a esos datos censales es explicar los factores de atracción con base en las características del lugar de residencia actual y de la población que lo habita; sin embargo, los factores que tienen mayor influencia en los flujos migratorios no son las condiciones del lugar de destino, sino aquellas que vive el individuo en su lugar de origen antes de migrar, es decir, los factores de expulsión. Las condiciones y características del lugar de origen están vinculadas, tanto con las características del migrante, como con el nuevo entorno social al que se integra. Es indispensable reconocer que, debido a la falta de información en los instrumentos captadores —cuestionarios censales— es muy complicado conocer exactamente las razones de las personas para migrar.

Cruz, Acosta e Ybañez[8] proponen la existencia de cinco enfoques principales para interpretar la información censal, que por cuestiones de espacio no detallaré en su totalidad, pero que permiten apreciar que el enfoque clásico, el neoclásico y el estructural están centrados en considerar la migración como una forma de expulsión de los lugares de origen por falta de oportunidades económicas, mientras que el enfoque de las condiciones y la calidad de vida, así como el enfoque del ciclo de vida complejizan más la toma de decisiones que subyace a la movilidad poblacional.

El enfoque de las condiciones y la calidad de vida, señalan los autores arriba mencionados, postula que los desplazamientos de la población se dirigen hacia las ciudades con mejor infraestructura, mejores niveles de empleo e ingresos, y hacia espacios con menores externalidades negativas, en donde: a) la decisión de migrar está condicionada por las características económicas y sociales que permitan el desarrollo de la vida; b) el ambiente natural y el ambiente social son determinantes de los desplazamientos; y c) la decisión de migrar está en función de la posibilidad de desarrollar relaciones laborales, sociales y culturales.

Por su parte, el enfoque del ciclo de vida sostiene que las migraciones tienen diferentes objetivos a lo largo del ciclo vital de las personas, por ello, la edad es un factor explicativo de la decisión de migrar; a) para la población activa, el nivel de empleo en el lugar de origen y en el lugar de destino determina la migración; b) para las familias que se encuentran en la etapa de la crianza de los hijos, las condiciones de seguridad son determinantes de los desplazamientos, y c) la migración de la población adulta mayor está asociada a la restructuración familiar y social.

En este trabajo pretendo brindar un acercamiento a la toma de decisiones que implican la movilidad social individual o colectiva, con base en la integración de valores culturales que son explicativas de conductas sociales comunes. Para ello, en el siguiente apartado brindo una breve aproximación a la noción de persona, los modelos económicos y a las redes de ayuda recíproca, entre los nahuas.

La persona, los modelos económicos y la ayuda entre los nahuas

La noción de persona refiere a una construcción relacional, colectivamente constituida y culturalmente determinada, que es útil para establecer vínculos particulares entre el ser humano y su entorno. Esta visión establece a la persona como un complejo de relaciones sociales[9] intrínsecamente integrada al reconocimiento social dentro de un sistema de derechos y de responsabilidades que opera con base en ciertos valores socioculturales.

Strathern[10] ha señalado que los investigadores sociales naturalizan los conceptos y supuestos del esquema de pensamiento occidental, lo que muchas veces dificulta la comprensión de las formas culturales diversas, y —con base en su trabajo de campo— demuestra que la dicotomía individuo-sociedad no es un hecho universal, sino una construcción cultural particular explicable en el contexto donde surge y se mantiene.

Desde la cultura moderna, se concibe a la persona como un individuo. El individuo es un ente biológico poseedor de autonomía y, por tanto, poseedor de sí mismo, de sus atributos personales, de su cuerpo y de su mente; y es directamente responsable de sus propias acciones, lo que lo convierte en un sujeto activo.[11] Este sujeto surge en un estado presocial natural y requiere formar relaciones sociales que implican su sometimiento[12] a principios y valores de la sociedad en que ha nacido, en miras de alcanzar ciertos fines orientados a su propio beneficio.

Esta construcción de la persona, que opone el individuo a la sociedad, es origen y resultado de una economía de bienes, noción que será distinta en una sociedad con una economía de dones. Tal distinción entre economías es una diferencia en torno a la concepción cultural de los objetos,[13] la producción y el intercambio de objetos, así como de la naturaleza de las relaciones contractuales que los sujetos definen a través de los objetos y el intercambio.

