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La festividad en la urbe. Barrio del Cuadrante de San Francisco, Coyoacán
The festival in the city. Cuadrante de San Francisco neighborhood

José Iñigo Aguilar Medina
Dirección de Etnología y Antropología Social, inah
jaguilar.deas@inah.gob.mx

Fecha de recepción: 21 de enero de 2022
Fecha de aprobación: 17 de marzo de 2022

 

El tiempo sagrado en el barrio, o mejor dicho en el “Cuadrante”, como enuncia todo nativo que se precie de serlo, corre a cargo de la religiosidad popular, con cuyo fervor se complementa la necesidad humana de contar con elementos que le den un profundo y pleno sentido simbólico, lleno de imágenes, a la vida que nace cada día y a la muerte que emerge en cada ocaso.

La celebración anual de la festividad de san Francisco de Asís en el barrio del mismo nombre, ubicado en la alcaldía de Coyoacán, en la Ciudad de México, se lleva a cabo el domingo siguiente al día 4 de octubre, que es la jornada dedicada por la Iglesia católica a venerarlo. Las fotografías que se presentan en esta “mirada” se obtuvieron los domingos del 5 de octubre de 2008 y del 4 de octubre de 2009. Es una celebración que persiste hasta el presente, pero no se intenta comparar lo que entonces sucedía con la manera en que hoy se desarrolla; quiere ser una mirada sincrónica de lo que ocurría en dichas fechas, en las cuales no se observaron cambios relevantes en su desarrollo entre uno y otro de los años registrados. Además, es el resultado del interés del autor por realizar un estudio de antropología urbana en el barrio, que por diversos motivos no avanzó más allá de la aplicación de algunas entrevistas y del registro fotográfico de la celebración dedicada al santo patrón del Cuadrante.

La fiesta se inicia a las seis de la mañana, con la salva de cohetes y con los repiques de campana; se cantan las mañanitas y después prosigue con las misas dominicales, entre las que tiene singular relevancia la de mediodía, en la que los “danzantes” o “concheros”, junto con otros grupos de fieles congregados en asociaciones, como las de la Virgen de Guadalupe, la de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, la de la Tercera Orden de Nuestro Padre San Francisco o la de la Santa Cruz —ya sea que pertenezcan tanto al mismo barrio, como a los barrios y pueblos vecinos— son recibidos en procesión solemne por el sacerdote franciscano que atiende el templo, quien les da la bienvenida, para después dar inicio a la celebración eucarística.

Los distintos grupos de fieles que se reúnen en el templo para la fiesta también lo hacen de manera periódica durante el año. En esas sesiones reciben la catequesis del padre encargado y organizan o programan sus actividades; los de la Tercera Orden siguen el esquema que el delegado provincial les proporciona y aprenden la “regla” y los pormenores de la vida de san Francisco, al tiempo que conviven y se apoyan mutuamente para resolver sus problemas y necesidades y organizan actividades para “socorrer” a otros miembros del barrio. Los de las asociaciones de la Virgen, ya sea de Guadalupe, del Sagrado Corazón o de la Santa Cruz, tienen charlas formativas y “apartan” y asisten a la misa mensual con todos los socios.

Si bien el grupo de danzantes es el más visible y llamativo de la fiesta, además de que ocupa la parte del atrio que se encuentra frente al templo “nuevo”, no es el único que hace sentir su presencia, ya que los de la comunidad de la Santa Cruz también tienen un lugar preeminente y que precede al de aquéllos en el mismo atrio, al igual que las “andas” en que se transportan las imágenes de cada una de las asociaciones presentes (fotografía 4), así como en la procesión de entrada previa a la misa principal y en el lugar que ocupan en el templo, lo que fuerza a los danzantes a instalarse en los espacios que los de la comunidad referida dejan libres frente al presbiterio y a colocarse en el pasillo central del templo.

También ocupan espacios en el atrio y calles adyacentes los vendedores de diversos productos, algunos de ellos son miembros de una u otra de las asociaciones piadosas del templo, que de esa manera recaudan fondos para sus actividades; pero también se tiene a los vendedores de feria, que aprovechan la ocasión para ubicarse dentro del atrio, y, como se puede ver en la fotografía 16, sus motivaciones no son necesariamente religiosas, pues como señalan algunos de los fieles: “le faltan el respeto” a la cruz atrial, ya que colocan sombrilla, instalación eléctrica y el mismo puesto encima de ella.

Al terminar la misa, el sacerdote bendice a los integrantes de los grupos, al igual que a todos los demás asistentes, y es el momento en que los devotos del santo, ya sea que quieran agradecer algún favor concedido en el año previo o que deseen solicitarle alguna gracia especial o que sólo quieran “saludarlo” y recibir su bendición, forman una fila para subir a la zona del presbiterio, en donde se encuentra su imagen y esperan con gran paciencia su turno para poder estar durante algunos momentos frente al santo y aprovechar para santiguarse con el cordón que porta en la cintura y besar ya sea su capa o su vestidura, indumentaria que es característica del atuendo de todos los frailes franciscanos, o para sahumarse y sahumar a la imagen. De igual manera, muchos de los devotos sostienen en la mano o el hábito o el cordón, mientras le expresan una oración o una petición.

