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Las mujeres artistas del pueblo wixárika o huichol de México

The artist women of the Wixárika or Huichol people of Mexico

 

Marina Anguiano (†)
Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH/
marina_anguiano@hotmail.com

Claudia Hernández Ramírez
Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH/
claudia.e.hernandez.ramirez@gmail.com

 

Resumen:
El pueblo huichol o wixárika es uno de los 68 pueblos originarios que conforman la nación pluricultural denominada México. Diversos investigadores extranjeros y mexicanos han considerado a los huicholes o wixaritári
[1] un pueblo de artistas. Primero elaboraban objetos rituales y utilitarios de gran belleza plástica, los cuales, en los últimos 70 años, no han dejado de tener esas funciones. En la actualidad también han sufrido un proceso de comercialización. En este artículo presentaremos el papel de la mujer wixárika, quien plasma en textiles (bordados y tejidos), así como en joyería de chaquira, los principales símbolos, y personajes inspirados en mitos de su cosmovisión. Como una aportación a la investigación de la cultura huichol, su expresión ritual y artística, mostraremos algunos casos de mujeres wixaritári que son artistas y además son consideradas mujeres de conocimiento.

 

Abstract:
The Huichol or Wixárika people are one of the 68 original populations that make up the multicultural nation called Mexico. Various foreign and Mexican researchers have considered the Huichol or Wixaritári an artist society. At the beginning they made ritual and utilitarian objects of great plastic beauty, which during the last 70 years have not ceased to have these functions. However, currently they have also undergone a commercialization process. In this article we will present the role of the Wixárika woman, whom embroideries in textiles (embroidery and fabrics) and in beaded jewelry, the main symbols and characters inspired by myths of their worldview. To contribute with the investigation of the Huichol culture and its ritual and artistic expression, we will show some cases of Wixaritári women who are artists and are also considered women of knowledge.

Keywords: Wixárika art, Huichol artists, Huichol worldview, shamanism, women of knowledge.

Fecha de recepción: 05 de febrero de 2022
Fecha de aprobación: 20 de julio de 2023

 

Mtra. Marina Anguiano Fernández (1945-2023), in memoriam

El día 25 de mayo del 2023 perdimos a nuestra querida compañera, la maestra Marina Anguiano Fernández. Para el mundo de la antropología, y en particular para los integrantes de la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS), Marina era una antropóloga comprometida que, hasta el final de su vida, mantenía una gran vitalidad, tanto en su campo de investigación entre los huicholes como en sus actividades y participación dentro de su centro de trabajo.

La maestra Anguiano nació en la Ciudad de México en 1945. Cursó la carrera de Etnología y la maestría en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia del INAH. Además, su recorrido académico abarcó sus años de trabajo en la Universidad Pedagógica Nacional, su investigación en la Dirección General de Culturas Populares y, desde 1997, su permanente actividad como investigadora de la deas.

A lo largo de su trayectoria académica, Marina fue premiada con becas de estudio, ya fuera en México, España, Francia o Estados Unidos. En su país y en instituciones internacionales fue muy apreciada como docente y, de igual modo, contribuyó con numerosas participaciones en congresos académicos. En edición, formó parte de prestigiosas sociedades científicas, entre ellas la Academia Mexicana de Ciencias Antropológicas, la Sociedad Mexicana para el Estudio de las Religiones, la Academia Nacional de Historia y Geografía y el Ateneo Español de México.

A la década de 1970 se remonta su interés en la antropología visual, que se reflejó en la investigación y la elaboración de guiones de películas etnográficas, como Párkutiki: el cambio de varas huichol, de 1971; Semana Santa cora en Jesús María, de 1972; La muerte viva, de 1988; La danza de la Malinche, de 1981, y El Niñopa, de 1982. También podemos mencionar las tres ediciones (2004, 2006 y 2007) de Volar como pájaros: las fiestas del tambor y del elote entre los huicholes, además de que en 2017 fue directora de Xarikíxa: la fiesta del maíz tostado entre los huicholes. En estas producciones, Marina trabajó con cineastas, fotográficos y colegas investigadores, como Sergio Moreno, María Victoria Llamas, Ida Rodríguez, José Luis Malard, Guido Münch, Carlos Kleiman, Octavio Hernández y Gibrán Huerta. En fecha reciente, en 2023, disfrutamos de su presencia en la serie de conferencias y presentaciones “La Producción Audiovisual de la Dirección de Etnología y Antropología Social. 50 Aniversario”.

A lo largo de su trayectoria publicó 10 libros, el más reciente de ellos en 2018, y escribió más de 51 artículos académicos, 21 ensayos de difusión, y participó en múltiples exposiciones y entrevistas de radio y televisión. De estas últimas, puede oírse en Radio INAH: “Marina Anguiano: los Wixáritari” y en el canal de YouTube de la Coordinación Nacional de Antropología puede verse un recorrido de su exposición “Los juguetes de los Dioses”.

Como últimas palabras, debe decirse que la Mtra. Anguiano Fernández fue para todos una persona muy apreciada, tanto por su experiencia, compromiso y alto nivel académico como por su calidad humana y trato sencillo. Tal vez por esa misma razón logró establecer una larga colaboración desde 1968 con los huicholes del Occidente de México, a los quienes dedicó 55 años de investigación antropológica. Por ese legado estamos profundamente agradecidos.

Presentación del ensayo

En mayo del año 2023 nos despedimos de nuestra gran colega, la antropóloga Marina Anguiano Fernández. Aquí, la Revista Narrativas de la Dirección de Etnología y Antropología Social del inah presenta uno de sus últimos ensayos entregados antes de partir, un trabajo que se encontraba en proceso editorial cuando falleció. El estudio se denomina: “Las mujeres artistas del pueblo wixárika o huichol de México” y en él había colaborado también Claudia Hernández Ramírez. Es, por lo tanto, un privilegio tener la oportunidad de presentarlo a la opinión pública.