La economía de bienes opera con el intercambio en las relaciones mercantiles y el individuo es enajenado del producto de su trabajo —la mercancía— mediante una estricta distinción entre las cosas y las personas que las producen, mientras que en la economía de dones —a diferencia de la mercancía— el don[14] no se encuentra disociado de sus productores, por ello implica relaciones entre personas, el dador y el receptor, que se generan en un marco religioso, moral y jurídico particular tomando la forma de prestación, total indicativo de que involucra distintos ámbitos de la vida social.[15]

En una sociedad con economía de bienes, las personas y las cosas son reificadas, mientras que en una economía de dones las personas y las cosas son personificadas mediante un proceso que hace visible las relaciones sociales a través de los objetos. Por ello, en el marco de una sociedad con economía de dones, la persona no se configura bajo el modelo de individuo y, por tanto, tampoco se define a sí mismo en oposición a los demás o a la sociedad. La persona es concebida como inherentemente social, contiene en sí las relaciones sociales, éstas no son construidas mediante la acción, sino que más bien, se hacen visibles mediante la acción.[16]

Los nahuas con quienes he trabajado, si bien interactúan con el modelo económico dominante, en su localidad viven inmersos en un sistema de interacción social que forma la base de su vida colectiva mediante el cual se vinculan las personas y grupos a niveles intrafamiliar, interfamiliar, comunitario e intercomunitario. La interacción social se produce mediante un activo intercambio de ayuda que se otorga y se recibe en forma de trabajo y productos del trabajo plenos de afectos y sentimientos en el seno de las redes sociales, aunque cabe señalar que la integración de las redes sociales rebasa el tiempo y el espacio integrando no sólo a seres humanos sino a seres no humanos, como los aires, los santos y los muertos.

La ayuda entre los nahuas es la base de la interacción social, se da y se solicita de manera continua bajo formas simples o bien mediante actos protocolarios complejos conocidos como pedir el favor y cumplir el compromiso. En este sentido, la ayuda puede ser analizada como un tipo de don inserto en un sistema económico de reciprocidad —una economía de dones— conformado por intercambios equivalentes entre puntos correlativos de agrupaciones simétricas, evidentemente, diferente al sistema mercantil, pero provista de una racionalidad explicable bajo una lógica propia.[17]

Es interesante hacer notar que los nahuas participan de manera continua de la economía monetaria a través de su empleo como trabajadores temporales en las ciudades cercanas; sin embargo, en sus poblaciones de origen participan de una economía de dones; en el marco de este modelo económico, las personas que actúan, tanto el dador como el receptor, consideran a la otra persona como la causa de su acción.[18] La acción de un actor provoca al otro a actuar, por tanto, no existe un actor autónomo o independiente que actúe con base en la búsqueda de su propio beneficio, sino personas interdependientes, que en el contexto de su permanente interrelación, se necesitan mutuamente para poder actuar.

En esas poblaciones es fundamental la motivación para actuar, lo que Magazine[19] ha llamado generación de subjetividad activa, que se lleva a cabo por personas particulares en el ámbito local. A través de su intervención generan en otros estados subjetivos activos que se expresa en la voluntad o el gusto por participar actividades comunes haciendo algo entre todos. En tal sentido, lo que en realidad es importante para las personas no es el resultado de la acción, sino la interacción social en sí misma, pues ella fomenta la permanencia de la colectividad.

La generación de subjetividad activa es necesaria para entender las motivaciones que llevan a ayudar, es decir, a participar de los sistemas de intercambio que se entablan en las diferentes redes sociales a las cuales una persona puede pertenecer y que son la base social significativa en torno a la cual los nahuas desarrollan su vida. En este marco, la ayuda es un tipo de don que se entrega de manera individual o colectiva en un acto que es generado y a la vez generador de subjetividad activa, que implica relaciones entre personas y grupos, una normatividad ética y un componente de obligatoriedad. En tal sentido, la ayuda, al expresar distintos ámbitos de la vida social, puede ser analizada como un fenómeno social total.

Godelier[20] señala que el don es una deuda, pero lo que lo convierte en deuda es la posición relativa de las dos partes antes del intercambio. Sin embargo, para el caso nahua se aplica mejor lo encontrado por Alberti y Mayer[21] en el caso andino, donde el centro del intercambio yace en la obligación mutua que une las dos partes a reciprocar en algún momento en el futuro, lo que los convierte en iguales por ello; en este sentido, los intercambios asimétricos son aún recíprocos.

Desde la visión nahua, la deuda nunca debe ser saldada, por ello el incremento o interés que ésta conlleva es precisamente la causa de su extensión en el tiempo. La deuda, vista desde esa óptica, no debe saldarse u olvidarse, porque acabaría con la dinámica misma de la interacción social, por ello los morosos son excluidos de los intercambios recíprocos.

