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  • Tiempo delicado: San Salvador, la lluvia y el ciclo agrícola en Atliaca, Guerrero

    Tonatiuh Delgado Rendón


  • De mitos, milagros y pedimentos. Tradición oral en el santuario de Las Peñitas en Reyes Etla, Oaxaca

    Ana Laura Vázquez Martínez


  • La aldea militar. Una etnografía del estado de sitio

    Yuri Alex Escalante Betancourt


  • ¿Fandango o son jarocho: dos ámbitos distintos de gestión?

    Amparo Sevilla


  • Lenguas indígenas y desplazamiento lingüístico: el caso de la lengua ombeayiüts (huave) de Oaxaca

    Gervasio Montero Gutenberg


  • La realidad virtual en la vida cotidiana de la familia urbana

    José Iñigo Aguilar Medina


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  • La Festividad de la Santísima Trinidad y Jueves de Corpus Pueblo de Culhuacán, en la delegación Iztapalapa, hoy alcaldía de Izta

    Narciso Mario García Soto


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  • La Cuarta Transformación en el campo cultural: entre sueños y pesadillas

    Maya Lorena Pérez Ruiz


  • La perspectiva de género en el marco de la migración: actores en contienda

    Claudia Salinas Boldo, Pedro Antonio Be Ramírez


  • Ana Laura López, Amarela Varela Huerta, Mitzi Hernández Cruz


  • Migración y vejez: el caso de una monolingüe mixteca en la Ciudad de México

    Jourdain Israel Hernández Cruz


  • Quema de Judas, ritual carnavalesco, popular y satírico. El caso de la Quema de Judas en la calle República de Colombia, Centro

    Abraham Domínguez Madrigal


  • Por órdenes del señor amo, traigan ese torito: la danza de los nendro de San Marcos Tlazalpan, municipio de San Bartolo Morelos,

    Andrés Sandoval Forero Saúl Alejandro, García José Germán, Pérez


  • Disyuntivas y conflictos por el espacio público durante la visita del papa Francisco a San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

    Enriqueta Lerma Rodríguez


  • Benito y lo tradicional: valoración de los insumos químicos y la agricultura de milpa en procesos de reconfiguración

    José Manuel Oyola Ballesteros


  • Perspectivas

  • Etnografía marica. Una discusión sobre metodología y epistemología antropológica

    Francisco Hernández Galván


  • Reseñas

  • Reseña del libro Culhuacán: Luz de la memoria, de Ana María Luisa Velasco Lozano, María Elena Morales Anduaga y Mario García Sot

    José Iñigo Aguilar Medina


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  • Convocatoria para enviar trabajos a la revista Narrativas Antropológicas

    Revista de la Dirección de Etnología y Antropología Social del I


  • Convocatoria para enviar trabajos a la revista Narrativas Antropológicas: Número 4, dedicado al análisis de la pandemia COVID19

    Revista de la Dirección de Etnología y Antropología Social del I


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  2. Publicación No. 2
  3. Reseña del libro Culhuacán: Luz de la memoria, de Ana María Luisa Velasco Lozano, María Elena Morales Anduaga y Mario García Sot

Reseña del libro Culhuacán: Luz de la memoria, de Ana María Luisa Velasco Lozano, María Elena Morales Anduaga y Mario García Soto (México: INAH, 2014)

José Iñigo Aguilar Medina
Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH
inigoaguilarm@gmail.com

Fecha de recepción: 11 de abril de 2019
Fecha de aceptación: 20 de febrero de 2019

El libro se ocupa de algunos aspectos relevantes del patrimonio cultural de uno de los pueblos originarios de la Ciudad de México, Culhuacán, situado a los pies del cerro de la Estrella, en la alcaldía de Iztapalapa. Sus autores están adscritos a la Dirección de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia (DEAS-INAH) y han dedicado sus esfuerzos de investigación durante los últimos lustros a esta comunidad, que hunde sus orígenes en la lejanía del México prehispánico. Aunque el grueso del libro se decanta por la memoria gráfica, es importante señalar que la imagen y el texto se entretejen en sus once apartados, de tal manera que van descubriendo cómo su historia se refleja en la mirada antropológica de las fotografías seleccionadas, para mostrar los aspectos más relevantes de la memoria ritual de este pueblo, con la que sus habitantes han decidido seguir alimentándose, en pleno siglo XXI, en el transcurrir de su vida cotidiana y festiva.

El objetivo del libro es relatar cómo sus moradores ponen en práctica algunos de los ritos de su calendario festivo, siempre como ordenadores del caos, para con ellos hacer nuevo el sentido de formar parte de una comunidad. Traducidos en largo devenir como símbolos acordes tanto con su cosmogonía como con su cosmovisión y que soportan las particularidades de su identidad de pueblo originario, para, de igual manera, transmitirlos a sus nuevas generaciones.