Claudia Hernández Ramírez, su coautora, es antropóloga social por la ENAH y cursó la maestría en el ciesas. Ella acompañó a la maestra Anguiano en el trabajo de campo, en la investigación del gabinete, en la elaboración de otras investigaciones y en exposiciones etnográficas-fotográficas. En realidad, ya desde los días en que estudiaba en la enah con Marina Anguiano había comenzado su colaboración conjunta en distintas fases profesionales. En la actualidad se halla en proceso de terminar su doctorado en antropología en el ciesas. Durante más de 10 años fue asistente de la maestra Anguiano, a quien ayudó en sus tareas académicas y de campo en el área huichol que, históricamente residen en los estados de Nayarit, Jalisco, Durango y Zacatecas. Acerca de sus años de colaboración con Marina ha escrito lo siguiente:

 

Durante 12 años realicé investigación al lado de Marina Anguiano en su proyecto intitulado: “La educación: factor fundamental en los procesos de cambio entre los huicholes”, inscrito en la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH. En ese caminar conjunto compartimos trabajo de campo en comunidades wixáritari del estado de Nayarit y en los principales lugares sagrados de Haramaratsié, San Blas, del estado de Nayarit, y en Wirikúta, Real de Catorce, San Luis Potosí. La relación académica y de amistad entrañable propició que su pasión antropológica e interés por el conocimiento de la cultura wixárika nos llevara a trabajar las temáticas de la ritualidad, las ceremonias agrícolas, el chamanismo, el arte sagrado, los mitos de origen, las deidades acuáticas y de la naturaleza, así como el papel de las mujeres en su vínculo con el conocimiento sagrado de la cosmovisión wixárika. Colaboré en el documental etnográfico: Xarikíxa: la fiesta del maíz tostado, filmado en lengua huichol, y en la curaduría de la exposición: “Los juguetes de los dioses: simbología y transformación del arte wixárika o huichol. Homenaje al mara’ akáme y artista Eligio Carrillo Vicente”. Los temas pendientes versan sobre las historias de vida de mujeres de conocimiento y su papel como chamanas; los mitos y las principales deidades acuáticas en la cultura wixárika y el arte sagrado (testimonio de Claudia Elizabeth Hernández Ramírez, 2023).

 

En el ensayo que se presenta, el lector encontrará una rica etnografía original a partir de su trabajo de campo, con un enfoque de género que destaca a las artistas huicholas y que a la postre contiene una nutrida revisión crítica en la que se incorporan tanto los testimonios como las otras fuentes académicas, lingüísticas, antropológicas e históricas. Esta concentración en la mujer huichola es una temática que la antropología mexicana ha explorado muy poco. Al dar voz a las mujeres wixaritári, las autoras destacan las complejas relaciones entre su producción cultural de textiles y sus creencias, mitología, cosmovisión y otras prácticas culturales. Dichas manifestaciones están representadas en su arte y también en sus procesos de adquisición del don y sus formas de pensar. Este corpus revela las enseñanzas primordiales de sus diosas, entre ellas “la bisabuela, diosa de la fertilidad y el crecimiento” y la diosa de la tierra y el maíz, y a las mujeres consideradas “las primeras tejedoras” de su pueblo. Además, en el texto pueden identificarse los significados de los lugares, colores, personajes y animales que acompañan a este patrimonio cultural. Además, las autoras describen las dimensiones chamanísticas de estas dinámicas bioculturales y el papel vital de estas mujeres en la reproducción y transmisión de su patrimonio cultural, que delinea un arte en constante proceso de reinvención y renovación. Por último, el trabajo nos ofrece un acercamiento a esos espacios íntimos de las mujeres artistas y sus formas de pensar, crear y estar en el mundo.[2]

Claudia Jean Harriss Clare
DEAS, INAH

 

Introducción

El pueblo huichol o wixárika es uno de los 68 pueblos originarios que conforman la nación pluricultural denominada México. Habitan en la parte occidental, de manera fundamental en los estados de Nayarit, Jalisco, Durango y Zacatecas, aunque debido a la migración podemos encontrar huicholes en todo el país.


Figura 1. Mapa de los asentamientos actuales del pueblo huichol. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Según la Encuesta Intercensal de 2015 del INEGI —organismo que se ocupa, entre otras tareas de censar a la población—, eran cerca de 52 500 huicholes. Este grupo étnico habla la lengua wixárika, la cual pertenece al grupo cora-chol de la familia lingüística yuto-nahua.

Por otro lado, el pueblo huichol se caracteriza por ser una de las pocas etnias de México que mantienen prácticas chamánicas que se han estudiado principalmente en los hombres wixaritári, y en cambio, en las mujeres ha sido poco visibilizado su papel como portadoras de conocimiento y prácticas rituales ligadas a dicho chamanismo. Consideramos que el chamanismo es un camino al mundo sagrado, con sus distintas fases de preparación: iniciación, aprendizaje y completud.[3]

Es un proceso de enseñanza que también se da en otros ámbitos de la vida; como el caso de las mujeres y las distintas técnicas artísticas que desarrollan en textil, bordado y adornos de chaquira. Por lo cual, mujeres y conocimiento se encuentran fuertemente ligados con la creación de representaciones iconográficas mediante trazos y formas que revisten a sus tejidos de gran belleza. Así como en el uso y combinación de colores primarios ligados a alguna deidad (rojo, azul, amarillo) y la representación de animales o personajes mitológicos que se plasman ya sea en hilos de estambre, algodón o chaquira.

 

Los mitos de origen del tejido entre los wixaritári o huicholes

Dicen que nuestra bisabuela Nakawé,
 picó cinco veces
 en el Centro de la tierra,
y que toda la semilla depositada en ella nació con
 beneplácito.
Dicen que Nuestra Madre Wíexu se posicionó del muestrario,
dejando a su paso el bordado y el tejido muy sagrados.
Dicen que los seres de entonces se denominan mayores.
Que hasta Weerika´iimari ofreció sus crías.
Dicen que el venado apoyándose en el maíz también
se ofreció a ser dibujado
Poeta huichol, Gabriel Pacheco, “Dicen/Waníu” .
[4]

Los wixaritári consideran que en los primeros tiempos del mundo existieron distintas deidades creadoras de la naturaleza, el universo, los lugares sagrados, el fuego, la caza, la agricultura y las diversas actividades que los humanos desempeñan en la vida ritual y cotidiana, como es el caso del tejido entre las mujeres.