En el marco de la vida social nahua, la ayuda posee valoraciones sociales y componentes afectivos que complejizan el análisis puramente económico del sistema. Para los nahuas, el término tlapalehuiya no equivale directamente a ayudar, ya que implica como conceptos asociados el proteger, defender, socorrer, resguardar y sostener, todos ellos vinculados a expresiones afectivas que me remiten a la propuesta de Good,[22] quien explica la reciprocidad nahua como el intercambio de trabajo —trabajo que se da a otros y se recibe de otros—, donde existe un componente afectivo y valorativo —el amor (tlazohtla) y el respeto (tlakaiita)— que le otorga sentido a esa circulación de fuerza (chikawalistli), pues quien ama y respeta a otros otorga su fuerza mediante su trabajo —o productos de su trabajo— para el beneficio ajeno.

En el caso de los nahuas con quienes trabajo, la motivación para ayudar —la generación de subjetividad activa— recae en las personas fuertes (chikajtlakame) o de respeto que encabezan cada grupo familiar: abuelos, padrinos, vecinos, cuyo papel es mostrar o hacer ver la necesidad que se tiene de los demás, haciendo consciente la interdependencia propia, al valorar la ayuda que ha sido entregada por los demás hacia uno como expresión de su amor; y al mismo tiempo, hacer consiente la capacidad propia para reciprocar la ayuda otorgada como manifestación de afecto —amor— y de valoración social —respeto—.[23] En ese sentido, la labor central que pone en juego el funcionamiento de los sistemas de ayuda es la generación de subjetividad activa que se expresa como ayudar de buena voluntad que forma parte de un modelo ético de comportamiento.

La familia nahua y los compromisos hacia el colectivo

Robichaux[24] ha cuestionado la tendencia a considerar como excluyentes a la familia nuclear y la familia extensa en el marco de estudio del grupo doméstico mesoamericano, pues encuentra, con base en su trabajo de campo en Tlaxcala, que la estructura del grupo cambia a lo largo del tiempo, por lo que debe ser analizado como un proceso dinámico, lo cual coincide con lo que he encontrado entre los nahuas de la Sierra Norte de Puebla.

El ciclo de desarrollo del grupo doméstico que he registrado empieza con la residencia virilocal inicial de la nueva pareja, todos los hijos e hijas participan activamente del trabajo doméstico apoyando al padre o a la madre.[25] Cuando los hijos varones crecen tienen el derecho a fundar un nuevo grupo doméstico y de residencia, y de recibir el apoyo de sus padres para hacerlo. Las familias nucleares se transforman en extensas mediante dos modelos matrimoniales que pueden presentarse separados, o bien, de forma secuencial: el robo de la novia o el irse con el novio, cuando la joven inicia la cohabitación bajo el techo de sus suegros, a veces en la misma cama de soltero de su pareja. Y, cuando la mujer es pedida, es decir, que se ha seguido el protocolo tradicional que concluye con un matrimonio religioso tradicional y se ha elaborado una vivienda, en el terreno de los padres del muchacho, para que la pareja la habite. Durante la primera forma de matrimonio, la mujer colabora en la preparación de la comida junto a su suegra mientras que el hijo continúa aportando trabajo, dinero y materias primas a la casa paterna. La nueva pareja come de la misma olla y cocina en el mismo fogón, pues participa con su grupo en la producción y consumo de la milpa; esta fase puede acortarse o prolongarse por causas económicas.

El hijo y su pareja, básicamente, son acogidos por la familia paterna para facilitar la posibilidad de que el hombre pueda desplazarse en busca de empleos temporales a las ciudades cercanas para conseguir el dinero que necesitará para comprar su terreno o los materiales de construcción para su propia vivienda. La estancia inicial de la pareja en la casa paterna es un apoyo importante para el inicio del nuevo grupo familiar y facilita su colaboración en las actividades colectivas vinculadas a la agricultura durante sus fechas particulares. La segunda forma puede iniciar con la boda formal, o bien, hasta que el hijo ha reunido la cantidad de dinero necesaria para construir, con tablas, periódicos y lámina, un pequeño cuarto, por lo general en el solar del terreno paterno; entonces el grupo nuclear recién formado se “separa” para habitar en el cuarto construido. Durante esa fase es común que la nuera y la suegra —a pesar de dormir en viviendas separadas— continúen compartiendo el uso de la cocina y comiendo del mismo maíz, para facilitar el ahorro que llevará de forma paulatina a la fisión definitiva del grupo doméstico. Cuando ya se cuenta con este pequeño cuarto —cuya medida oficial es 4 × 4 m— se inicia una nueva fase de ahorro, ahora para equipar con los enseres domésticos el pequeño cuarto y, muchas veces, para dotarlo de lavadero y cocina. Cuando se ha construido —con varas— la cocina nueva, es común que la nuera deje de cocinar junto a la suegra; esto puede tardar algunos años. Es posible que la nueva familia tenga hijos pequeños, que conviven de forma cercana con sus abuelos paternos, con sus tíos y tías solteros y con algún tío casado, su esposa e hijos que habitan en otro cuarto dentro del mismo solar.