Una vez concluida la celebración litúrgica, tanto en el atrio como en la barda adyacente se congregan los visitantes para mirar a los “concheros”, consumir diversos productos en los puestos o hacer uso de los juegos mecánicos. Mientras tanto, los mayordomos encargados de la quema de cohetes los hacen estallar de cuando en cuando y otros devotos pagan su manda elevando los “globos de cantoya” que han preparado con papel china y un aro de metal en el que colocan una estopa impregnada con gasolina u otro líquido inflamable; esos globos son elaborados con diversas formas y símbolos cristianos, como lo es el de la cruz.

El ciclo ritual es el que, durante el trascurso del año, va dando sentido a la rutina de la vida cotidiana en un barrio en el que la apropiación del espacio, a semejanza de lo que ocurre en el atrio y en el templo el día de la fiesta del santo patrón, es muy diferente y contrastante entre los que se sienten parte de él, ya sea porque ahí nacieron o porque se han integrado a las diferentes rutinas colectivas que ofrece el barrio, como son las actividades culturales que preparan los encargados del Dispensario Alas de Esperanza y aquellos a los que estos consideran “ricos”, porque, no obstante que tienen su habitación en el barrio, no se han integrado a las acciones del colectivo, “entran” y “salen” de sus casas en carro, no conocen a los vecinos, no son conocidos por ellos y no participan en los espacios que son centrales en el barrio: el atrio, sus dos templos —el “antiguo” y el “nuevo”— y sus vías de acceso, así como tampoco de las festividades religiosas; son “ricos” sin la identidad barrial, pero que disfrutan de vivir en “un pueblito” dentro de la ciudad.[1]


La entrada al barrio. Se halla al inicio de la calle Cuadrante de San Francisco, que arranca a partir de la avenida Miguel Ángel de Quevedo y muestra los adornos de la calle, el puesto de pan y al fondo la estatua del santo, patrón del barrio. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La entrada al atrio. Arco de la puerta principal de entrada al atrio del templo del barrio del Cuadrante de San Francisco, flanqueado por los puestos de vendedores. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


El templo “antiguo”. Portada del pequeño templo colonial, con sus tres arcos, hoy tapiados los dos laterales. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


El templo “nuevo”. Portada del nuevo templo, concluido en la década de 1970. Parte central del atrio, ocupado por las andas cubiertas de flores donde se transporta a los “santos” y las grandes cruces de maderas colocadas sobre el piso y en segundo plano, por el tapete de aserrín pintado y los danzantes. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


Procesión de entrada al templo. La presiden dos de los danzantes, seguidos por la cruz alta, los ciriales, el incensario, el sacerdote y el resto de quienes ofrecen la misa al santo. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


El sacerdote, después de haber bendecido a quienes integran la procesión de entrada, ingresa con ellos. También se puede ver a las personas que cargan las andas de la Virgen del Sagrado Corazón. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La asociación de la Santa Cruz. Después de las imágenes en andas ingresan los miembros de la Santa Cruz. Un adolescente carga una pequeña cruz de madera. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La Santa Cruz grande. Al adolescente le siguen varios hombres que transportan dos pesadas y grandes cruces de madera adornadas con un lienzo y flores, objetos que descansan sobre los tres grandes clavos que lleva en cada uno de sus extremos. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


Los danzantes. Cierran la procesión los danzantes que llevan la imagen de cristo coronado de espinas y sentado en una silla. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La música. Son los danzantes quienes tocan y cantan el canto de entrada, o de inicio de la misa. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La bienvenida al templo la da el sacerdote oficiante, quien es el capellán y superior de la pequeña comunidad franciscana que ahí habita. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


La misa. La celebra el capellán, rodeado por los danzantes y los miembros de los diversos grupos de fieles. Junto al altar se encuentra la imagen de San Francisco, adornada con flores.


La fila para ver al santo. Los fieles esperan con gran paciencia el momento de poder acercarse, pues ya ha pasado un año desde que tuvieron la oportunidad de estar tan cerca de la imagen de santo patrono. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


Santiguarse con la cuerda. Según la devoción de cada fiel, algunos se persignan con el cordón de san Francisco para que los proteja. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


Sahumarse y sahumar al santo. Se trata de otra de las maneras de mostrar devoción y de solicitar los favores del también Patrono de la Ecología, san Francisco de Asís. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.


 El comercio y la “falta de respeto” a la cruz atrial, al usarla como poste para la sombrilla, sostén de los cables de luz y puntal del puesto. Fotografía: J. I. Aguilar Medina.

 

[1] Cfr. Ilian Blanco García, “El barrio como frente cultural. Construcción y transformación de la apropiación del barrio Cuadrante de San Francisco” (tesis de doctorado, Universidad de Barcelona, Barcelona, 2013), acceso el 20 de abril de 2022: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/49735/1/ibg_tesis.pdf.

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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