Los símbolos plasmados en las figuras y diseños de los textiles están inspirados en un bagaje cultural de la vida ritual en la que destacan animales, plantas consideradas sagradas y fenómenos naturales relacionados con personajes mitológicos. Veamos a continuación varios mitos que hablan del origen de la actividad del tejido y el bordado wixárika.

La investigadora estadounidense Stacy Schaefer,[5] en su trabajo acerca de los textiles, recopiló un mito narrado por mujeres wixaritári, en el cual el personaje mitológico llamado Máxa Kwaxí o Maxakwaxí —Nuestro Bisabuelo Cola de Venado—, quien es considerado el primer mara´ákáme o chamán que teje la bolsa de tabaco sagrada llamada wainúri para el primer peregrinaje que los ancestros hicieron al lugar sagrado de Wirikúta —donde nació el Dios Sol y donde se da el peyote—; sin embargo, aunque los hombres hacen la bolsa para el tabaco, se considera que las mujeres han sido las primeras tejedoras con la ayuda de las diosas auxiliares: Takútsi Nakawé —Nuestra Bisabuela, diosa de la Fertilidad y el Crecimiento— y ‘Utianáka —Diosa de la Tierra y el Maíz— como sus principales maestras.[6]

El segundo mito que retomamos hace referencia a las principales diosas creadoras del tejido que forman parte sustancial de la cosmovisión huichola.

Los wixaritári consideran que en los primeros tiempos existió la diosa llamada Takútsi Nakawé, quien fue la primera en ir al lugar sagrado de Wirikúta. La diosa Nakawé tuvo una hija llamada Niwétsika —la Joven Diosa del Maíz—. Cuando la diosa Niwétsika desapareció, su madre, la diosa Takútsi Nakawé hizo un telar y mediante el tejido se comunicó con la Diosa Joven del Maíz. Fue entonces, que Nakawé y Wuáve —esposo de Niwétsika—, acudieron a Wirikúta para buscar a la diosa desaparecida.[7]


Figura 2. Cuadro de estambre que representa a la diosa Takútsi Nakawé del mara’akáme y artista Eligio Carrillo Vicente. Colonia Huanacaxtle, Tepic, Nayarit, 2011. Fotografía: Claudia Hernández.

Transcurrido dicho acontecimiento, otras diosas mujeres trataron de llegar al lugar sagrado de Wirikúta en distintas ocasiones, pero sus intentos fueron infructuosos. La primera diosa que intentó llegar al lugar sagrado fue Zitemai —Diosa de los Animales Silvestres y las Abejas— y la diosa Maiyeimári, quien no logró llegar a la entrada de Wirikúta y se convirtió en una montaña sagrada llamada Nakári. Otras tres diosas llamadas ‘Utianáka[8] —Diosa de la Tierra y del Maíz—, Yuawíme —una de las Cinco Muchachas Maíz, correspondiente al color azul— y Tsamainúri quisieron ir a Wirikúta, pero no sabían cómo llegar y con ese propósito, extendieron la urdimbre del telar y empezaron a tejer con la finalidad de encontrar el camino que las llevara al lugar sagrado de Wirikúta.


Figura 3. Vista panorámica del desierto en el lugar sagrado de Wirikúta, San Luis Potosí, 2012. Fotografía: Claudia Hernández.

Las tres diosas mencionadas empezaron a tejer en un lugar llamado Itsári Maiyéka, una montaña sagrada, a la cual llegó Kauyumárie[9] —Persona-Venado sagrado— para buscar a las diosas; pero no las encontró en el sitio, lo único que halló fue el telar colgando de un árbol. Kauyumárie continuó con la búsqueda y cerca de Wirikúta, en un lugar llamado Hazu Xetumaiyéma, estaban las tres diosas. Las mujeres no podían continuar el camino porque no sabían qué ofrendas tenían que dejar, ni en dónde ofrecerlas. Ellas le cantaron a Kauyumárie esa noche, le explicaron a qué habían ido, qué querían ver y qué querían conocer y le preguntaron qué necesitaban hacer para lograrlo.

Todas las mujeres estaban menstruando y Kauyumárie, convertido en mara´akáme, las revisó para ver si tenían vagina. Dijo que sus vaginas estaban creciendo. La mujer llamada Yuawíme no tenía vagina. Era estéril como una tierra infértil y por lo tanto no podía pasar a Wirikúta. Las otras dos mujeres, ‘Utianáka y Tsamainuri, fueron purificadas, se bañaron en el río en el camino a Wirikúta. El agua se volvió roja, debido a su sangre, y todavía a la fecha mantiene el color rojizo. Una vez purificadas, entran a Wirikúta con Kauyumárie, en donde encontraron peyote (cactácea sagrada)[10] y parte de él lo llevaron a la Sierra para distribuirlo entre los miembros del templo para que aprendieran de él. A partir de aquel momento las ceremonias empezaron a practicarse como deben de ser ejecutadas. Antes de ese acontecimiento, las mujeres no sabían tejer; pero desde ese momento aprendieron, por esta razón la bolsa de tabaco llamada wainúri debe fabricarse, porque sirve de guía a los peregrinos para encontrar el camino a Wirikúta.[11]

En un tercer mito, la diosa Tsiníma o Tsinawíme[12] —una de las Cinco Muchachas Maíz de Color Pinto o “Moteado”—, es la primera mujer que no sabía tejer, bordar o dibujar, por lo que su padre le dijo que había llegado el tiempo de salir a buscar a una serpiente llamada Simalakoa[13] para que le enseñara a tejer.