A esa estructura, que también encuentra Robichaux[26] entre los nahuas de Tlaxcala, le llama patrilínea limitada localizada,[27] y consiste en familias extensas no residenciales compuestas por grupos domésticos que habitan en casas contiguas, que a menudo comparten un mismo patio y cuyos jefes de casa están emparentados de manera preponderante, pero no exclusiva, por el lazo patrilineal.

Como última fase, el ahorro se concentra, o bien en la construcción de la casa definitiva de la pareja en un terreno solicitado a las autoridades, comprado u otorgado por el padre —en donde los varones son herederos preferenciales e igualitarios, pero no únicos—; cada una de las posibilidades implica tiempos variables para concretar la fisión de la familia extensa. En todos los casos, aunque ocurre la fisión —y se espera que ésta ocurra como algo inevitable—, los miembros de la familia nuclear mantienen relaciones de colaboración muy estrechas con los parientes consanguíneos y afines. La herencia de la casa paterna se otorga, preferentemente, por ultimogenitura patrilineal, pero esta forma no es estricta, pues por lo general se hereda la casa al último hijo o hija que se casa y que desea permanecer en el pueblo, o bien, cuando llega a ocurrir, al hijo o a la hija soltera que cuida a sus padres hasta su muerte.

A partir de la información registrada durante más de veinte años, puedo afirmar que el ciclo de desarrollo del grupo doméstico en la región sigue el modelo mesoamericano propuesto por Robichaux,[28] que concibe a los grupos domésticos no como entidades fijas sino como un fenómeno inmerso en un proceso dinámico que integra en sus diferentes fases grupos nucleares o extensos. Pero, en el caso de la Sierra Norte de Puebla, también incluye, como parte integral del desarrollo del grupo doméstico, la migración temporal de los jefes de familia para emplearse en las ciudades cuando el ciclo agrícola demanda el menor trabajo en los cultivos con el fin de construir su hogar y la migración temporal o permanente de las generaciones siguientes.

Las labores de ayuda a la familia son, en la actualidad, la primera responsabilidad de las niñas y los niños, seguida por la responsabilidad de estudiar la educación básica —primaria y secundaria—, siempre y cuando exista el gusto personal y las posibilidades económicas para hacerlo. La formación educativa es importante, ya que los padres asumen que la tierra es un bien finito, por ello es imposible otorgar tierras a cada uno de sus hijos e hijas y esperan a que decidan cómo van a hacer su vida: si desean estudiar, trabajar o permanecer en el pueblo, viviendo la tierra. A partir de ello, se activan las redes de ayuda familiares e interfamiliares —compadrinazgos asociados— para que el o la joven salga adelante en sus planes.

En el caso que presento, doña Laura es la segunda hija de una familia compuesta por la madre viuda, doña Damiana, y cuatro hermanos. Doña Laura y su hermano mayor viven en el pueblo y fueron los herederos de las tierras de su padre. Ella contrajo matrimonio con un hombre originario de Veracruz, que se quedó vivir allí, pero después de haber engendrado 7 hijos, su esposo murió en un accidente automovilístico. Su hermano mayor, don Alberto, vive en unión libre con una mujer originaria del mismo pueblo, con quien tiene dos hijos. Manuel, el tercer hijo de doña Damiana, vive en la Ciudad de México, desde muy joven decidió irse a estudiar a la ciudad, hizo una carrera corta como auxiliar contable con apoyo de su padrino y de un hermano de su padrino —que vivía en la ciudad— y se integró a una pequeña empresa familiar que con el tiempo ha prosperado; se casó con una mujer originaria del mismo pueblo y tiene cuatro hijos. Marina, la hija menor de doña Damiana, se casó con un hombre originario de la Sierra de Veracruz y vive con él en la ciudad de Tulancingo; tiene cinco hijos.