El prólogo, la introducción y la nota histórica del libro son una invitación al lector para que se sitúe en el contexto en el que se llevó a cabo el estudio que tiene como fin ayudar a la adecuada protección y defensa del patrimonio cultural de la zona aledaña al cerro de la Estrella y que se relaciona con la historia, la arqueología, el territorio y la cultura que han hecho posible que los habitantes de Culhuacán, ahora que han perdido su entorno agrícola chinampero y se encuentran insertos plenamente en la vida de la urbe, continúen dando vida con ahínco a su identidad y a su ancestral patrimonio cultural.

Los siguientes apartados de la obra se ocupan, el cuarto, de la historia del asentamiento, y el quinto, de su patrimonio cultural, tanto el material como el espiritual; el primero se expresa en los vestigios arqueológicos, en sus templos coloniales y en su traza urbana, mientras que el segundo se basa en la religiosidad de sus pobladores, la que gira en torno al culto del Señor del Calvario, el cual se festeja tanto en la fiesta de la Santísima Trinidad como en la de Corpus Christi. El apartado seis se destina a la descripción de las fiestas enunciadas en las secciones anteriores, y el séptimo, a las once mayordomías que dan forma a los festejos. La octava parte da cuenta de los distintivos, “manditas”, que se entregan a los mayordomos como signos de su importancia y estatus; el siguiente título se destina a describir la comida festiva y las formas en que se organiza la población para prepararla y ofrecerla. Por último, se tiene la descripción de la elocuente exposición etnográfica realizada por los autores y el pueblo en el Museo Nacional de Antropología del INAH y el breve epílogo de la obra.

Señalaré, de manera muy general, algunas de las reflexiones que me ha provocado la obra y que expresan las dimensiones de su envergadura, y, por tanto, de su útil y necesaria lectura en la vida actual, ésa que siempre es para cada uno la reinante, sin importar la época en que viva o haya vivido quien la juzga, y la cual, puesto que la examina, entiende que ya no es igual a la de su antes, y así se da cuenta de que el cambio y el caos siempre están al asecho y a punto de dar término al gozo que significa estar vivo en el contexto en que se ha existido; que, por cierto, es el único —lo aseguramos siempre— que merece ser habitado. Por ello es que en esta vida presente se busca protección y cuidado de ese alguien que siempre, lo garantizamos, te espera y te recibe sin reclamos.

El caos, que pone en peligro el contexto actual de la vida y del universo, siempre ha estado presente en la lista de las grandes preocupaciones de los seres humanos. Para constatarlo basta con señalar que no hay sociedad sin cosmogonía y sin cosmovisión; es decir, que carezca de un modo de explicar el origen del mundo y sin que haya desarrollado una manera de verlo y de interpretarlo. Somos, por esencia, unos seres empedernidamente cosmogónicos y cosmovisionarios. Porque nuestra vida puede tener sentido si podemos explicar el origen de nuestro mundo, si tenemos un destino, construido desde una perspectiva que permita verlo y si sabemos cómo interpretar, traducir, en la vida de cada día, dicho sentido. De ello trata este libro: Culhuacán: Luz de la memoria.

Sus autores, a través de la exuberante imagen y del texto breve nos refieren algunos de los ritos ordenadores del caos, que en Culhuacán se ponen en juego de manera habitual e incesante, para renovar, hacer y presentar ofrendas de sentido a la comunidad, con los símbolos que dan cuenta de los cuándos de su cosmogonía y con los porqués de su cosmovisión, los que sustentan las singularidades de sus personalidades y de su identidad como colectivo.

La vida cotidiana de los habitantes de Culhuacán gira entorno a dos tiempos: el profano, del cual no se hace cargo la trama del texto que comentamos, y el sagrado, que se manifiesta en el poblado, con las características de la religiosidad popular, fervor que complementa la necesidad humana de contar con elementos que le den un profundo y pleno sentido simbólico, lleno de imágenes, a la vida que nace en cada alba y a la muerte que emerge en cada ocaso. Por este medio los autores alumbran una parte del calendario de las fiestas y de las celebraciones comunitarias que se encargan de romper con la rutina de la vida cotidiana para proporcionar un tiempo destinado a poner orden y a volver a llenar de motivos de trascendencia a la vida, a la comunidad, a la sociedad, al mundo y al universo. Periodo privilegiado que se utiliza para señalar que la vida vale la pena ser vivida, si se cumple con el sentido que los ritos celebrados les manifiestan. Revelación a la que sólo se accede, bien lo saben, por medio del ritual y del simbolismo que hacen realmente presente la trascendencia de la vida, a la que no es razonablemente posible alcanzar de otra manera.