El padre y Tsiníma acuden al monte para buscar a la serpiente Simalakoa, también llamada Wíexu, y una vez capturada e inmovilizada, el padre coge a la víbora con las manos y habla de la siguiente manera:

 

—Te paso a Simalakoa por la cintura para que te enseñes a tejer fajas; te la paso por el cuello para que hagas las cintas de los morrales; te paso por las caderas para que hagas juiwamete (las bolsitas que usan como adornos sobre la faja); te la paso por las muñecas para que hagas pulseras; te las paso por los dedos para que hagas anillos y te la paso por la cabeza para hagas kushira (la cinta delgada de la cabeza). Ahora, ve bien las grecas pintadas en el cuerpo de Wíexu, pues ellas te enseñarán a bordar todas las grecas de los tejidos.

[...] esa misma noche se le representan en sueños las grecas que vio y oye la voz de la serpiente:

—Tu padre debe hacer dos telares de madera de Brasil [...] con todo eso aprenderás a tejer.

A los cinco días, teñidos los hilos de azul (yoakatzi), ella se sienta frente al telar clavado en el suelo y se pregunta:

—¿Qué greca elegiré de todas las que vi en el cuerpo de Simalakoa? ¿Principiaré por la cabeza o principiaré por la cola? —Luego de pensarlo bien, decide comenzar por la cabeza; y sin comer, porque la muchacha debe ayunar diez días para alcanzar la vida de la enseñanza, cuenta los hilos, hace la primera greca y al día siguiente hace la segunda hasta completar cinco grecas. Todas las noches la serpiente le aconseja en sueños la manera de tejer, y cuando ya tiene una cinta delgada —la que también nos sirve de pulsera—, Simalakoa le recomienda:

—Esa cinta es mía. No la vayas a regalar.

Entonces su padre busca a la serpiente, le ata en el cuello la cinta y la muchacha le dice:

—Muchas gracias, Simalakoa. Muchas gracias por haberme enseñado a tejer.[14]

 

En la época contemporánea el mara´akáme huichol Francisco Carrillo —Muwieritémay— menciona al respecto el origen del bordado entre los wixaritári de la manera siguiente:

 

Al principio de los tiempos los dioses, jugando ponían el ejemplo de los trabajos o cosas que tenían que hacer para sobrevivir, pero era sólo simulacro porque ellos ya lo sabían todo, cómo deberían de formarse y así evolucionar en el futuro.

Por ejemplo, Wíexu, serpiente llamada boa, nació así con diseños muy bonitos y vistosos. Si cualquier ser humano la aprecia no se da cuenta de su belleza, pero cuando las personas le piden su favor, mágicamente se muestra así, para que la persona que pidió ese poder se apresure a diseñar las figuras y colores, poniendo un poco de su inventiva, puesto que ya tiene ese don para crear y diseñar.[15]


Figura 4. Kutsiúri o morral elaborado en telar de cintura con lanas naturales de borrego con motivos de serpientes y grecas que representan al símbolo del agua. Artista: Anónima de San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1960. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Así como los personajes mitológicos aprenden a tejer, también las mujeres wixaritári

Los mitos narrados por los wixaritári son un claro ejemplo de la unión entre los seres humanos, la naturaleza y las deidades como parte de un mismo orden que reviste de complejidad del pensamiento y las acciones que hombres y mujeres realizan tanto en la vida ritual como en la vida cotidiana. En este sentido, la enseñanza del tejido puede considerarse como un regalo que los dioses y diosas otorgaron a los humanos y específicamente a las mujeres. Como todo regalo otorgado por los dioses requiere de una preparación desde edades tempranas, por lo cual las mujeres en sus diferentes etapas de vida van adquiriendo las habilidades necesarias para perfeccionar su destreza en el tejido y la complejidad de sus diseños representados en las creaciones textiles.

Ya vimos en el tercer mito cómo la diosa Tsiníma aprendió a tejer con la ayuda de la serpiente, de la misma manera las mujeres wixaritári aprenden gracias Wíexu, una víbora sagrada que es utilizada para trasmitirle el conocimiento y habilidades que la joven pondrá en práctica en el bordado, el tejido y la confección de adornos en chaquira.

En la actualidad tanto las creencias como los rituales ligados a los animales compañeros y, en concreto a la boa o Wíexu han ido desapareciendo; sin embargo, se siguen dando en las comunidades más apartadas. Como es el caso de ‘Uxáma, quien es mujer de conocimiento, perteneciente a una comunidad wixárika del estado de Nayarit y que en su experiencia con el animal compañero sagrado de las tejedoras y bordadoras, narra lo siguiente:

 

Yo me acuerdo que Wíexu estaba en el techo de la casa de mi abuela y mi abuela dijo: —Hay que curar a las niñas—. La agarraron de la cabeza y la cola y la pasaron por diversas partes del cuerpo de las tres niñas que estábamos ahí. Mi tío Miguel nos hizo la oración, junto con mi abuela. Y finalmente se le soltó y dejó ir con agradecimiento. Mi abuela dijo así: —Porque no es casualidad que Wíexu haya aparecido así en la casa—. Nos curaron para poder bordar y entender el mensaje. Le tienen gran respeto a Wiéxu. En general quienes hacen el ritual son los abuelos y el mara’akáme a las niñas de corta edad.[16]

 

Es así como animales de profunda carga mitológica acompañan a las mujeres en el aprendizaje de las creaciones artísticas en forma de textiles y objetos de chaquira.

De la misma forma que Takútsi Nakawé se comunica mediante el telar con otras diosas, las mujeres se conectan a través del telar con el mundo sagrado y se comunican con sus principales deidades, ya sea representándolas en iconografías, trazos y colores, así como realizando ofrendas y peticiones explícitas para lograr adquirir mayor conocimiento para su creación artística. Dado que se trata de un entrenamiento que comienza en los primeros años, en el siguiente apartado se hablará de los principales momentos que marcan las etapas de formación de una mujer wixárika en su enseñanza en las diversas técnicas del bordado, tejido y elaboración de adornos de chaquira.