Al comentar con doña Damiana las causas de la migración permanente de sus dos hijos menores, ella señaló:

De por sí a Manuel nunca le gustó el trabajo del campo [...] era flojo para ir a la milpa, pero era primero como escuelero [estudiante], por eso le pidió a su papá y a su padrino que le ayudaran para hacer una carrera corta... lo mandó mi compadrito con su hermano a vivir al Distrito, nosotros le mandábamos bien poquito dinero ¿pos de ‘onde lo íbamos a agarrar? por él comencé a vender mis camisas bordadas y a buscarle, por aquí y por allá. La pobre de Laurita y de Alberto se empleaban de peones para la corta de café y a veces ¡hasta para la corta de caña!, se iban a Tenextitla a trabajar en los trapiches, a hacer la panela o el aguardiente. Así salió la escuela de Manuel. Con Marina fue distinto, ella se fue siguiendo a su viejo, él estuvo en el pueblo como maistro en la escuela, pero cuando se fue se la llevó con él. Lo que me gusta es que le ha dado una buena vida, sin pleitos. Los dos [el hijo y la hija] están contentos donde están, ninguno quiere regresar al pueblo, no van a pelear las tierras porque ni las quieren cultivar. Y así está bien, de por sí no alcanza para todos, de por sí los hijos tienen que buscar su vida en otro lado... así es... ni modo (narración de doña Damiana).

Manuel, por contar con cierta estabilidad económica, siempre aportó dinero para su madre y para su hermana cuando ésta quedó viuda. Para ayudarla a salir adelante con su familia, ofreció llevarse al hijo mayor de su hermana viuda cuando terminó la secundaria y darle estudios; es decir, hacerse cargo de todos los gastos derivados de la escuela —ropa, materiales, colegiaturas—, la alimentación y hospedándolo en su propia casa. El joven estudió la preparatoria e hizo una carrera trunca en derecho. Por su parte Marina, al año siguiente, cuando Nicolasa —la segunda hija de doña Laura– terminó la secundaria, se la llevó a Tulancingo para que hiciera una carrera corta; este caso era un tanto diferente, pues Marina no trabajaba y dependía de los ingresos de su esposo, por ello sólo podía ofrecer el hospedaje y la alimentación.

Los insumos restantes para los estudios de Nicolasa serían aportados por el resto de la familia, lo que implicó un gran esfuerzo para todos. Los dos hermanos que le seguían a aquellos que partieron, tomaron sus obligaciones: el varón en el cultivo de la tierra y la niña, en el cuidado de los hermanos menores mientras la abuela y la madre trabajaban. Los padrinos de Nicolasa, sus tíos e incluso, los primos mayores, todos aportaban con lo que podían.

Nicolasa se embarazó después de un año; abandonó sus estudios y se fue con su novio, Andrés, a vivir a Puebla. Andrés era el hijo de la madrina de su tía Marina, originario del mismo pueblo y vecino de la casa de sus tíos. Dos de los hermanos de Andrés estaban viviendo en la Cuidad de Puebla, uno de ellos se había integrado a la burocracia estatal y tenía contactos en un sindicato, el otro pertenecía a una organización que otorgaba terrenos para vivienda. Andrés y Nicolasa llegaron a habitar un terreno en una colonia que carecía de servicios básicos.

La partida de Nicolasa implicó un gran problema familiar, pues Nicolasa no había reciprocado la ayuda que le había sido otorgada por su grupo y esto causaba dolor a su familia pues, desde el modelo de valores local, implicaba que no amaba ni respetaba a aquellos que la habían apoyado, porque, desde la lógica cultural nahua, las relaciones sociales que establecen la adscripción de quienes son parte la familia y quienes no lo son, tienen como base la participación en los sistemas de ayuda y son independientes del vínculo consanguíneo.[29] En muchos casos, cuando los hijos se van, otras personas sin vínculo consanguíneo —el o la ahijada, el o la vecina, el o la entenada, entre otros— pueden actuar en los sistemas de ayuda y suplir esos vacíos.

También desde esa lógica, Nicolasa había roto la relación de reciprocidad hacia su madre y todo su grupo familiar extenso al no “devolver” la ayuda prestada y sólo recibir el apoyo del grupo, utilizarlo en beneficio personal, conseguir un novio y resolviendo su propia vida. Nicolasa se fue a vivir a la ciudad de Puebla y allá se casó y tuvo dos hijos en un lapso de 4 años. Doña Laura asistió a la boda, dejando ver su disgusto hacia su hija, a quien recibía fríamente cada año cuando iba a visitarla en la fiesta del santo patrón y en los Días de Muertos. No le permitía ayudarla en ninguna actividad doméstica ni en nada que involucrara a sus hermanos y enfatizaba esta negativa diciendo: “Nicolasa ya tiene sus propios compromisos —su esposo e hijos— que los atienda a ellos, nosotros no necesitamos nada, podemos solos”.