La religiosidad popular, como podemos apreciar en el caso que se nos describe, está llena de simbolismo que habla al cuerpo, a la inteligencia, al corazón, al sentido comunitario, por la mediación simbólica de los ritos y de las imágenes, entre los cuales los autores nos descubren los siguientes:

Las portadas de flores, como parte de los umbrales que delimitan y acompañan a todo peregrino en su paso de los espacios profanos a los sagrados.

Las flores, que con sus colores y aromas les indican, a quienes concurren a las prácticas sagradas, los sitios a los que debe dirigir la vista y la atención, puesto que son las esferas en las que los misterios de lo sagrado se hacen asombrosamente presentes.

La misa, la celebración en la que se condensan los ritos de mayor importancia y que dividen los tiempos de la fiesta, entre los dedicados a la conmemoración de la divinidad y los dedicados a la solidaridad con la comunidad.

Los cirios y las velas, que arrojan luz sobre los misterios, acompañan a los caminantes en su búsqueda de lo sagrado e iluminan, en torno al altar, la fe de los creyentes, para que vean el camino del Señor o los inspire para acertar en las actividades que han de realizar una vez que han aceptado, con la vida, una mayordomía, por la cual han de servir a los intereses de trascendencia que ofrece la divinidad y que anhela la comunidad.

La música, que durante todos los días de la fiesta no acaba de clamar a los oídos de Dios y de los romeros, pues no hay fiesta sin canto, sin música; es la encargada de incitar a la divinidad a que dé respuesta a las súplicas de sus fieles y a la vez los congrega como comunidad, para que compartan las alegrías que les genera su protección y se expongan por medio del baile, ése que involucra también a los cuerpos, los gestos que la felicidad les produce por saberse cercanos y favorecidos por lo divino.

Los estandartes, que son los distintivos de cada una de las personas que, como mayordomos, se les ha otorgado alguna encomienda para dejar a su cuidado la realización de un aspecto de las celebraciones anuales.

Las salvas, que como con la música, sirven para notificar a la divinidad y a la comunidad que es el tiempo de la fiesta, de las rogaciones, de dotar de sentido a la vida, pero que también tienen el propósito de anunciar a las comunidades aledañas el importante acontecimiento y de convocarlas a sumarse a los festejos.

El castillo es el encargado de señalar el punto final de la fiesta; es el que hace presente el hecho de que la noche y el caos no dominan sobre la luz y el sentido de la vida a la que la divinidad los llama; es el goce estético con que culmina el simbolismo festivo de la religiosidad popular. Y al mismo tiempo los “toritos” les murmuran a los asistentes, con gran fuerza, que no es sencillo disfrutar de la estética siempre simbólica del castillo, así como no lo es el alcanzar en la vida cotidiana los valores y las acciones que franquean, en el ámbito de lo divino, el paso a la trascendencia.

La comida, por último, en especial los tamales y el mole, preparados y consumidos colectivamente, refuerzan los lazos sociales y hacen más fáciles la colaboración y la ayuda mutua, recrean, porque alimentan, a la comunidad.

El orden en el desarrollo del rito, además de que favorece el hacer presente lo que está más allá de lo tangible, constituye la forma de hacer vida de comunidad; por medio de los símbolos las personas se identifican como parte de un colectivo que sabe de dónde viene, sabe cuál es su origen y cuál es su destino. Por ello peregrinan cíclicamente para mantenerse fieles a su cometido.

Este libro nos recuerda —porque con acierto ilumina lo que no nos es inmediato— que las imágenes y los símbolos de la celebración, de la fiesta, además de que reflejan la búsqueda de protección y cuidado, es decir, de tener la certeza de que se está en buenas manos; de igual manera, resultan también decisivos en la configuración de una forma peculiar de vida, lo que la antropología llama identidad, de quienes habitan en el pueblo de Culhuacán.

Se agradece a los autores el trabajo realizado, el cual ha hecho posible esta hermenéutica que, desde la religiosidad popular, nos muestra lo inmediatamente ausente, según la lectura de los sencillos, que con sabiduría saben hacer a un lado los valores del fundamentalismo capitalista, con los que se quiere imponer al ídolo mercancía sobre la base del más feroz de los individualismos, para en cambio, darle sentido de trascendencia y de comunidad a la vida de cada día.

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Narrativas Antropológicas, primera época, año 6, número 12, julio-diciembre de 2025, es una publicación electrónica semestral editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Secretaría de Cultura, Córdoba 45, col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, www.revistadeas.inah.gob.mx. Editor responsable: Benigno Casas de la Torre. Reservas de derechos al uso exclusivo: 04-2019-121112490400-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la ultima actualización del número: Iñigo Aguilar Medina, Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, Av. San Jerónimo 880, col. San Jerónimo Lídice, alcaldía Magdalena Contreras, C.P. 10200, Ciudad de México; fecha de última actualización: 10 de julio de 2025.

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