El camino inicial de las mujeres en las creaciones artísticas

Para la mayor parte de las niñas, la norma es dominar tres técnicas: bordado, trabajo en chaquira y tejido. Durante un periodo de cinco años se adquiere la maestría en estas ramas del arte, precisamente en ese orden, debido a que cada vez se requieren habilidades más complejas. Sin embargo, por su importancia ritual y artística, trataremos en primer lugar el proceso de aprendizaje en las técnicas del tejido y el bordado y la manera en cómo se relaciona con las etapas de vida de la mujer wixárika.


Figura 5. Mujer y joven aprendiendo a bordar en Guadalupe Ocotán, municipio de La Yesca, Nayarit, años 2000. Fotografía: Marina Anguiano.

En segundo lugar, revisaremos las similitudes que encontramos entre la concepción de la vida sagrada en el chamanismo con la preparación de la tejedora y bordadora como un camino paralelo para adentrarse al conocimiento del mundo sagrado. Por último, los principales elementos de la iconografía huichol tanto en textiles como en chaquira como otra técnica artística presente entre los wixaritári.

El camino de las tejedoras y bordadoras

Las niñas wixaritári comienzan su entrenamiento como tejedoras alrededor de los seis años. Aprenden, primero a través de la observación y después mediante la práctica. Varios son los instrumentos que utiliza la tejedora: el huso con el malacate para hilar y el telar de cintura, llamado en huichol itsári. El telar es de origen prehispánico y construido por las mujeres, por sus padres o por los maridos con varas y trozos de madera. La lanzadera, denominada en huichol ‘uparau, está hecha de palo de Brasil. Su función es ir apretando el tejido dentro del telar. Uno de los extremos del telar se amarra a un árbol o a un palo y la tejedora ata el otro extremo a su faja. De ahí el nombre de telar de cintura.

El tamaño del telar depende de lo que se va a tejer. Los materiales empleados en la actualidad pueden ser: algodón, lana o estambres de colores. Para la técnica del bordado se utiliza una manta llamada de cuarta, es decir, un tejido entreabierto que permite a las mujeres bordar con mayor facilidad. Así como distintos tipos de hilo para bordar entre los que destacaba la marca El Ancla, elaborados en Inglaterra y actualmente manufacturados en el país.[17]

Los primeros investigadores que escribieron sobre los wixaritári, entre ellos Lumholtz[18] y Zingg,[19] afirman que los colores que usaban en sus tejidos eran el blanco, negro y café oscuro, es decir, los colores naturales de la lana. Al introducir estambres comerciales, la paleta cambió y empezaron a utilizar colores vívidos, en una variedad de combinaciones. Pueden alternar entre el rosa, el rojo o el anaranjado, o con los colores primarios contrastantes, como el rojo brillante, el azul y el amarillo.


Figura 6. Kutsiúri o morral elaborado en telar de cintura con lanas naturales de borrego con borlas y cenefa de estambre de color rojo. El investigador Carl Lumholtz denomina a estos motivos como “redecillas” por representar a la estructura del segundo estómago de un rumiante. Este diseño huichol es considerado como el más antiguo.[20] Artista: Anónima de San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1960. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Hay muchos caminos a seguir para una niña o una mujer para convertirse en una artista con maestría. Puede ofrecer una promesa a un dios en particular; hacer un pacto con una planta o un animal compañero o protector, o escuchar sólo sus sueños, tener visiones al ingerir peyote (cactus alucinógeno) o hacer caso a su propia intuición.[21]

En la cultura huichol existe el concepto denominado “estar completo” o “completarse”. Se emplea para definir a un chamán que ya ha pasado todas las etapas del entrenamiento, sacrificios personales y rituales. Además de poder curar, ya puede cantar en las ceremonias los diferentes cantos rituales. En el caso de las mujeres, ocurre algo muy similar: cuando una joven quiere “completarse” en las artes textiles, se convierte en iniciada, similar a la iniciación chamánica. De esta manera, el camino religioso que emprende tiene muchas similitudes al camino chamánico que siguen, en general los hombres, pero también algunas mujeres. El entrenamiento de ambos tiene una duración de cinco años.[22]

La investigadora Schafer comenta que su informante y maestra de tejido le contó que, cuando se “completó”, tuvo que llevar ejemplos de sus bordados, tejidos y trabajos en chaquira y ofrecerlos a una deidad en especial, junto con una jícara votiva hecha por ella, una vela y una flecha elaborada por su padre. Cada año que duró el aprendizaje, tuvo que elaborar y bordar una blusa, una falda y un morral para el dios que le estaba enseñando el oficio. El quinto y último año confeccionó y bordó varios trajes en miniatura para vestir a los dioses mediante los cuales se “estaba completando”[23].


Figura 7. Diversas ofrendas en la playa, entre las que destaca una falda bordada. Lugar sagrado, morada de la diosa Tatéi Haramára. Costa de San Blas, Nayarit, 2011. Fotografía: Marina Anguiano.

En ese sentido, las mujeres comienzan su camino en la enseñanza del tejido y el bordado al igual que un chamán y el rito de iniciación entre las jóvenes comienza y se describe de la siguiente manera:

 

La iniciación de las bordadoras comienza con ayuno de cinco días. La mujer se priva de sal, hace sólo una comida en la tarde y debe abstenerse de toda relación amorosa. Al quinto día, el padre o la madre toman una boa pequeña y la pasan por la espalda, el pecho y los brazos de la futura bordadora. Después cortan un pedazo de la cola y untan dos mejillas con la sangre. La joven guarda en su costurero — zamuri— la cola y durante cinco años no puede casarse pues de lo contrario se enfermará de la vista. Cada año debe cazar una boa y cortarle un pedazo de cola. Al quinto le atan a una serpiente de la misma especie una bolsa con una jícara donde se ha dibujado la figura de la mujer y en el centro una cuenta que representa su cara. En todo el tiempo de la iniciación la muchacha no cesa de pedirle que le enseñe a bordar.

Los padres de la niña que inicia su aprendizaje, o un padrino, toman una víbora y se la pasan por las mejillas, dejándole dos manchas azules. Al final de los cinco años amarran a una víbora la pequeña tela que ha bordado la muchacha.[24]

 

Las muchachas aprendices del tejido, por indicación de su familia, buscan que las deidades las guíen, en especial cuando duermen; es decir, los dioses les enseñarán a través de los sueños. Al día siguiente plasman los motivos con ayuda de su telar.