Los padrinos de Nicolasa, su abuela, sus tíos, sus hermanos y sus suegros hablaron con ella y su esposo para hacerle comprender la molestia de su madre. Poco a poco la situación económica de Nicolasa fue mejorando y, a través del diálogo con sus parientes, ella asumió que tenía un compromiso que cumplir con sus hermanos, con su madre y con su abuela. Para contar con recursos propios y lograr una cierta independencia económica —y ante la falta de conclusión de sus estudios—, abrió una tienda miscelánea en la colonia donde vivía, y conforme su negocio prosperaba comenzó a enviar dinero para su abuelita, sus hermanos y para su madre.  

De veras, a veces hace uno cosas sin pensar, porque uno está chico y no entiende que todo tiene su consecuencia, mis hermanitos se quedaron cuidando de mi mamá y de mi abuelita cuando yo me fui... pero ellos también tienen que salir adelante porque si no... ¿cómo van a criar luego a sus hijos? Yo pude estudiar gracias a ellos... y me da pena que no aproveché la oportunidad que me dieron entre todos: mi abuelita... pobrecita, tan viejita, cargando con mecapal su mercancía para vender su mercancía; mi mamá... vendiendo comida en la escuela; mis hermanos haciendo todo lo que me tocaba hacer... lo bueno es que hay vida para remediar los errores... ya tengo mi tiendita y me va bien, gracias a Dios. Porque a donde llegué a vivir no había ni una sola tienda y ahora es la más grande de la colonia. Ojalá Damiana se anime a irse conmigo para que haga una carrera corta allá en Puebla y, si se puede, trabaje por allá un tiempo.

Damiana —la tercera hija de Doña Laura- se fue a estudiar a Puebla con Nicolasa y a partir de ese momento la relación con su madre mejoró notablemente. Doña Laura me comentaba que ahora sí se sentía apoyada por Nicolasa, Damiana hizo la carrera corta de cultora de belleza; su hermana la ayudó para instalar un saloncito de belleza en la colonia donde viven; posteriormente, conoció a un joven originario de un pueblo cercano al suyo y se casaron. La pareja vive en Puebla en una casa muy cercana a la que habita Nicolasa. Damiana siempre aportó dinero para colaborar en los gastos escolares de los demás hermanos que estaban en el pueblo.

Cuando Roberto, el cuarto hijo de doña Laura, terminó la secundaria, Nicolasa ofreció también llevárselo a Puebla para que hiciera allá una carrera corta y pagarle todos los gastos; al terminar sus estudios, Roberto regresó al pueblo y comenzó a trabajar en el ayuntamiento. Luego Nicolasa se llevó a Ramona —la quinta hija de doña Laura— para que hiciera su carrera corta. Damiana se llevó a José —el sexo hijo de doña Laura—. Ramona regresó al pueblo y se casó con un joven de una población vecina; ambos viven en Tulancingo cerca del padrino de él y de su tío Manuel. Ramona decidió llevarse a su hermano menor, Lorenzo, para que hicieran con ella su carrera corta: “Porque Tulancingo es más cerca que Puebla... para que mi mamá pueda ver a mis hermanos cada semana o antes si se anima a venirse”. Roberto, José y Lorenzo, al terminar sus carreras cortas se reintegraron a la vida del pueblo; Nicolasa, Damiana y Ramona viven en Puebla y Tulancingo, respectivamente, pero ellas regresan regularmente cada año a las festividades del santo patrón y los Días de Muertos. Los tres hijos varones de doña Laura viven en el solar de la casa de ella, con sus parejas e hijos, una de ellas es originaria de Puebla, las otras dos son de los pueblos vecinos.

Como es posible apreciar en este estudio de caso, la migración temporal y permanente está signada por el deseo de salir adelante apoyados en las redes sociales de ayuda y también de ayudar a otros a salir adelante, brindando facilidades para el desarrollo de habilidades en aras de ganarse la vida; en el ejemplo estaban orientados a generar carreras cortas, sin embargo he registrado cómo se establecen los vínculos para integrarse a redes de empleo temporales como trabajadoras domésticas, en el caso de las mujeres, y como jardineros o albañiles, en el caso de los hombres.[30] En esos casos, la mayoría de las veces la migración ocurre en grupos.  

Conclusiones

A partir del caso planteado podemos dar cuenta de que tanto la migración temporal como la migración permanente son aspectos inherentes a la dinámica familiar nahua. La migración temporal ocurre por la necesidad de contar con dinero para comprar objetos que ellos no producen, para equipar hogares, para comprar ropa, uniformes o zapatos para que los hijos estudien la educación básica. Sin embargo, la migración temporal se vuelve una necesidad acuciante cuando ha habido pérdida de las cosechas, lo cual suele ocurrir por fenómenos meteorológicos recurrentes, como huracanes o sequías, que ponen en riesgo la sobrevivencia de las familias.

Las familias generalmente aceptan que la vida en el campo no es para todas las personas y respetan la decisión de partir de sus hijos y los apoyan, en la medida de sus posibilidades, para que su salida se lleve a cabo de la mejor manera, recurriendo a sus redes de ayuda conformadas por sus parientes, amigos, compadres, o a las redes a las cuales ellos pertenecen —como el ejemplo referido en el que quien apoya al estudiante es el hermano del padrino del joven—.

En el caso analizado era muy interesante notar que las migraciones generaban nichos espaciales de personas emparentadas de forma consanguínea, por afinidad o por compadrinazgos originarias del mismo pueblo cuyos espacios residenciales temporales o permanentes son muy cercanos. Generalmente los migrantes se desplazan hacia los lugares que habitan sus conocidos y se quedan en sus casas, replicando sus modelos de desarrollo del grupo doméstico y cuando ocurre la fisión buscan espacios cercanos para rentar habitaciones que nuevamente replican los modelos tradicionales.

También es interesante notar que en los flujos migratorios colectivos se lleva a cabo una interacción entre familias de paisanos, es decir, de familias que son originarias del mismo pueblo o municipio y no es extraño, como en el caso de cinco de los siete hijos de doña Laura, que se casen con personas originarias del mismo pueblo o de la misma región, que se conocieron en las ciudades receptoras. En muchos casos, estos reductos poblacionales continúan vinculándose con sus pueblos a través de prácticas rituales que implican el culto a sus santos patrones y a la integración en las mayordomías.

De los cuatro hijos de doña Damiana, sólo dos se quedaron en el pueblo; de los siete hijos de doña Laura, sólo tres se quedaron en el pueblo, sin embargo, como ellos lo señalan, esto no es definitivo, si es necesario y hay ocasión de salir adelante en otros espacios que brinden oportunidades y en los cuales tengan o puedan construir redes de ayuda, siempre existe la movilidad como una posibilidad viable.

Para finalizar, la reflexión a que me interesaba llevar este trabajo es que la noción de persona y sus expresiones de interdependencia a través de los sistemas de ayuda que se da y recibe de otros como muestra de amor y de respeto tiene implicaciones demográficas que bien vale la pena analizar.