Animales compañeros de las bordadoras y tejedoras

Así como los chamanes buscan a un animal compañero, mientras dura su aprendizaje, las chicas que se inician en las artes textiles también lo hacen. Estos animales pueden ser serpientes de diversos tipos, pero de manera primordial: la boa, llamada en huichol wíex; lagartos o lagartijas, como un lagarto venenoso llamado monstruo de Gila, un lagarto cornudo, denominado teka. Respecto a este hecho, el investigador noruego Carl Lumholtz, quien trabajara entre los huicholes a comienzos de siglo XX, describe tal costumbre de la siguiente manera:

 

Cuando una huichola quiere tejer o bordar algo, su marido le coge una gran culebra, la sujeta por el cuello con un palo hendido, y la alza en alto, mientras la mujer golpea, de arriba abajo, toda la espalda del reptil con una mano que luego se pasa sobre la cara y los ojos a efecto de adquirir aptitud para hacer un bonito dechado.[25]

 

La investigadora Schaefer, en 1990, nos da a conocer la experiencia con la serpiente wíexu que tuvo su informante y comadre ‘Utsima: ella dice que las tres primeras veces que su padre cazó este tipo de serpiente, colocó la cola del animal vivo en la pretina de su falda y la sostuvo cerca de la cabeza de la tejedora; ella contó las líneas de los diseños de la parte trasera de la víbora, como si contara hilos; de inmediato tejió estos diseños. Más tarde, su padre cortó la punta de la cola del animal y se la dio a su hija como un objeto de poder que la ayudaría en su trabajo.[26]

Eger Valadez puntualiza el por qué la tejedora o su familia escogen a la víbora wíexu. Además de ser su animal protector, se convierte para la aprendiz en un sujeto inspirador en cuanto a bellos diseños. Estas son sus palabras: “Si quieres aprender nuevos motivos debes cazarla y tenerla junto a ti, donde está tu telar. Vas a aprender diseños, ya que cada minuto aparecen nuevos motivos y formas en su espalda. Pero le debes pedir permiso antes”.[27]

Vestimenta de mujeres y hombres

Tanto la vestimenta femenina como la masculina, todavía en la década de 1960 era de manta bordada en punto de cruz. Las mujeres usaban una blusa corta a juego con una falda a media pierna; encima de la blusa portaban una especie de capa o quechquémitl, que también empleaban para cubrirse la cabeza del sol y el frío. Los hombres llevaban un pantalón y una camisa larga que sostenían sobre la camisa con varias fajas de diferente grosor. Se dice que el signo de masculinidad era la tuwáxa, un paño bordado, rematado por fieltro rojo. Portaban sombrero de paja adornado con semillas, recortes de franela o adornos de chaquira.

Nos permitimos hacer la comparación entre los atuendos huicholes que conocimos hace más de 50 años y los códices o libros de la época prehispánica y colonial. Los textiles decorados mediante el bordado o los objetos tejidos, constituían verdaderos códices movibles, en los que representaban los huicholes su compleja cosmovisión.


Figura 8. El mara’akáme y artista Eligio Carrillo Vicente con su esposa Jacinta Reza Ríos, usando la vestimenta tradicional wixárika para dejar las ofrendas en el sitio sagrado de Haramaratsié. Costa de San Blas, Nayarit, 2011. Fotografía: Claudia Hernández.

En la actualidad, mujeres y hombres utilizan estas prendas bordadas sólo durante las ceremonias. En la vida cotidiana, las mujeres compran telas estampadas de brillantes colores, con las que confeccionan su atuendo siguiendo el mismo modelo que antaño. Los hombres visten como cualquier campesino de la región: de mezclilla, o pantalón delgado comprado en las tiendas locales, camiseta de algodón y un paliacate.

Las prendas que se realizan mediante el tejido son: fajas de diferente grosor, cintas para la cabeza y morrales de diversos tamaños que portan tanto mujeres como hombres.


Figura 9. Hiayáme o faja confeccionada en telar de cintura con lanas naturales de borrego. En esta pieza destaca el símbolo del peyote o híkuri, que se plasma de manera consecutiva y armónica. Artista: Anónima de San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1960. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Objetos de chaquira

Desde que Lumholtz estudió, al inicio del siglo xx, el arte y la cultura huichol, ya encontró adornos o joyería elaborados a base de cuentas de vidrio que en México llamamos chaquira[28] y que los huicholes denominan con el nombre de kúka. En ese entonces, el origen de este material usado para crear adornos era checoslovaco. En la actualidad es de plástico y es manufacturado en Japón. Con las cuentas se elaboran collares, pulseras, aretes, anillos, bandas para adornar los sombreros, cinturones y, en la actualidad, un sinnúmero de objetos de adorno hechos de madera, que compran los huicholes ya hechos y decoran con chaquira. A esta nueva modalidad le dan el nombre de “enchaquirado”.


Figura 10. Kúka tiwame, collar de chaquira confeccionado a base de una faja tejida en telar de cintura con estambres industriales de color azul y naranja. El cuerpo del textil tiene la representación denominada eslabón, instrumento para hacer fuego (Lumholtz, 1986: 348-350). En la parte inferior del collar tiene incorporadas diversas piezas de chaquira en distintos colores en forma de pulseras y aretes. Artista: Familia del mara´ákáme Nicolás, más conocido como “Colás” Carrillo , San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1960. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.


Figura 11. Jacinta Reza Ríos, proveniente de una familia de mara´akáte o chamanes, mostrando la joyería de chaquira que realiza para la comercialización, en esa ocasión en el patio de su casa en la colonia Huanacaxtle, Tepic, Nayarit, 2011. Fotografía: Claudia Hernández.