[1] Rodolfo Cruz Piñeiro y Félix Acosta, coords., Migración interna en México. Tendencias recientes en la movilidad interestatal (México: El Colegio de la Frontera Norte, 2015), 9.
[2] Luis Jaime Sobrino, “Conociendo (un poco más) la migración interna de México”, Otros Diálogos de El Colegio de México, núm. 4 (2018), acceso el 5 de octubre de 2022, https://otrosdialogos.colmex.mx/conociendo-un-poco-mas-la-migracion-interna-de-mexico.
[3] Gustavo Cabrera, Obras demográficas selectas (México: El Colegio de México, 2007).
[4] Con base en el criterio de la Organización de las Naciones Unidas.
[5] Luis Jaime Sobrino, “Migración urbana”, en La situación demográfica en México (México: Conapo, 2010).
[6] José Aurelio Granados Alcantar, “De la migración interestatal a la migración intrametropolitana. Análisis de la migración interna en el segundo quinquenio del siglo xxi”, ponencia, XI Reunión de la Somade, 2010, 4, acceso el 5 de octubre de 2022, https://www.uaeh.edu.mx/investigacion/productos/5451/.
[7] Sobrino, “Conociendo (un poco más)...”.
[8] Rodolfo Cruz, Félix Acosta y Elmyra Ybáñez, “Enfoques teóricos, hipótesis de investigación y factores asociados a la migración interna”, en Migración interna en México. Tendencias recientes en la movilidad interestatal, de Rodolfo Cruz y Félix Acosta, coords. (México: El Colegio de la Frontera Norte, 2015), 19-55.
[9] A. R. Radcliffe-Brown, Estructura y función en la sociedad primitiva (Barcelona: Península, 1974), 212.
[10] Marilyn Strathern, The gender of the gift. Problems with women and problems with society in Melanesia (Berkeley: University of California Press, 1988).
[11] Desde mi propia interpretación, el individuo se percibe como responsable directo de sus propias acciones y de sus consecuencias, las cuales —sean positivas o negativas— supone que sólo lo afectan a él mismo.
[12] El reconocimiento de su adherencia a normativas particulares brinda sentido al término de sujeto, que muchas veces se utiliza como sinónimo de persona o individuo, desde el marco cultural de la modernidad.
[13] Las mercancías están “cardinalmente” relacionadas en una escala de precios, mientras que los objetos de don están “ordinalmente” relacionados en jerarquías de rango.
[14] El don es aquello que se entrega en un acto, individual o colectivo, aparentemente voluntario que puede o no haber solicitado el o los receptores.
[15] Marcel Mauss, Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas (Buenos Aires: Katz Editores, 2009).
[16] Strathern, The gender of the gift...
[17] Yuribia Velázquez Galindo, “Interdependencia y economía de dones. La ayuda como forma económica básica”, Antípoda. Revista de Arqueología y Etnología, núm. 17 (2013), 175-201.
[18] Strathern, The gender of the gift..., 272-273.
[19] Roger Magazine, El pueblo es como una rueda. Repensando los cargos, la familia y la etnicidad (México: Universidad Iberoamericana, 2015).
[20] Maurice Godelier, El enigma del don (Barcelona: Paidós, 1998).
[21] Giorgio Alberti y Enrique Mayer, “Reciprocidad andina ayer y hoy”, en Reciprocidad e intercambio en los Andes peruanos de G. Alberti y E. Mayer (comp.) (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1974), 23.
[22] Catharine Good, “Ejes conceptuales entre los nahuas de Guerrero: expresión de un modelo fenomenológico mesoamericano”, Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 36 (2005), 91-99.
[23] Yuribia Velázquez Galindo, “Transmisión cultural y construcción social de la persona nahua”, Etnicex. Revista de Estudios Etnográficos, vol. 4 (2012), 82-97.
[24] D. Robichaux, “Problemas metodológicos en el estudio del grupo doméstico en México”, en Familia. ¿Célula social?, de R. Jiménez, comp. (México, Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1997).
[25] Martha Areli Ramírez, “Trabajo y ayuda mutua. Los niños y niñas de San Pedro Tlalcuapan”, Cuicuilco núm. 64 (2015), 203-222.
[26] David Robichaux, “Un modelo de familia para el México profundo”, en Espacios familiares: ámbitos de solidaridad (México: dif, 1997).
[27] La patrilínea limitada localizada es el producto de un proceso de reproducción social, que se puede observar a partir del análisis de las fases del ciclo de desarrollo de los grupos domésticos. La observación diacrónica de dicho proceso nos revela la operación del principio patrilineal tanto en la residencia posmarital como en la etapa de fisión de los grupos domésticos y en la herencia de la casa y la tierra. Robichaux, “Un modelo de familia...”, 200.
[28] El modelo mesoamericano ha sido expuesto en diferentes artículos por Robichaux, “Problemas metodológicos...”; “Un modelo de familia...”; “Principios patrilineales en su sistema bilateral de parentesco: residencia, herencia y el sistema familiar mesoamericano”, Familia y parentesco en México. Unas miradas antropológicas, de D. Robichaux, coomp. (México: Universidad Iberoamericana, 2005), 167-272; “¿Dónde está el hogar? Retos metodológicos para el estudio del grupo doméstico en la Mesoamérica contemporánea”, Familia y parentesco en México. Unas miradas antropológicas, de D. Robichaux, coomp. (México: Universidad Iberoamericana, 2005), 295-329; “¿De qué se trata el parentesco? Definiendo un objeto de estudio y algunas ideas para su investigación entre los nahuas y otros pueblos indígenas de Mesoamérica”, Diario de campo, vol. 47 (2008), 65-82.
[29] C. Good, “Parentesco ritual en México: sugerencias para un nuevo enfoque”, Diario de Campo, vol. 47, (2008), 9-18.
[30] Yuribia Velázquez Galindo, “Somos masehuales, somos dignos. Rebeldía e identidad entre los nahuas de la Sierra Norte de Puebla”, en Rebeldes pospolíticos, de Roger Magazine y Ricardo Duarte, coords. (Universidad Iberoamericana, México, 2021).

Compártelo

  • Hamburgo 135, Colonia Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, CP 06600
  • (55)4166-0780 al (55)4166-0784

Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la opinión del editor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin la previa autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Contacto: narrativas_antropologicas@inah.gob.mx