La elaboración de los adornos y joyería de chaquira, como ya expresamos antes, se equipara al tejido y al bordado. Las pulseras de hace 50 años todavía se hacían en una especie de bastidor, similar al telar de cintura, pero muy pequeño. Esta técnica no ha desaparecido, pero es escasa. Con la chaquira los huicholes crean una de las artes de mayor colorido y belleza. Los colores preferidos son los mismos ya señalados para los estambres de los tejidos y los hilos de los bordados.

La técnica que más demanda ha tenido por parte de los mestizos es la de los trabajos de chaquira. En los alrededores de la capital del estado de Nayarit, Tepic, existen numerosos poblados y colonias que viven de la elaboración y venta de adornos de chaquira.

 

Iconografía de los textiles y los adornos de chaquira

La iconografía de los textiles (tejidos y bordados) como de los adornos de chaquira es muy rica y variada. Primero nos referiremos a los animales, los cuales en su mayoría son considerados como sagrados:

Las serpientes de diferentes especies, mencionaremos sólo tres por su connotación ritual: wíexu, que hemos mencionado ampliamente; la víbora de cascabel o xáye, que pertenece al dios del Fuego, y la llamada háiku, asociada a la Diosa del Maíz Azul. Respecto de las serpientes, Carl Lumholtz afirma los siguiente: “Cualquiera que sea el diseño aplicado en una faja, siempre se interpretará como representación de las marcas dorsales de una piel de serpiente, y a la faja misma como una víbora. También las pulseras y las cintas para el pelo se consideran serpientes”.[29]

En la cosmovisión huichol, el venado es el animal totémico por excelencia. Se le designa con términos de parentesco, entre ellos, Bisabuelo Cola de Venado, Hermano Mayor Cola de Venado. No olvidemos que para los wixaritári existen venados de cinco colores, asociados a los puntos cardinales. Todos ellos se plasman en las artes de las que nos ocupamos.


Figura 12. Xikúri o especie de quechquémitl, elaborado con manta y bordado de punto de cruz. En la cenefa primera superior se pueden observar mariposas que finalizan con una flor de tutú. En la cenefa inferior están bordadas grecas azules que representan al agua y arriba de ella varios venados y dos pequeñas mariposas. Artista: Desconocida. Creado en los años 2000. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Un animal de suma importancia es el águila, la cual representan con una cabeza o con dos. Otras aves mostradas en las artes son: el pavo, la urraca, el colibrí, la paloma y diversos pájaros locales. Otro tipo de animales: la mariposa, la ardilla, el perro, el caballo, el sapo, la rana, el alacrán, el cangrejo de agua dulce y el camarón.


Figura 13. Mujer bordadora mostrando su trabajo con la representación de varias flores de tutú y el águila bicéfala sagrada en Guadalupe Ocotán, municipio de La Yesca, Nayarit, 2008. Fotografía: Marina Anguiano.


Figura 14. Kutsiúri o morral elaborado con tela de cuadrillé y bordado con hilaza de colores con motivos que según Carl Lumholtz son denominados como ranas, animales sagrados vinculados con la lluvia (Lumholtz, 1986: 365). Artista: Anónima de San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1970. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

En lo que respecta a las plantas, se representan —entre ellas— el peyote, por su carácter sagrado es representado profusamente, así como sus diferentes etapas de crecimiento; el maíz, la gramínea más importante para los pueblos de México, ya sea como planta madura, como en crecimiento; la calabaza, que junto con el maíz y el frijol constituyen la trilogía alimentaria del pueblo huichol, también la dibujan madura o en crecimiento; pero el símbolo más utilizado es la flor de tutú, la cual es una flor blanca que crece en la temporada de lluvias y simboliza a la lluvia y al maíz. La flor en sí se usa como adorno. Algunas mujeres durante las fiestas pegan la corola sobre sus mejillas o las de sus hijos. En los tejidos y bordados esta flor puede diseñarse de cuatro, cinco u ocho pétalos. La palabra tutú también es usada de manera metafórica para referirse al peyote o híkuri.


Foto 15. Kutsiúri o morral en el cual se combinan dos técnicas: el cuerpo está elaborado con tela de cuadrillé y bordado en punto de cruz con hilaza de colores, mientras que el cordel fue hecho en telar de cintura a base de estambres industriales de diversos colores. El motivo confeccionado es la flor de tutú en diferentes colores. Artista: Anónima de San Andrés Cohamiata, Jalisco. Década 1970. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Entre los elementos del clima y el medio ambiente que son importantes para el cultivo, muchos de ellos son considerados deidades: El Dios Sol, El Dios Viento, las nubes, la lluvia y el rayo. Otros íconos representan diversos objetos rituales, asociados a las diversas deidades: jícaras; flechas votivas; velas; el bastón de la Abuela Crecimiento; el doble bule para el agua, el que simboliza la lluvia. Por último, el que se conoce popularmente con el nombre de “ojo de dios”, cuyo nombre en huichol es tsik+ri. Se trata de un quincunce, que contiene los cuatro puntos cardinales y el centro.


Figura 16. Kutsiúri o morral que combina dos técnicas: el cuerpo está elaborado con tela de cuadrillé y bordado en punto de cruz con hilaza de color negro y el cordel confeccionado en telar de cintura a base de estambres industriales de color blanco y negro. El motivo que se repite es el tsikɨri u ojo de dios. Artista: Emilia Ríos Medrano, hija del conocido mara’akáme José Ríos —Matsiwa—. El Colorín Viejo, Tepic, Nayarit, 2015. Colección: Marina Anguiano. Fotografía: Enrique Martínez y Miguel Sabido.

Los diseños huicholes son un medio de comunicación simbólico, cargado de significados. La investigadora Schaefer considera que los diseños textiles: “Funcionan como repositorios de información enciclopédica y que el conocimiento y continuidad de su existencia recae en estas especialistas religiosas”.[30]

Cabe mencionar que a lo largo del tiempo muchos de estos símbolos se han ido simplificando, se han convertido en íconos abstractos que sólo son reconocidos por las artistas o los grandes conocedores de la cultura huichol.

Conclusiones

Los trabajos textiles de las mujeres wixaritári son producto de una gran creatividad y constituyen una aportación a las culturas de América y del mundo en general.

Existe un balance entre hombres y mujeres, ya que ambos cuentan con caminos paralelos e importantes para conectarse con lo sagrado: chamanes y tejedoras.

La complicada y profunda cosmovisión de este pueblo se ve plasmada en las artes textiles, lo mismo que el respeto y veneración que tienen por la naturaleza, como lo hacen los diversos pueblos originarios del mundo.

Gran parte de los mitos y rituales ligados a las creaciones textiles de las mujeres fomentan la trasmisión de un conocimiento sagrado a las nuevas generaciones. Y se trata de un arte en constante reinvención y creación que se adapta al mundo contemporáneo, conservando los símbolos más importantes de su cosmovisión.

El arte textil se ha valorado, en primer lugar, por extranjeros que desde principios del siglo xx, lo han recolectado para llevarlo a diversos museos del mundo y darlo a conocer.

Ciudad de México a 31 de enero de 2022

 

[1] Los huicholes se designan a sí mismos con el vocablo wixárika, en singular, y wixaritári, en plural.
[2] Para conocer más su trabajo entre los huicholes, véase la entrevista con Marina Anguiano Fernández en Radio INAH: “Las manos de dios. Mujeres artistas huicholas”, acceso el 23 de octubre de 2023, https://www.youtube.com/watch?v=qe4cpmvopn8.
[3] Concepto wixárika, que será explicado en un apartado del texto; se refiere al grado máximo de especialización en una técnica o enseñanza aprendida.
[4] Gabriel ‘Iritemai Pacheco, Ke temiteukunierika. Los dones de Wíexu, (México: Escritores en Lenguas Indígenas / Secretaría Desarrollo Social, Narrativa, versión bilingüe huichol-español, 2007), 27.
[5] Stacy B. Schaefer, “Becoming a weaver: The woman’s path in Huichol culture” (disertación doctoral, University of California, Los Ángeles, 1990). La investigación fue una tesis de doctorado sobre los textiles wixaritári, la iconografía representada en los tejidos, así como la mitología y el camino que siguen las mujeres tejedoras en su formación y aprendizaje de las técnicas del tejido. A partir de historias de vida de mujeres huicholas, se analiza la trayectoria de las tejedoras como un camino por el cual se vinculan con el mundo sagrado y ritual de su cultura.
[6] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 270-271.
[7] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 268. De acuerdo con Schaefer, Niwétsika es la Diosa Joven del Maíz.
[8] ‘Utianáka. Diosa de la Tierra y del Maíz, adopta la forma del pescado del bagre como una de sus expresiones más comunes entre los wixaritári. También es considerada como la primera mujer antepasada que les enseñó a los wixaritári a pintar y a formar las figuras en las jícaras para ser ofrendadas a las deidades. Habita en un lugar llamado ‘Utianakáta.
[9] Kauyumárie o Tamátsi Kauyumárie es un héroe cultural del pueblo wixárika, el cual es representado por un venado que funge como auxiliar de los mara’akáte o chamanes en la curación, durante la caza del peyote y en las ceremonias.
[10] El peyote es una biznaga pequeña de la familia de las cactáceas, semienterrada en el desierto; Lophophora williamsii es el nombre científico; el nombre huichol es híkuri. Tiene efectos alucinógenos y, en pequeñas dosis, evita la fatiga. Tiene propiedades curativas para las enfermedades de origen sobrenatural y las físicas. Es decir, es na “planta de poder”.
[11] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 268-270.
[12] Se trata de una Mujer Maíz del color denominado como “pinto”, se encuentra asociada al punto cardinal del centro y es una de las Cinco Muchachas Maíz, advocación de la diosa Niwétsika.
[13] Nombre local adjudicado a una serpiente de la región de Jalisco.
[14] Fernando Benítez, Los indios de México, vol. 2 (México: Era, 1971), 459-460.
[15] Conversación telefónica en el mes de marzo de 2020.
[16] ‘Uxáma Angelina Carrillo Muñoz. Entrevista telefónica en el mes de marzo de 2020.
[17] Salomón Nahmad Sitton, “Artesanías coras y huicholes”, en Mitos y arte huicholes, Peter T. Furst y Salomón Nahmad (México: sep, 172, col. sep-Setentas, 50, 1972), 148-149.
[18] Carl Lumholtz, El arte simbólico y decorativo de los huicholes (México: INI, serie Artes y Tradiciones Populares, 3, 1986).
[19] Robert M. Zingg, Los huicholes. Una tribu de artistas, t. ii (México: INI, Clásicos de la Antropología, 12, 1982).
[20] Lumholtz, El arte simbólico..., 358.
[21] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 133.
[22] El número cinco tiene gran importancia entre los huicholes. Cinco son los lugares sagrados, los cuales corresponden a los cuatro puntos cardinales y el centro. Según la cosmogonía wixárika, existen maíz, peyotes y venados de cinco colores. Al niño huichol a los cinco días de nacido, el chamán o su abuelo, le asignan su nombre wixárika. Todo infante de 0 a 5 años de edad debe participar en la Ceremonia del Tambor, con diferentes fines: preservar su salud, realizar un viaje mitológico a la tierra del peyote, mediante el cual conocerá la geografía huichol de la cosmovisión wixárika; es decir, también es una ceremonia educativa, el niño “aprende a ser huichol”.
[23] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 122.
[24] Nahmad, “Artesanías coras...”, 145-146.
[25] Carl Lumholtz, El México desconocido, vol. ii (México: ini, Clásicos de la Antropología, 11, 1981[1904]), 232.
[26] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 130.
[27] Eger Valadez, “Mirrors of The Gods: The Huichol Shaman’s Path of The Completion”, Shaman’s Drum: A Journal of Experimental Shamanism, vol. 6 (1986), 29-39.
[28] Lumholtz, El México desconocido, vol. ii, 76 y 211.
[29] Lumholtz, El arte simbólico..., 394.
[30] Schaefer, “Becoming a weaver...”, 253.

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